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“Ella era el cerebro y Maduro, la fuerza”: cuál era el papel de Cilia Flores en Venezuela

Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el 21 de noviembre de 2025 en Caracas.

Tiago Rogero

7 de enero de 2026 22:14 h

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Antes de declararse inocente ante un tribunal de Nueva York en su primera audiencia judicial tras ser capturada ilegalmente junto a su marido, Nicolás Maduro, por las fuerzas especiales estadounidenses, Cilia Flores quiso dejar claro, en español: “Soy la primera dama de la República de Venezuela”.

Sin embargo, lo cierto es que el propio Maduro y otras personas cercanas a la pareja coinciden en que ella siempre fue mucho más que una primera dama al uso. Antes de ser llevada a Estados Unidos, Flores ejercía un poder comparable, y en ocasiones superior, al de otras figuras del régimen, incluida Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro que desde el lunes es la líder interina del país.

Maduro solía decir que Flores no era la primera dama, sino la “primera combatiente”, lo que refleja el rol clave que ocupaba en el núcleo duro de poder del régimen venezolano.

Los dos, que se conocieron en una prisión venezolana en los años noventa mientras visitaban a su mentor político, Hugo Chávez, permanecen ahora recluidos en una cárcel de Nueva York y se enfrentan a cargos en Estados Unidos por “narcoterrorismo” y tráfico de drogas.

“Flores es, ante todo, la mujer de Maduro, pero en realidad es mucho más: es su socia clave, una de sus confidentes más cercanas y ha desempeñado un papel clave en su ascenso en la política”, afirma Eva Golinger, abogada y escritora estadounidense que se reunió con la pareja en varias ocasiones cuando actuaba como asesora de Chávez. Más tarde, rompió con el líder y escribió The Chávez Code: Cracking US Intervention in Venezuela (El código Chávez: Descifrando la intervención de los EEUU en Venezuela).

“Flores era más el cerebro y Maduro más la fuerza bruta, sin menospreciar sus capacidades como un actor político muy eficaz por derecho propio, pero ella ha sido su pilar de apoyo en todo momento”, señala la autora.

Una historia de amor por el chavismo

Cuando se conocieron, Maduro era conductor de autobús y líder sindical, mientras que Flores, seis años mayor que él, trabajaba como abogada y formaba parte del equipo legal que defendía a Chávez, entonces teniente coronel, encarcelado por su participación en un intento de golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez en 1992. Tras la liberación de Chávez, la pareja se volcó por completo en el movimiento político que más tarde se conocería como chavismo.

Cuando Chávez llegó al poder en 1999, ambos fueron recompensados con altos cargos en el régimen y ampliaron progresivamente su influencia política. Maduro llegaría más tarde al cargo más alto, pero Flores no se quedó atrás: en 2006, se convirtió en la primera mujer en ocupar la Presidencia de la Asamblea Nacional, periodo durante el cual nombró a casi 40 familiares para cargos públicos. Cuando se publicó la noticia, calificó a los periodistas de “mercenarios” y prohibió a los medios de comunicación cubrir la información del Congreso.

Después de casi veinte años juntos, se casaron en 2013, poco después de que Maduro jurara el cargo tras la muerte de Chávez. Ambos tienen hijos de relaciones anteriores, entre ellos Nicolás Maduro Guerra, conocido como 'Nicolasito', que también se enfrenta a cargos en Estados Unidos, pero no fue capturado el día 3 y permanece en Venezuela.

Descrita por Golinger como “introvertida, tímida, de voz muy suave y trato amable”, Flores era, sin embargo, una “actora política muy astuta” bajo el régimen opresivo de su marido, que llevó a cabo más de 20.000 ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y torturas; encarceló a miles de opositores políticos y cuya corrupción y mala gestión económica –agravadas por las sanciones de Estados Unidos– desencadenaron la mayor crisis migratoria humanitaria de un país que no estaba en guerra, obligando a huir a unos 8 millones de personas.

“Puede que no fuera la cara visible del Gobierno, pero sin duda tenía toda la influencia por detrás. Creo que él [Maduro] le consultaba todo”, señala la autora.

La “facción más fuerte” del régimen

Según Casto Ocando, periodista de investigación venezolano afincado en Estados Unidos, como abogada con amplia experiencia, Flores ejerció un control especialmente estrecho sobre el poder judicial. En ese sentido, Ocando señala que la primera dama “ha participado muy activamente en el proceso de nombramiento de jueces y fiscales, un área crucial, porque fueron sustituidos para instalar a otros leales a la revolución”. Asimismo, indica que, aunque Flores era muy influyente, es difícil decir si ocupaba claramente el segundo puesto, una posición que muchos atribuyen al ministro de Interior, Diosdado Cabello, o a la actual presidenta en funciones, Delcy Rodríguez.

El periodista explica que “el régimen no era homogéneo, sino que estaba formado por facciones que controlaban partes del poder. Maduro era el presidente, pero no controlaba necesariamente todo el poder, aunque la facción más fuerte era la formada por él y su esposa”.

En la acusación, los fiscales estadounidenses alegan que la pareja presidencial se benefició del “tráfico de drogas a gran escala”, que llenó “los bolsillos de los funcionarios venezolanos y sus familias, al tiempo que benefició a los violentos narcoterroristas que operan con impunidad en territorio venezolano y que ayudan a producir, proteger y transportar toneladas de cocaína a Estados Unidos”.

La fiscalía, que llegó a acusar a Maduro de liderar el Cártel de los Soles, reescribió su escrito de acusación horas después de la operación en Caracas, para reconocer que el cartel no es real sino que se refiere a un “sistema de clientelismo” y una “cultura de corrupción” alimentada por el dinero del narcotráfico.

El documento alega que Flores aceptó “cientos de miles de dólares en sobornos” para intermediar en una reunión en 2007 entre un “narcotraficante a gran escala” y el entonces jefe de la agencia antinarcóticos de Venezuela. Según los fiscales, las partes acordaron un soborno mensual más 100.000 dólares (unos 86.000 euros) para garantizar el paso seguro y sin controles de cada vuelo con cocaína, “una parte de los cuales se pagaba luego a Flores”.

La acusación también menciona un episodio de 2015 en el que dos de sus sobrinos fueron detenidos por agentes estadounidenses cuando planeaban enviar “cargamentos de cocaína de varios cientos de kilogramos” desde el hangar presidencial de un aeropuerto venezolano, supuestamente con el objetivo de recaudar 20 millones de dólares (más de 18 millones de euros) para financiar la campaña de Flores a la Presidencia del Congreso en ese momento. Ambos sobrinos fueron condenados en Estados Unidos en 2016.

Flores y Maduro niegan todas las acusaciones. En la vista celebrada el lunes, el abogado penalista que representa a Cilia Flores, Mark Donnelly, afirmó que durante la operación militar ilegal de Estados Unidos en territorio venezolano, en la que su cliente fue capturada, la mujer sufrió “lesiones considerables” y que creía que podía tener una fractura o una lesión grave en la espalda, lo que requería un examen médico completo.

“Estoy segura de que Maduro y Flores no se esperaban esto”, señala Golinger. “La audiencia puede haber sido el último día que se vean [en persona] y me imagino lo duro que debe haber sido para ellos después de haber pasado toda su vida juntos”.

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