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ENTREVISTA

José Natanson, politólogo: “Trump mantiene en pie al chavismo porque es quien puede controlar Venezuela”

El director de Le Monde Diplomatique Cono Sur, Jose Natanson, durante la presentación de su libro 'Venezuela: Ensayo sobre la descomposición', el 22 de enero de 2025 en Madrid, España.

David Noriega

8 de enero de 2026 22:21 h

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La operación militar ilegal de Estados Unidos en Caracas para capturar a Nicolás Maduro ha sacudido los cimientos del derecho internacional. Esa “idea de un orden global ajustado a reglas” es el principal damnificado de un movimiento con el que el presidente Donald Trump quiere mostrarle al mundo de lo que es capaz.

“El petróleo es un factor importante, pero no el único”, aclara José Natanson (Buenos Aires, 1975). El periodista, politólogo y director de Le Monde Diplomatique edición Cono Sur publicó en abril el libro Venezuela: ensayo sobre la descomposición (Debate).

Cuando publicó su libro, consideraba que no había ningún motivo que hiciera pensar en un cambio en Venezuela a corto plazo. ¿Qué factores internos o externos se han activado para romper ese escenario de relativa estabilidad?

La hipótesis de que el chavismo no iba a caer en el corto plazo se mantiene, porque sigue gobernando Venezuela. Lo que obviamente no imaginaba entonces es que Estados Unidos podía llevar a cabo una operación de extracción y secuestro del presidente. Ha cambiado la cabeza del Gobierno, pero el chavismo como dispositivo político-militar sigue en pie. Eso fue una decisión deliberada de Trump. La Fuerza Armada Nacional bolivariana está casi intacta, la infraestructura económica no fue demolida. Cayó Maduro, pero el sistema continúa.

¿Delcy Rodríguez terminará consolidándose como una figura de continuidad que acepte EEUU? ¿Qué condiciones se deberían dar?

Trump entendió que no podía destruir el aparato chavista, como hicieron los neoconservadores de Bush hijo en la segunda guerra de Irak, en 2003, cuando disolvieron el partido Baaz y las Fuerzas Armadas. El país se partió en siete y se abrió un periodo muy grande de caos y anarquía, que obligó a Estados Unidos a dejar tropas en el territorio durante más de una década. Ese no es un escenario deseable para Trump, así que saca a Maduro y debilita y arrincona al chavismo, pero lo mantiene en pie porque son los únicos que pueden ejercer el control operativo del país. Esto implica no destruir la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

En Venezuela, los militares controlan los puertos y aeropuertos, la policía, la provisión de alimentos y gasolina, los barcos, los coches… son quienes tienen el control efectivo del país. Destruir la capacidad operativa del chavismo implicaría ir a un escenario de caos, en un país con una frontera de 2.200 kilómetros con Colombia, donde están los únicos grupos insurgentes reales de América Latina. Por eso el papel de Delcy como encargada de esta transición.

La cúpula chavista ya aceptó las nuevas condiciones de gobernabilidad que les plantea Estados Unidos: 'Ustedes tienen que hacer todo lo que nosotros digamos, porque si no, viene un segundo ataque

¿Qué condiciones se tienen que dar para que esa transición ocurra? ¿El beneplácito de los representantes del chavismo en Venezuela sería la primera?

Eso ya lo tienen. Más allá de la retórica inicial, en la que hablaban de Maduro como un presidente legítimo, la cúpula chavista ya aceptó las nuevas condiciones de gobernabilidad que les plantea Estados Unidos: “Ustedes tienen que hacer todo lo que nosotros digamos, porque si no, viene un segundo ataque”. Trump dijo de manera explícita que tenían preparado ese segundo ataque. Hubiera sido más caótico, porque sí habría implicado meter a un montón de soldados en el territorio y sí habría habido una respuesta militar que no hubo esta vez. Venezuela, prácticamente, no contraatacó.

Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, llegan al helipuerto de Wall Street durante su traslado a la corte federal para su comparecencia ante el tribunal en Nueva York.

¿En qué situación quedan las caras visibles de la oposición venezolana?

Los dos grandes perdedores de este operativo son Maduro y María Corina Machado. Él, porque está preso y va a ser juzgado en Nueva York y ella, porque Trump ha decidido que no va a cumplir ningún papel, al menos a corto plazo. Como dijo Marco Rubio, ellos le pidieron a la oposición venezolana que les mostrara que estaba en capacidad de asumir el control del país en una operación de esta naturaleza. Según la evaluación que hizo Estados Unidos, no lo estaban. Por eso decidieron que la transición la pilote un dirigente chavista y no un opositor.

¿Qué les faltaba para estar en condiciones de pilotar ese cambio?

La oposición venezolana nunca logró una incidencia real sobre la Fuerza Armada, que nunca se quebró ni se fisuró. Sigue cohesionada, por eso la oposición no puede ejercer un control real sobre el territorio.

El chavismo no convocó grandes manifestaciones, a pesar de que podría haberlo hecho. Es otro gesto de docilidad hacia las condiciones que le está planteando Estados Unidos

Hablamos del ejército, del chavismo, de la oposición… ¿qué pasa con el pueblo venezolano?

Yo no estoy allí, pero lo que me dicen mis amigos venezolanos es que las calles están en paz. Otro dato relevante es que el chavismo no convocó grandes manifestaciones ni grandes marchas, a pesar de que podría haberlo hecho. Es otro gesto de docilidad hacia las condiciones que le está planteando Estados Unidos. Las calles están en paz, en calma. Los venezolanos no quieren un escenario de cuasi guerra civil como el que se vivió en los grandes ciclos de protestas de 2014 y 2017. De hecho, después de que Maduro robara la elección del 28 de julio no pasó nada, porque los venezolanos que viven en Venezuela quieren paz. Incluso la paz autoritaria de Maduro. La aceptaron aun cuando votaron contra él, que se robó la elección. La vida sigue.

¿Existe margen para grandes movilizaciones en uno u otro sentido?

No, lo que hay es un acuerdo entre la cúpula bolivariana y el Gobierno de Estados Unidos acerca de los términos de la transición. Ese acuerdo implica concesiones económicas, que tienen que ver con el petróleo; geopolíticas, que tendrán que ver con Cuba y Nicaragua; y, eventualmente, tal vez políticas, de liberación de algunos presos políticos y, en algún momento, elecciones tuteladas. Para mí, la metáfora más adecuada es la caída del dictador dominicano Trujillo en el 61, rodeado por Estados Unidos y muy sancionado por la OEA. Quien pilotó aquella compleja transición, en la que la familia quería venganza y el hijo de Trujillo era el jefe de las Fuerzas Armadas, no fue el líder de la oposición, sino Joaquín Balaguer, que era el presidente títere de Trujillo. Yo creo que Delcy puede ser la Balaguer de Venezuela.

Trump ya ha mostrado su interés en la industria petrolera venezolana. ¿Decir que es su único interés es reduccionista? ¿Hay más lecturas?

Es un factor importante, pero no el único. Le movieron varias cosas. Primero, mostrar que está dispuesto a todo. Hay algo de aleccionador en el mensaje que Trump envía a América Latina con la captura de Maduro: que puede hacer lo que quiera, incluso secuestrar a un presidente. La segunda, efectivamente, es el petróleo. Él tiene una orientación muy transaccional de sus decisiones y piensa que va a obtener muchos beneficios económicos de esto. Creo que hay una tercera, desplazar a China y Rusia de su principal aliado en la región. Y una última, que tiene que ver más con Marco Rubio: recuperar la democracia en Venezuela. Trump no habló de elecciones ni de democracia en ningún momento, pero creo que Rubio sí está pensando en eso. Y en Cuba, para quien la Venezuela bolivariana sigue siendo muy importante.

Varios países de la región han rechazado la incursión militar en Caracas porque sienta “un precedente extremadamente peligroso para la paz y la seguridad” en el continente. ¿Cómo cree que afectará a la estabilidad y las relaciones entre los gobiernos latinoamericanos?

Sienta un precedente muy malo para América Latina, porque implica que Estados Unidos decidió recrear la doctrina Monroe en los peores términos posibles y en un país sudamericano. No es un detalle menor. Una cosa es Centroamérica, como ocurrió en Panamá o Granada y otra Sudamérica, donde la influencia de Brasil ha sido muy importante históricamente. También hay que considerar que la política de Trump es de palo y zanahoria. Palo con Venezuela, pero zanahoria con el Gobierno de Milei, a quien rescató in extremis de una catástrofe financiera con un tuit del secretario del Tesoro. Trump golpea, pero también premia a sus aliados bajo una exigencia de alineamiento total con Estados Unidos.

¿Cuba puede ser uno de los principales damnificados?

Sí, además del derecho internacional y la idea de un orden global ajustado a reglas. Venezuela manda a Cuba un tercio del petróleo que consume, así que es un problema grande que caiga el sistema. Por ahí habrá repercusiones. Una de las condiciones que va a imponer Trump a Delcy es que “basta con Cuba”.

Maduro era un caso muy simbólico, pero me animaría a decir que Trump no va a ir por América Latina cazando presidentes

¿Podríamos ver una acción similar en países como Colombia o México?

No me lo imagino. Me animaría a decir que Trump no va a ir por América Latina cazando presidentes. Maduro era un caso especial, muy particular y simbólico por la cuestión migratoria, pero no veo que vaya a repetirse de la misma manera [en otros países].

¿Cómo valora la reacción de Europa ante esta ruptura del derecho internacional?

Es una reacción impotente. Si no juega un rol en Ucrania, ¿qué va a hacer en Venezuela? Sin embargo, sienta un precedente peligroso. ¿Con qué argumento alguien le va a decir a Putin que no puede hacer tal cosa? ¿O a Israel frente a Gaza? ¿Por qué China no puede recuperar o invadir Taiwán? Es la muerte del derecho internacional. La reacción de Rusia y China ha sido justamente cautelosa, con las declaraciones de rigor, porque aunque [la operación] implica desplazarlos de uno de sus principales aliados en América Latina, también les puede ser útil frente a sus propios conflictos.

¿Cómo puede afectar este nuevo contexto a las inversiones extranjeras en la región?

Venezuela había logrado recuperar, trabajosamente, parte de su industria petrolera en los últimos años. El bloqueo al que lo sometió Estados Unidos le empezó a complicar esa recuperación, así que supongo que ahora podrá recuperar bastante rápido esa industria con la inversión y la palanca de Estados Unidos. Hay que construir un marco legal, hacer leyes y llegar a acuerdos. No es tan fácil, pero imagino que la producción se puede recuperar. No descarto que se viva una pequeña primavera económica en Venezuela después de esto.

¿Qué podemos esperar en Venezuela en el corto plazo?

Hay que esperar a entender los términos exactos de la negociación entre la cúpula venezolana y el Gobierno de Estados Unidos. Si llegan a un acuerdo, implícito o explícito, podemos esperar una transición pilotada por el chavismo, que va a mantener el control de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y el control del territorio, y que tendrá que hacer una concesión tras otra a Trump. Y, en algún momento, habrá elecciones a las que, seguramente, se va a poder presentar la oposición.

¿Cree que las conversaciones para esa transición están empezando ahora o comenzaron antes del sábado?

Hay indicios de que hubo conversaciones previas, con y sin Maduro, pero creo que las de verdad empezaron cuando se lo llevaron.

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