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La UE corteja a Orbán ante su amenaza de boicotear a Ucrania

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en su visita a Viktor Orbán en Budapest el 27 de noviembre.

Irene Castro

Bruselas —

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La historia se repite. Mismos protagonistas y mismo escenario, a falta de ver cómo termina de escribirse el guion. El ultraderechista Viktor Orbán amenaza con boicotear la próxima reunión del Consejo Europeo, como hizo el año pasado. La retórica se ha mantenido estos doce meses y, más allá de las palabras, ha pasado a la acción con el bloqueo de 500 millones de euros de ayuda militar a Kiev, que ha sido la antesala de su rebelión contra la UE y también contra Ucrania. Ante esa situación, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, viajó a Budapest para cortejar al socio más complicado de los últimos tiempos, pero Orbán no ha bajado ni un decibelio mientras su Gobierno negocia con Bruselas la letra pequeña de la reforma judicial y se allana el camino para el desbloqueo de 10.000 millones de euros.

Si la UE tiene en la apertura de las negociaciones de adhesión con Ucrania su principal gesto político hacia Kiev tras 19 meses de guerra, Orbán pone ese camino cuesta arriba. En una carta remitida a Michel en los prolegómenos de la cita ómnibus de los 27, el líder húngaro amaga con torpedear toda la política europea hacia Kiev, que requiere de unanimidad. A la apertura de las negociaciones de adhesión, que es una inyección de ánimo para los de Volodímir Zelenski, y los 500 millones de ayuda militar paralizados, se suman decenas de miles de millones planificados por Bruselas para los próximos años. 

“El Consejo Europeo debe mantener un debate franco y abierto sobre la viabilidad de los objetivos estratégicos de la UE en Ucrania”, señalaba Orbán en su misiva. Un golpe en la línea de flotación de los 27, que han tratado de mantener una posición de unidad en torno al férreo apoyo a Ucrania, pese al húngaro, que es el más cercano a Vladímir Putin y que defiende una aproximación diametralmente opuesta: dejar de financiar y suministrar armamento a Kiev para forzar una negociación. “El comienzo de las negociaciones sobre la adhesión de Ucrania a la UE hoy no coincide con los intereses nacionales de Hungría”, sentenció Orbán en una entrevista este viernes, a escasas dos semanas de que se reúnan los 27 para tomar, entre otras, esa decisión.

De poco parecen haber servidos las dos horas en las que Michel abordó con Orbán las cuestiones que figuraban en su carta. Las alarmas han saltado en la UE ante la posibilidad de que se bloquee todo: desde la apertura de las negociaciones con Ucrania hasta la revisión del Marco Financiero Plurianual (una negociación ya de por sí compleja pero que se puede sortear en una negociación política al uso en el seno de los 27). 

Orbán habla otro idioma. Y más a las puertas del ciclo electoral. Cuando Michel aterrizó en Budapest, la ciudad estaba empapelada con carteles con los rostros de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el hijo del magnate George Soros, que es una de las obsesiones del líder ultraderechista. 

El primer ministro húngaro ha lanzado una batalla contra los “tecnócratas” de Bruselas, contra los que ha subido el tono en la recta final del mandato. “El Presupuesto es un desastre, el Pacto Migratorio ha fracasado y la estrategia bruselense sobre la guerra entre Rusia y Ucrania es básicamente errónea. En esta situación, Hungría no puede apoyar ninguna propuesta de reforma presupuestaria”, dijo en un vídeo grabado en Granada, antes de participar en la cumbre de líderes en la que bloqueó, junto a su homólogo polaco, por segunda vez las conclusiones sobre migración.

También ha propuesto una consulta de once preguntas absolutamente sesgadas que ponen claramente en la diana a la UE. “En los últimos años Bruselas ha apoyado a organizaciones palestinas. Una parte de esos apoyos llegó a Hamás. En Europa, masas de inmigrantes celebran los ataques terroristas y, así, el terrorismo amenaza a Europa debido a que Bruselas anima la inmigración”, señala la introducción de una de las preguntas, según recoge EFE. La Comisión Europea reevaluó las ayudas que envía a Palestina y descartó que se destinara ni un solo euro a financiar organizaciones terroristas. 

“Las consultas nacionales son un asunto para las autoridades nacionales. Invitamos a todos los ciudadanos húngaros que se quieran informar sobre las políticas europeas a que consulten nuestra excelente información para formarse una opinión”, intentó despejar el portavoz de la Comisión Europea, Eric Mamer, que aseguró que Von der Leyen se mostró imperturbable al ver los carteles con su cara y la del hijo de Soros. 

10.000 millones para Budapest en la pista de salida

Orbán clama contra Bruselas en gran medida porque mantiene congelados más de 22.000 millones de euros por su deriva autoritaria. A pesar del ruido del Gobierno ultranacionalista, el día a día a nivel técnico continúa, y la Comisión Europea está allanando ya el camino para desbloquear parte de ese dinero. “Ha habido un progreso significativo”, señalan fuentes comunitarias sobre la reforma judicial que ha llevado a cabo en los últimos meses del Gobierno de Orbán.

En septiembre, los técnicos comunitarios hicieron una serie de preguntas al Ejecutivo húngaro, que respondió y a principios de noviembre envió un nuevo paquete de cuestiones, que está a la espera de respuesta. Una vez se produzca la notificación formal por parte de Hungría, la Comisión Europea tendrá nueve días para responder. Esas mismas fuentes apuntan al desbloqueo de 10.000 millones de euros. Entre las medidas que Bruselas ve con buenos ojos están el fortalecimiento de la independencia del Tribunal Supremo o la eliminación de “obstáculos” para elevar asuntos al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE).

El grueso de los fondos no se desbloqueará porque Hungría aún tiene trabajo pendiente en materias como el asilo, la libertad académica o la ley de protección de menores, que hizo saltar las alarmas en Bruselas por la vulneración de los derechos LGTBI.

Los pasos se producen a las puertas de la tensa cumbre de diciembre y coinciden con el visto bueno al plan de recuperación, que supuso el pago de un primer desembolso de 900 millones de euros que no están condicionados. El resto de los 10.400 millones totales están sujetos al cumplimiento de 27 hitos –de los que cuatro tienen que ver con la reforma judicial ya en marcha–. Pero a nadie le ha pasado desapercibida la decisión del gobierno comunitario. 

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