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Ocho millones de coches quedarán sin fabricar por la escasez de chips

Volkswagen Polo, el coche mas producido y exportado en España en 2015.

Víctor Celaya

Al igual que cuando dieron comienzo los confinamientos en marzo de 2020, tras estallar la pandemia de covid-19, los más optimistas pensaron que aquella crisis sería cuestión de unas pocas semanas, la actual carestía de semiconductores para automoción -y para otros muchos sectores- también le pareció al mismo colectivo una anomalía que, derivada igualmente de los desajustes provocados por aquella, no tardaría mucho en neutralizarse.

La realidad, no obstante, es que los problemas de suministro se prolongan ya por espacio de varios meses y sitúan a los fabricantes en una tesitura inédita: después de ver mermadas sus ventas durante 2020, primero por el cierre de fábricas y concesionarios y luego por las limitaciones de todo tipo derivadas de la crisis sanitaria, ahora son los clientes los que demandan coches y ellos no pueden atender sus peticiones por falta de componentes -los famosos chips- para fabricarlos.

Directivos del Grupo Volkswagen o de Daimler han expresado en fechas recientes que el problema está lejos de llegar a su conclusión y prevén que se prolonguen incluso hasta el verano de 2022, por más precisión hasta el principio del segundo semestre de año.

Como es sabido, la escasez de semiconductores ha alterado profundamente la actividad industrial de las marcas de automóviles. En Estados Unidos son tan espectaculares como dolorosas de ver -para la firma en cuestión- las gigantescas campas de Ford, por ejemplo, atestadas de vehículos aparentemente terminados pero realmente a la espera de un envío de chips suficiente para concluir la producción.

En España, muchas fábricas han tenido que modificar los turnos de trabajo y también detener completamente algunas líneas de producción debido a la situación. Marcas como Volkswagen han optado por la estrategia de Ford, de despachar el coche a falta de ciertos semiconductores -en ningún caso los relacionados con la seguridad-, en tanto que el grupo Stellantis prefiere esperar a las piezas y ensamblar el vehículo completo y listo para enviarse al concesionario.

Para paliar los varapalos industriales con medidas de índole comercial, hay quien ha decidido eliminar temporalmente de su catálogo las versiones más económicas de ciertos modelos y centrarse en las más equipadas o lujosas, que son las que mayor margen de beneficio reportan. De este modo se explica que alguna marca anuncie beneficios superiores a los del año pasado a pesar de haber tenido que llegar al extremo de cerrar centros de producción.

Pues bien, todos estos contratiempos nunca vistos hasta la fecha en el sector se van a traducir en números desorbitados en cuanto a producción no realizada. La consultora estadounidense AlixPartners calcula en uno de sus últimos informes que antes de que acabe este 2021 serán un total de 7,7 millones los vehículos que no llegarán a fabricarse debido a la falta de chips.

Para entonces, la industria de automoción habrá perdido del orden de 210.000 millones de dólares, unos 185.000 millones de euros. Este cálculo modifica a la baja el realizado por la misma firma de consultoría en mayo, cuando pronosticó que el coste rondaría los 110.000 millones de dólares (97.000 millones de euros) y la cifra de coches no fabricados, los 3,9 millones, en comparación con un ejercicio considerado normal.

Cierres en Malasia y reacciones en cadena

Mark Wakefield, responsable de la rama automotriz e industrial de AlixPartners, ha desgranado en declaraciones al medio británico Automotive News algunas de las claves de la actual crisis de los semiconductores: “Naturalmente, todo el mundo esperaba que la crisis de los chips hubiera disminuido más a estas alturas, pero eventos desafortunados como los cierres provocados por el covid-19 en Malasia y los problemas continuos en otros lugares han complicado mucho las cosas”.

Wakefield explica también que la detención de algunas líneas de producción y la alteración en sus procesos origina un efecto dominó que acaba afectando a compañías de distinta índole. “Prácticamente cualquier escasez o interrupción de la producción en cualquier parte del mundo afecta a empresas de todas partes, y los impactos ahora se amplifican debido a todas las demás escaseces”.

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