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Depedro y Morgan animan con talento la primavera en el TCM

Y pena la nuestra, pues hay que ver qué poco rato dura la vida eterna entre acordes, teclados y voces de la banda madrileña

Todo su ser integrado en una gran banda con un nivel instrumental estratosférico y una compenetración a prueba de claqueta.

Morgan en el Teatro Circo de Murcia

Depedro en el Teatro Circo de Murcia J.L.

Seguro se nos habrían ocurrido formas diversas de pasar la noche previa a nuestro esperado Bando de La Huerta, pero ninguna como la apuesta que hizo la noche del 22 de abril el Teatro Circo de Murcia. Hay cosas que solo se pueden vivir, por mucho que te las cuenten, nada… Y la noche del lunes vivimos, ¡vaya que si vivimos! Fue gracias a Morgan y a Depedro, que juntos, pero no revueltos, amenizaron la noche previa a nuestro día más castizo. Desaparecieron las butacas del patio para permitirnos casi pisar las tablas del escenario. Acudimos a la cita treintañeros, cuarentones y cincuentones. Lo mejor de cada barraca, ya saben, los nuevos veinte, y comenzamos.

Y allí estaba esa gran banda, compuesta por Alejandro Ovejero al bajo; Ekain Elorza, a la batería; Paco López, a la guitarra y coros;  David Schulthess, al piano y teclados; y Carolina de Juan, a la Voz, al Piano y al alma.<>, nos dijo Nina de Juan poco después de aterrizar. Y pena la nuestra, pues hay que ver qué poco rato dura la vida eterna entre acordes, teclados y voces de la banda madrileña. Una hora de concierto donde repasaron sus mejores temas: Planet Earth, Oh Oh, Marry You o Sargento de Hierro estuvieron presentes en la contienda.

Ella. La mujer al piano, con los pies en el escenario y el alma en la cúpula de nuestro teatro circo que, aunque desnudo, se sintió arropado por cuantos pisamos sus pasillos y bailamos sobre sus butacas baldías en una noche como aquella.  Supo arrancar aplausos y emociones con esa voz y esa inocencia que parece pedir permiso hasta para dar las gracias. Cuando realmente nosotros, espectadores, seguimos con el vello de punta por cuantos matices y tonalidades alcanzaron sus cuerdas vocales.

Todo su ser integrado en una gran banda con un nivel instrumental estratosférico y una compenetración a prueba de claqueta. Su mayor exponente, a sabiendas que es el conjunto lo que enriquece, Paco López a la guitarra, quien demuestra que no solo se trata de la habilidad que tengas para pasear los dedos por cada uno de sus trastes y cuerdas, sino que se trata de sonar como suena. De sonar y que el tiempo se pare, se haga el silencio y se escuche un suspiro entre nota y nota.

Morgan se despidió dando paso a Depedro, augurando de antemano lo bien que lo íbamos a pasar. Así pues, irrumpió un hombre bueno en el escenario, que cambió su capa y sombrero por una dosis exacerbada de buenos propósitos y esmero.  Comenzó el músico Jairo Zabala a Ser valiente desde el inicio, preguntándonos si ¿Hay algo ahí?, y allí estaban reivindicándose los miembros de la banda: Héctor Rojo, al bajo; Andrés Litwin, a la batería; Kike Fuentes, a la guitarra eléctrica; y David Carrasco, al saxofón y a lo que venga. Y Como el viento nos llevaron en danza, con esa mezcla de ritmos que te transportan a tantos sitios como seamos capaces de bailar, que no imaginar, pues supieron hacerlo un hecho, hacerlo realidad.

Anduvimos entre Flores y Tamales recorriendo los Andes al son de ritmos latinoamericanos, para darnos de bruces con Chavela Vargas y su Llorona entre las manos. Volvimos a cruzar el charco entre Nubes de papel, a lomos de esa voz, la de Jairo, que tiene tantos sabores como anhelos, gritos y llantos. Desembarcó con El Pescador del escenario para que mordiéramos el anzuelo con sus cantos. Rodeándolo celebramos con vítores que con Depedro andábamos danzando. Y no pudo faltar un Diciembre en abril, para recordarnos que las historias de amor con mayúsculas florecen a este lado de la Panamericana, a pesar de cuantas mil batallas debamos de librar y en cuantos locos soñadores nos tengamos que encarnar. Y mientras tanto, colgamos de un cordel, de esquina a esquina, un cartel y banderas de papel verdes, rojas y amarillas, siguiendo la Fiesta del maestro Serrat que versionaron con acierto.

Y así consiguió Depedro hacernos vivir una noche apoteósica, de jazz, country, soul y rock and roll. Se entregaron en cuerpo y alma, y así se lo devolvimos, haciendo lo propio los murcianos. 

Bajamos pues el telón agradecidos y con las últimas palabras de Nina de Juan: <<Si volvemos, que volváis; daros amor, cariño, y no dejéis de votar el domingo>>.

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