Investigadoras desmontan el mito de la “feminista aguafiestas” para reivindicar el humor como herramienta política
Uno de los estereotipos más arraigados en torno al feminismo es el mito de su insoportable seriedad y la imagen de la feminista enfadada y “aguafiestas”. Con el objetivo de mostrar que se trata de solamente un mito y reivindicar el humor como herramienta política del feminismo, Iraide Álvarez Muguruza, politóloga especializada en estudios feministas y de género, y Sabela Fraga Costa, historiadora del arte y doctora en Bellas Artes han desarrollado junto al Instituto Vasco de la Mujer (Emakunde) ‘Otras risas son posibles. Desactivando el mito de la insoportable seriedad del feminismo’.
“Contrariamente a esta caricatura, las experiencias recogidas revelan que el feminismo no se ha sostenido únicamente en la denuncia o en la indignación, sino también en la alegría, la complicidad y la capacidad de reírse de sí mismas y del poder patriarcal. Lejos de restar fuerza a las reivindicaciones, el humor ha demostrado ser una táctica política ingeniosa: capaz de interpelar a públicos diversos, facilitar la transmisión de mensajes complejos y aliviar la dureza de la militancia cotidiana. Así, el humor se convierte en un enfoque de pleno derecho para enmarcar propuestas políticas –como una manifestación o un discurso– al mismo nivel que otras fórmulas regidas por la seriedad o la solemnidad. El quid de la cuestión reside en la intencionalidad, el sentido del mensaje y las emociones que se busca despertar en el público”, revela el estudio.
La investigación sostiene que el humor feminista cumple funciones externas e internas simultáneamente. En su dimensión externa, actúa como catalizador de la crítica social: ridiculiza las normas patriarcales, parodia sus absurdas expectativas y abre espacios de diálogo donde la denuncia entra en contacto con el placer de la risa. “Esta dimensión comunicativa resulta especialmente relevante en contextos donde la frialdad de un discurso puramente racional puede resultar inaccesible o distante para determinados sectores de la población. El humor, en cambio, logra derribar barreras simbólicas y despierta empatía, mostrando que el feminismo no es una doctrina rígida, sino un movimiento creativo que aspira a movilizar las emociones y el deseo”, indica.
Los testimonios recabados dan cuenta de cómo la risa compartida ayuda a sobrellevar la fatiga militante
Por su parte, en su dimensión interna, el humor se convierte en un recurso de cohesión y sostenibilidad. “Los testimonios recabados dan cuenta de cómo la risa compartida ayuda a sobrellevar la fatiga militante, procesar las tensiones internas y construir identidades colectivas más habitables. Reírse juntas – incluso de las contradicciones propias– es una estrategia de autocuidado y resistencia afectiva. Desde esta perspectiva, el humor no es un mero accesorio, sino una necesidad política que sostiene la continuidad del movimiento y lo hace habitable, evitando que se convierta en un espacio asfixiante regido exclusivamente por la presión o exigencia de mantener una coherencia con unas dinámicas conocidas pero agotadas”, reconocen las autoras.
Entonces, ¿de dónde viene ese falso mito? El estudio confirma que los procesos de estigmatización que describen a las feministas como “amargadas” o “sin sentido del humor” responden a mecanismos conscientes de deslegitimación patriarcal. Estos estereotipos buscan neutralizar la potencia del feminismo, restarle atractivo social y desacreditar a quienes lo encarnan. “La exigencia de proyectar una imagen de seriedad, control emocional y desapasionamiento ha limitado la libertad expresiva de muchas mujeres en la esfera pública, obligándolas a reprimir o a esconder su humor por miedo a ser percibidas como poco serias o carentes de legitimidad”. Sin embargo, la investigación constata que “la trayectoria del feminismo vasco demuestra que es posible disputar esta norma, construyendo una militancia alegre que combina radicalidad política, creatividad y placer”.
Ejemplo de ello son el humor en canciones, carteles, viñetas y performances que ha utilizado a lo largo de décadas el feminismo vasco. Para llegar a estas conclusiones, las autoras han analizado documentos textuales y gráficos, imágenes, cartelería, canciones e incluso memes del espacio digitades utilizadas desde los años setenta por las organizaciones feministas vascas que han recurrido al ingenio y a la creatividad para difundir sus reivindicaciones. En la actualidad, la parodia, la ironía, los juegos de palabras provocadores y la apropiación creativa de la cultura popular son estrategias comunicativas que resignifican el humor desde una perspectiva feminista.
Es una expresión de humor controlada. Es una expresión de alegría, pero siempre condicionada por la lucha
Para la elaboración de la investigación, las autoras han contado con la participación de las asociacioes y organizaciones feministas: Kapritxosas, Compañía Jaizkibel, Asamblea de Mujeres de Tolosa, Plazandreok, Marienea Elkartea, Euskal Herriko Bilgune Feminista, Red de Mujeres Migrantes y Racializadas de EH, Mujeres del Mundo – BABEL, Asamblea de Mujeres de Álava Siete Menos Veinte Taldea y la Asamblea de Mujeres de Ermua. Además de con especialistas del ámbito académico, cultural, social e institucional. “Creo que, en parte, estamos orgullosas. Claro que puede impedir ese desarrollo del humor, pero creo que no lo hemos querido soltar del todo. Quiero decir, a mí cuando alguien de otra parte, por ejemplo, del Estado español, viene a Euskal Herria y dice: «Ojo con las feministas, que aquí esto sí que es serio», yo siento orgullo, ¿sabes? (…) Yo no sé si queremos que nos vean de otra manera, tengo dudas. Yo no sé si, como movimiento feminista, quiero que me vean como alguien accesible, simpática, contenta y no combativa”, sostiene una de las entrevistadas que se muestra más dubitativa con respecto al humor y la lucha.
Sin embargo, otras activistas tienen clara la fuerza del humor para combatir. “Ahí es cuando entra Martxa eta Borroka. Entonces, hay un doble componente que vincula no sólo al borroka, sino también la marcha. Y la marcha significa también un componente de la «juventud alegre y combativa», que es una expresión que emerge en esos años. Y ese concepto de alegría está vinculado con el humor, pero con el humor en ciertos límites. (…) Entonces, bueno, ahí hay una especie de órbita en la que las cosas van cambiando, pero es una expresión de humor controlada. Es una expresión de alegría, pero siempre condicionada por la lucha. O sea, esa dualidad está profundamente marcada”, reconoce otra de las activistas que han participado en el estudio.
Durante la presentación de la investigación, que ha tenido lugar este martes en Vitoria, la directora de Emakunde, Miren Elgarresta, ha detallado que el estudio demuestra que “el feminismo no es únicamente una fuerza que denuncia y destruye las estructuras patriarcales, es también un movimiento que crea, imagina y celebra”. Para ello, Elgarresta ha hecho referencia a una campaña de Emakunde, realizada hace más de 25 años con la colaboración del dibujante Forges. “Se denunciaba con ironía la falta de implicación de los hombres en tareas de cuidado y domésticas, entre otros aspectos. Fue una campaña que logró un gran eco en la sociedad precisamente por la utilización del humor”, ha destacado Elgarresta, quien ha considerado que este trabajo reivindica la posibilidad de una militancia alegre porque “el humor es también un recurso político y el feminismo ha sabido utilizarlo”.
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