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Almirante 15 y 16, portales en los que merece la pena fijarse en un rápido paseo

Entrada al edificio del número 15 de la calle Almirante | SOMOS CHUECA

Hacer turismo en nuestra propia ciudad o, incluso, en nuestro barrio, merece la pena. No hace falta desplazarse cientos de kilómetros para encontrar agradables sorpresas con las que reconfortar el alma a poco que uno camine con los ojos bien abiertos y la curiosidad en modo 'on'. Hay pequeñas recompensas en las calles de Justicia para quienes se animen a aceptar este reto; ideal, además, para abandonarse a él en esta época de pandemia y distancia social.

Sin ir más lejos, algunas de esas recompensas de las que hablamos podemos hallarlas en la calle Almirante, en la contemplación de dos portales enfrentados de edificios residenciales de finales del siglo XIX, los de los números 15 y 16 de esta vía entre Barquillo y Recoletos, que toma su nombre de Juan Gaspar Enríquez de Cabrera, décimo Almirante de Castilla.

A la belleza de sus señoriales puertas de madera, desprovistas desde hace unos años de esa pintura verde característica que ocultaba la nobleza del material en buena parte de muchos edificios del centro de Madrid, se unen en esos inmuebles entradas semi palaciegas dignas de ser contempladas con atención, con escaleras y piezas de mármol, resultones adornos modernistas en paredes y enrejados, columnas clásicas y hasta techos pintados.

Almirante, 16

Almirante, 16

Almirante 15

Almirante 15

El nacimiento de una parte del barrio

El nacimiento de una parte del barrio

A partir de 1840 la presión demográfica en la ciudad de Madrid empujó a ir aumentando paulatinamente el número de viviendas disponibles en la ciudad, para lo que había que superar los límites de la cerca de Felipe II y ganar terrenos agrícolas y campos para la urbe. En ese contexto fue cuando en la segunda mitad de la citada década se planteó actuar sobre los aledaños del paseo de Recoletos, ensanchándolo a costa de las huertas y corrales que, principalmente, lo rodeaban.

Es así como iría naciendo poco después el entorno isabelino formado por calles como Gravina, Prim, Fernando VI y, por supuesto, Almirante. Los edificios de los que hablamos deben de haber sido construidos en el último cuarto del XIX, aunque en el visualizador urbanístico del Ayuntamiento de Madrid no figura una fecha precisa. En el del número 15 destaca además, el trabajado del enrejado de su ascensor, un elemento que comenzó a instalarse en algunos edificios burgueses en los con la llegada del nuevo siglo, después de que el primer elevador que hubo en Madrid se colocara en 1877 en la calle Alcalá.

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