'Farsante', una historia 'queer' en la Falange que la ultraderecha quiere borrar y la izquierda no quiere leer
La periodista y escritora Andrea Momoitio (Ortuella, 1989). Se ha atrevido a contar en su último libro, 'Farsante. Una historia queer en la Falange'. Es una historia que no queda bien dentro de un partido de ultraderecha y que el movimiento queer o feminista tampoco abraza. Se trata de la vida de Margarita Beese, una figura vinculada a la Sección Femenina que desafió las normas de su tiempo y terminó siendo silenciada tanto por su entorno como por el propio régimen al que apoyó, después de que decidiera ir al Registro Civil de su Santa Cruz de Tenerife natal para convertirse en Juan Carlos.
“Margarita no es solo una militante falangista más, sino que participa en la creación del partido, forma parte del partido desde diferentes estructuras y hace enlace entre la Sección Femenina y el sindicato vertical. Todo cambia cuando en enero de 1939 llega el registro civil de su ciudad vestida de hombre, dice que se llama Juan Carlos y que no había sido inscrita al nacer. Este gesto le llevó a ser juzgada y encarcelada por falsedad documental”, explica Momoitio durante la presentación del libro en el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos (Gogora) de Bilbao.
La historia de Margarita llegó a Momoitio de la mano de la investigadora canaria Yanira Hermida, que escribió una ponencia sobre este caso titulada 'La historia de un hombre trans en la prisión de mujeres de Santa Cruz de Tenerife'. “Me interesó muchísimo y decidí escribirle. Ella me entregó todo lo que tenía y me confesó que no se sentía cómoda investigando más sobre una persona de la Falange. A mí eso me enganchó y me pareció una historia fascinante, aunque no he llegado todo lo lejos que me hubiera gustado”, confiesa la autora.
Con la intención de desengranar lo que escondía la vida de la protagonista, Momoitio viajó a Santa Cruz de Tenerife, a la casa de la familia de Margarita. Allí se encontró con la finca de su padre, al que aún llaman Don Bruno, habitada por Brunito, su nieto, que guardaba toda la documentación en una habitación. “Fue un milagro que confiara en mí y me dejara entrar a buscar en la intimidad de su familia sin apenas conocerme. Una intimidad muy delicada, porque entre foto y foto aparecía mucho 'heil Hitler', muchas esvásticas, mucha información que vinculaba a su familia con el partido nazi, el partido falangista e información del padre de Margarita, de Don Bruno, delatando a muchos de sus vecinos durante la Guerra Civil”, reconoce.
Momotio ha conseguido desvelar a partir de archivos históricos y personales que la familia ha guardado durante décadas, que Margarita vivió la efervescencia cultural y política del Madrid de la década de los veinte, dirigió una revista, escribió textos feministas desde posiciones conservadoras y en los años treinta se introdujo en círculos falangistas hasta convertirse en una colaboradora cercana de Pilar Primo de Rivera, aunque lamenta que en los archivos de la Falange y los de la Sección Femenina hicieron un borrado “muy quirúrgico” de ella. “Es algo que me tiene muy sorprendida”, reconoce la periodista y escritora, que admite que tuvo dudas sobre si escribir la historia de Margarita o la de Juan Carlos, pero optó por hacerlo en femenino porque ella misma se trataba en femenino en sus cartas y firmaba como Margarita. “Me queda la duda porque yo no sé cómo habría sido este libro si yo parto de la premisa de que estamos ante la realidad de un hombre trans, pero no tenía grandes argumentos para eso. Tenía que tomar una decisión y no me da miedo equivocarme. Si en el futuro aparece alguna carta o diario que demuestra que me he equivocado y que en realidad era obvio que estábamos ante la existencia de un hombre trans que quiso así ser visto, yo no tendré ningún problema en pedir disculpas. Sé que el libro acaba incompleto, no tengo respuestas suficientes para poder abordar esta pregunta”, confiesa.
Es por ello que Momoitio ha tomado la decisión de no publicar ninguna foto de Margarita en su libro, algo que no ha considerado necesario. “A lo largo del proceso judicial su cuerpo está muy expuesto. Tanto el fiscal como los abogados opinan sobre si tiene o no pinta de tío, lo dicen de otra manera, pero básicamente esa es la cuestión. Y el límite entre denunciar la violencia y reproducirla y es muy fino. No he querido que su aspecto físico fuera parte del debate”, sostiene.
La autora reconoce que muchas personas le han confesado sentirse incómodas al leer sobre una persona de la Falange. A todas ellas, Momoitio les pide que le den a la historia una oportunidad. “Probablemente, el mayor feedback que estoy recibiendo es 'yo no me lo voy a leer'. No sabría argumentar por qué he investigado a una falangista, me ha podido la curiosidad. Entiendo que genere esa resistencia, por eso agradezco a cada persona que se atreve y le da una oportunidad a la historia”, concluye.
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