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Ciudades de madera: el plan futurista de Google que no es tan loco como parece

Un diseño de los edificios de madera que plantea el proyecto del gigante

Aroa Fernández

“Queremos construir la primera ciudad verdaderamente del siglo XXI”, fueron las palabras de Dan Doctoroff, CEO de Sidewalk Labs, cuando un usuario de Reddit se interesó por lo que realmente pretendía hacer su empresa. Para ello, en 2015, nacía desde esta compañía ligada a Google la iniciativa Quayside, que buscaba desarrollar un nuevo concepto de ciudad adaptada a los tiempos que corren y con visión de futuro.

Durante más de dos años estuvieron buscando un lugar para llevarlo a cabo. Examinaron más de 50 espacios repartidos por todo el mundo hasta que finalmente dieron con el entorno perfecto en Toronto, a orillas del lago Ontario. Casualmente las tres instituciones competentes en urbanismo, una agencia federal, las mismas autoridades de la ciudad y las de la provincia de Ontario estaban buscando a alguien que le diera vida a más de 300 hectáreas al este de la ciudad. Y Google llegó justo a tiempo.

Aunque, según se ha firmado en el acuerdo entre las entidades gubernamentales y la empresa, el experimento inicial se limitará a unas 5 hectáreas, lo cierto es que la envergadura del proyecto para el que Sidewalks destinará 50 millones de dólares (unos 40 millones de euros) para solo desarrollar el plan sobre el papel ha sorprendido a muchos. No solo se pretende construir una ciudad interconectada llena de coches autónomos y donde los robots sean los nuevos repartidores a domicilio y quienes recojan la basura, sino que su propuesta rescata un material que a simple vista no tiene nada de futurista: la madera.

Por qué utilizar madera

En su apuesta por la construcción, Sidewalk quiere contar, en su mayor parte, con edificios prefabricados altamente eficientes en cuanto a su consumo energético y respetuosos con el medio ambiente. La respuesta está en la madera, un material que, según indican en su plan de viabilidad, “ofrece ventajas en términos de ahorro de costes, velocidad de construcción e impacto ambiental en comparación con el acero tradicional y el hormigón”. 

En cuanto a costes, utilizarían madera local, lo cual estimularía la economía del lugar (en este caso, la canadiense) y minimizaría los costes del transporte. Sobre los tiempos para su construcción, se acortan, especialmente cuando se cuenta con estructuras prefabricadas. Y, finalmente, el impacto contaminante se limita en la producción respecto a otros materiales. Mientras que las edificaciones de hormigón y acero generan entre el 8 % y el 5 % de las emisiones globales de CO2, la madera lo almacena en su mayoría.

Como es sabido, los árboles absorben el dióxido de carbono de la atmósfera. Incluso si se tala el árbol y se utiliza su madera para fabricar muebles o edificios, estos seguirán siendo un excelente almacén de carbono. Así, según estiman desde Sidewalk, se conseguiría reducir la huella de carbono de la construcción en un 90 %. Ahora bien, su uso debe enmarcarse dentro de proyectos sostenibles con la tala que aseguren la repoblación y la continua vida del bosque.

Sin duda, llenar las ciudades del futuro de madera parece un plan idílico que nos puede sonar hasta disparatado. Pero no tiene por qué serlo gracias a los nuevos avances para conseguir maderas mucho más livianas y resistentes de lo que estamos acostumbrados.

Las maderas del siglo XXI

El ejemplo más reciente lo encontramos en un grupo de expertos de varias universidades estadounidenses que ha conseguido crear una madera fuerte como el acero y seis veces más liviana, como detallan en su estudio publicado en Nature. Conseguirlo lleva su proceso, que pasa por hervirla con una mezcla de sodio para limpiarla de parásitos y, a continuación, prensarla en caliente para conseguir una material resistente a la vez que ligero.

“Este tipo de madera podría usarse en automóviles, aviones, edificios, cualquier aplicación donde se use acero”, aseguró recientemente Liangbing Hu, investigador de la Universidad de Maryland y uno de los autores del artículo.

De hecho, la madera se viene utilizado en la construcción desde tiempos inmemoriales. En muchas partes del mundo dominó las calles durante siglos: era abundante, barata y fácil de trabajar. Sin embargo, tenía un gran inconveniente: era inflamable y, a medida que envejecía y se secaba, más aún. Esto provocó que en grandes incendios como los de Boston en 1872, Chicago en 1871 o Londres en 1666 el fuego lo consumiera todo a gran velocidad.

A esto se unía que contaba con debilidades estructurales que limitaban el tamaño de los edificios. Incluso la tala indiscriminada era una gran preocupación. Así, la llegada de nuevos materiales mejor adaptados para las edificaciones relegó a la madera a un segundo plano. Ahora, la creciente preocupación por la sostenibilidad y el hallazgo de métodos para su tratamiento hacen que volver a los orígenes sea una buena apuesta.

En la actualidad, existen edificios y hasta rascacielos con estas estructuras de madera repartidos por medio mundo. Los primeros fueron el edificio de apartamentos Stadthaus en Londresedificio de apartamentos Stadthaus, en 2009, y unos años más tarde, el más grande en superficie (con 21.000 metros cuadrados) para albergar oficinas en Melbourne, Australia.

En altura, los más destacados son una residencia de estudiantes de 18 pisos y 53 metros, la Brock Commons Tallwood House, que se concluyó el año pasado en Vancouver (Canadá), y una torre de madera de 244 metros que se está construyendo en Chicago.

También hay otras propuestas sobre el papel, como un edificio de madera de 34 pisos para Estocolmo, otro con 35 pisos para París, ideado por el arquitecto internacional Michael Green (con otros acabados en Minneapolis y Chicago) o un rascacielos de 80 pisos y 300 metros de altura para 1.000 apartamentos en Londres.

Aunque el que pretende desbancar a todos es el último proyecto presentado por la compañía maderera japonesa Sumitomo Forestry Co. y el estudio de arquitectura NIkken Sekkei hace tan solo unos días. Una torre de 350 metros en Tokio que estará lista en 2041 y que pretende “convertir las ciudades en bosques”según sus creadores.

En España también hay ejemplos. Aunque no llegan a la altura de los mencionados, en nuestro país existen edificios destacados con madera. En Lleida, en 2013, se construyó un edificio de viviendas de 6 plantas de madera contralaminada y, dos años más tarde, otro de 5, en entramado ligero, se finalizó en Barcelona. Aunque el que sin duda desbancará a todos en altura está por acabarse: se trata de un inmueble de 6 plantas de la cooperativa La Borda que tiene prevista su finalización en mayo de este año, cuando se convertirá en el edificio  de madera más alto de nuestro país.

También está en construcción en Hondarribia (Guipúzcoa) el mayor edificio de madera del suroeste de Europa (con 65 viviendas protegidas) y, sobre papel, otra gran construcción de más de 7 plantas que acogerá decenas de viviendas sociales en la plaza de las Glòries de Barcelona.

No solo madera

El plan de Google no solo quiere sorprender con sus edificios de madera. Sidewalk está explorando otros materiales que cumplan sus objetivos de reducir el gasto de energía, los residuos y las emisiones de gases. Para ello ha encontrado dos alternativas: el micelio de los hongos para resistencia estructural y el yeso Shikkui para la superficie.

El micelio es la masa que constituye el cuerpo del hongo. Está formado por una red de filamentos vegetales que se pueden cultivar en un espacio con unas condiciones previamente establecidas y utilizando residuos agrícolas como materia prima. Mientras, el citado yeso japonés se consigue con aditivos naturales como extractos de algas marinas, aceite de soja o fibras vegetales. Según el plan de Sidewalk Labs, estos dos materiales representan oportunidades para reducir los costes y mejorar la sostenibilidad en la construcción.

Además de estas ecológicas alternativas, la ciudad también quiere albergar las últimas tecnologías. Así, en sus edificios y calles se colocarán sensores para medir todo lo que acontece en tiempo real. Todos esos datos servirán para mejorar los servicios comunitarios y, por tanto, la vida de los ciudadanos. Para ello, también contará con una “infraestructura digital que proporcione conectividad para todos, ofrezca nuevos conocimientos sobre el entorno urbano y aliente la creación y colaboración para abordar los desafíos locales”, afirman en su web.

Se ha abierto una consulta entre ciudadanos y empresas locales de Toronto para conocer sus necesidades que se extenderá durante todo este año. Aunque todavía no hay una fecha cerrada para comenzar la construcción (ni mucho menos para su finalización), todo apunta que será la antesala de las ciudades del futuro, donde también serán protagonistas los robots, las bicicletas y los coches autónomos.

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Las imágenes son propiedad, por orden de aparición, de Sidewalk y Michael Green.

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