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ENTREVISTA

Lisa Husby, superviviente del atentado de Utoya: "Si hablábamos de extrema derecha, nos acusaban de sacar rédito político"

Lisa Marie Husby, superviviente del atentado cometido en la isla de Utoya, Noruega.

Con 19 años, Lisa Marie Husby tenía que elegir a qué funerales de compañeros iba a ir porque había tantos, que muchos coincidían el mismo día. Habló en el funeral de su amigo y se fue corriendo para poder llegar al de su mejor amigo.

Hace justo 10 años, Anders Breivik, disfrazado de policía e inspirado por una ideología de extrema derecha, entró en la isla de Utoya, Noruega, y mató a 69 jóvenes que asistían al campamento de verano de la Liga de la Juventud Obrera. Lisa echó a correr por el bosque. Notaba como las balas le pasaban cerca, logró entrar en una cabaña y se escondió debajo de la cama.

Minutos antes de la masacre, Breivik había puesto una bomba frente al principal edificio del Gobierno y murieron otras ocho personas. En los minutos transcurridos entre la explosión y la llegada de Breivik a la isla, Lisa hablaba con su madre por teléfono, que pensaba que aquello era un ataque contra el Partido Laborista. "Estoy segura de que algo va a pasar en la isla", le dijo su madre.

Una década después, Lisa habla con elDiario.es de lo que vivió aquel día y del impacto que tuvo en su vida y en la vida política de Noruega.

Diez años después del atentado terrorista, ¿cómo está y cómo ha cambiado su vida?

Hoy estoy bien. Tuvimos mucha suerte de que esto nos pasase en Noruega porque hemos tenido un gran sistema de apoyo y hemos recibido mucha ayuda del Gobierno y de la gente que nos rodeaba. Pero ha sido difícil. Tuve muchos traumas y un trastorno de estrés postraumático, así que durante unos años no fui capaz de trabajar ni estudiar porque lo estaba pasando muy mal. 

Pero hoy me va muy bien y recibo mucha ayuda de los psicólogos. Tengo una empresa con la que voy a las escuelas, hablo del atentado e intento utilizar la experiencia para algo positivo. Hablo de las consecuencias del ataque, de salud mental y de la parte política para evitar que vuelva a ocurrir. También trabajo como asesora para la Academia de las Ciencias de Noruega. 

¿Cree que el ataque terrorista también cambió el país de alguna manera?

En los primeros años pensábamos que seríamos capaces de discutir el lado político del atentado, pero me temo que realmente el ataque no cambió tanto a Noruega como nos hubiese gustado. Siento que durante unos años, algunos de los supervivientes fuimos casi silenciados porque no se nos permitió discutir y hablar sobre el racismo y la extrema derecha sin que nos acusaran de utilizarlo para obtener rédito político. 

En los últimos meses han cambiado muchas cosas en Noruega. Por fin estamos discutiendo y siendo lo suficientemente valientes como para afrontar las conversaciones más difíciles, pero nos ha costado casi diez años que se nos permitiera hablar abiertamente del lado político del ataque terrorista y que las víctimas alzaran su voz.

¿Cree que el ataque en Noruega influyó en la evolución de la extrema derecha?

Hemos visto varios atentados terroristas en los que el atacante se inspiró en Breivik, incluido uno en Noruega hace un par de años. Como ambos eran de Noruega y no eran una fuerza extranjera, para nosotros ha sido muy difícil hablar sobre ello. No hemos sido capaces de reconocer que podría volver a ocurrir porque nos resulta demasiado incómodo.

Para algunos fue solo un loco que mató a gente en una isla, pero lo cierto es que era un terrorista político que incluso escribió un manifiesto. La parte más aterradora de los últimos 10 años es que la gente no ha querido discutirlo porque era incómodo. Creo que es ahora, con 10 años de retraso, cuando estamos empezando a discutirlo y a aprender.

¿Cree que algunos puntos de ese manifiesto son ahora más corrientes y visibles en la sociedad?

Sí. En Noruega, algunos de los políticos de la extrema derecha han empujado los límites de lo que se puede decir y cómo se puede hablar de la gente. Es como que no podemos llamar a alguien racista porque hiere sus sentimientos. El problema no era ser racista, sino que te llamasen racista. Entonces nos silenciaron porque empezamos a decir que hay ciertas cosas que los políticos en Noruega no deberían poder decir sobre determinados grupos de personas.

Cada vez es más normal tener una visión política de extrema derecha que da miedo porque aleja a determinadas personas del debate público. Hay mucha gente en Noruega, especialmente mujeres musulmanas o personas pertenecientes a minorías, que no forman parte del debate porque tienen miedo. Muchos de los supervivientes del ataque terrorista han sido silenciados y tampoco forman parte del debate. Estamos sufriendo odio y amenazas. Muchos de mis amigos mantienen sus teléfonos y direcciones en secreto porque están sufriendo mucho odio. 

¿Diría entonces que 10 años después del atentado estamos en una situación peor en términos de extrema derecha?

Sí, claro. Estamos viendo como en Europa se está convirtiendo en algo más aceptado. Lo que vemos es que las palabras no son solo palabras, sino que pueden inspirar actos violentos como un atentado. Una vez que empiezas a aceptar el discurso de odio o comentarios racistas, la gente puede inspirarse en eso. Así que creo que los políticos de ambos lados, de la extrema derecha o de la extrema izquierda, tienen que ser muy conscientes de que sus palabras pueden tener consecuencias. 

En Noruega no lo hemos abordado porque la gente ha estado demasiado ocupada hablando de libertad de expresión, pero también tenemos el derecho a no sentirnos amenazados y a no sentir que debemos aceptar el odio y las amenazas.

Aquel día sobreviviste escondida varias horas en una cabaña junto a otros compañeros ¿Qué recuerdas de ese momento?

Después de entrar en la cabaña y cerrar la puerta, estaba en estado de shock y no podía dejar de buscar mi mochila. Creo que es imposible que la gente entienda lo que hace tu cerebro si no has pasado por ello y si no has sentido el miedo de pensar que vas a morir. Dentro de la cabaña estaba escondida debajo de la cama con una amiga y allí nos quedamos durante aproximadamente una hora hasta que llegó la policía.

Es importante recordar que Breivik estaba disfrazado de policía, entonces no confiábamos en nadie y cuando llegaron los agentes no entendíamos si realmente venían a salvarnos. Fue una situación muy difícil porque Breivik nos quitó la inocencia a muchos de nosotros. Nos quitó esa sensación de seguridad en la policía. Cuando vinieron los agentes, pensé que iban a matarme y tenía mucha ansiedad. Estaba 100% segura de que iba a morir.

¿Y cómo llegó a la cabaña? ¿Qué pasó antes?

Estaba hablando con mi madre por teléfono después del ataque terrorista en Oslo y lo primero que me dijo fue que pensaba que era un ataque al Partido Laborista y que nosotros éramos los siguientes. ‘Estoy segura de que algo va a pasar en la isla’, dijo. Unos minutos después de colgar, empezamos a escuchar lo que pensaba que eran fuegos artificiales. Y entonces vi el grupo de personas del que yo me encargaba. Corrí hacia ellos, empezamos a debatir a dónde ir y decidimos ir a la cabaña. 

Corrimos por el bosque y en un momento pude sentir que el tipo estaba detrás disparándonos porque notaba en el pelo la presión del aire de las balas. Entramos en la cabaña y yo quise volver a salir corriendo, lo hice, y una mujer me detuvo y me dijo que si me iba, tendría que encontrar otro lugar para esconderme. Yo estaba dudando entre salir o volver a entrar cuando vino una chica corriendo por el bosque gritando que le habían disparado. Tenía una herida de bala en el brazo. Entonces decidí volver a entrar en la cabaña.

Después del atentado estuvo muy metida en política, estudió en la universidad… ¿Podría contarme su trayectoria en esta última década?

Después del ataque terrorista me eligieron como concejal de mi municipio, donde se suponía que iba a permanecer cuatro años. Luego también me eligieron para dirigir el Partido Laborista en mi ciudad. Sin embargo, dos o tres años después del atentado empecé a tener problemas mentales. No estaba en un buen estado de ánimo. Estaba deprimida y tenía ansiedad y trastorno de estrés postraumático.

Era incapaz de funcionar correctamente, así que me retiré de todos los cargos políticos y dejé de trabajar. Estuve de baja por enfermedad durante casi un año en el que las cosas no pintaban muy bien. Dejé de tener fe en volver a tener una vida normal, lo que es algo muy difícil porque me encanta la vida. 

Posteriormente recibí ayuda de un grupo de psicólogos y médicos muy bueno y me hicieron darme cuenta de que un día debería ser capaz de encontrar el resto de mi vida. Tras un año de ir a consulta una vez por semana conseguí volver a ponerme en pie.

Desde entonces, me ha ido muy bien. Conseguí estudiar en la universidad de St. Andrews (Escocia) durante cuatro años, lo cual es increíble porque pensé que nunca podría volver a estudiar. Me vino muy bien salir unos años. Necesitaba un poco de distancia de Noruega. Ahora he comprado una pequeña granja en la que vivo. Desde el atentado tenía miedo de dormir sola y nunca pensé que sería capaz de hacerlo, especialmente en invierno cuando Noruega es tan oscura. 10 años después, todavía estoy dando pasos para recuperar el control total de mi vida, pero estoy feliz y me va muy bien.

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Publicado el
21 de julio de 2021 - 22:25 h

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