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UCAM Murcia: el club de los ‘esforzadistas’

A pesar de las numerosas bajas, el UCAM Murcia llevó a cabo un esfuerzo sobrehumano para remontar 21 puntos de desventaja frente a Valencia Basket, pero terminó perdiendo en el último suspiro: 91-93

UCAM CB Murcia 91 - Valencia Basket 93

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Solemos decir que, en general, los aficionados al deporte en general, y al baloncesto en particular, somos ‘resultadistas’; es decir, que sólo valoramos el resultado positivo, mientras que el resultado negativo nos lleva invariablemente a sacar el hacha para hacer leña del árbol caído. También se ha llegado a caracterizar de ese modo a la afición murciana, cuya piel se ha curtido en mil batallas y sinsabores, en derrotas amargas y en unas cuantas gestas épicas que, hasta hace un par de años, se limitaban a evitar el descenso o a lograr el ascenso. Siempre in extremis, siempre sufriendo, y casi siempre tumbando a la lógica y a los pronósticos.

Por supuesto, un servidor niega la mayor: la afición murciana en general, entre la que me he de incluir desde 1988, nunca ha sido ‘resultadista’ sino ‘esforzadista’. Alguna excepción habrá, como la hay en toda regla, pero los hechos y la historia refuerzan mi opinión. Murcia ha valorado tradicionalmente el esfuerzo por encima de los resultados. A todos nos gusta ganar, todos queremos ganar, pero nunca se ha aspirado a la victoria ciega, lograda sin argumentos, ni se ha exigido un rendimiento por encima de la realidad o de nuestras posibilidades; antes bien, se ha sufrido con el CB Murcia, se le ha animado y se le ha aplaudido en la derrota cuando se ha visto el esfuerzo, cuando ha luchado todo lo que podía luchar y un poco más. Y se ha llorado con el equipo, y al día siguiente se le ha vuelto a animar con la misma ilusión.
De Fotis Katsikaris aplaudimos y reconocimos, como ahora empezamos a aplaudir y reconocer de Ibón Navarro, el haber imprimido y mantenido un gen competitivo en el club murciano sin importar el rival que tenga enfrente; el haber tallado esa filosofía tan ansiada del esfuerzo y la dureza, el haber labrado esa imagen ante el mundo de “puede que me ganes, pero te va a costar sangre, sudor y lágrimas”. Es evidente, porque ahí están las tres últimas campañas del club para demostrarlo, que el salto se ha producido en las aspiraciones y en las batallas que se están librando ahora, ya en la zona media de la ACB, y gracias al innegable apoyo económico del actual propietario, la Universidad Católica, así como del resto de patrocinadores, administraciones públicas y aficionados. Pero, hay que decirlo, ese espíritu combativo y esa filosofía del esfuerzo, sólo quebrada en algunas temporadas aciagas, ya existía en el Club Baloncesto Murcia; esa afición ‘esforzadista’ y nunca ‘resultadista’ ya se sentaba alrededor de su equipo -primero en el Príncipe de Asturias y después en el Palacio- para animar y sentirse orgullosa de sus colores tanto en la victoria como en la derrota.

De todo esto que cuento podría citar muchos ejemplos, pero me remitiré al de la temporada 1993/94: tras un descenso deportivo no consumado, con un Palacio de los Deportes a medio construir por y para este club, y con unos recursos económicos escurridos al máximo, el CB Murcia construyó un equipo humilde y lo puso en las manos de José María Oleart. Ese equipo, que contaba con gente como John Ebeling, Jim Thomas, Paco Martín, Jordi Grau, Jeffreis, Rosa o Pedrera, y al que después se unirían Quini García, Dicenta y Morningstar, fue capaz de combatir y perder una y otra vez, y de llevarse siempre el aplauso de la grada. Por eso, en el momento decisivo y con todo en contra, se unió como una roca y lanzó el “puede que me ganes, pero te va a costar sangre, sudor y lágrimas”. Y se ganó la permanencia por la épica, pasando a la historia como uno de los dos equipos en la historia de la ACB que ha conseguido remontar un 2-0 desfavorable en un playoff, y con el factor pista en contra. El relato se aderezó con otros ingredientes de película que no repetiré aquí.

Pues bien: tras la derrota por los pelos que sufrió el UCAM Murcia en la última jornada de la Liga Endesa, lastrado por la baja de tres de sus jugadores más importantes -Oleson, Antelo y Faverani-, y ante el actual campeón de liga y flamante equipo de Euroliga, el Valencia Basket, la afición murciana obsequió con una merecida ovación a su equipo y le reconoció su esfuerzo. La gente aplaudió a Ibón Navarro, porque si algo se le puede aplaudir a un entrenador, es precisamente hacer crecer y hacer creer a los jugadores que tiene a sus órdenes: hacerlos crecer es hacerlos mejorar, minimizar sus defectos individuales -y con ellos, los colectivos del equipo- y potenciar sus virtudes -con lo que se incrementa el rendimiento de todos-; y hacerlos creer es convencerlos de que con el trabajo que desarrollan, pueden competir contra cualquier rival, pueden mirar a los ojos a cualquiera y pueden seguir con la cabeza alta aunque pierdan.

Murcia aplaudió a Benite y a Urtasun por su personalidad y su carácter, y por ser capaces de meterlas de todos los colores; aplaudió a Kloof porque alucinó con su actitud y sus aptitudes defensivas, un portento físico con una cabeza poco a poco mejor amueblada que todavía debe dar mejores resultados; aplaudió el espíritu siempre combativo de Rojas, que encarna esos valores que tanto apreciamos; aplaudió la mejoría de Lukovic y sus gestos de rabia y orgullo; aplaudió a Tumba y a Delía, que hacen cada vez más y mejores cosas en bien del colectivo, y que tuvieron que hacer frente a dos jugadores de nivel ‘top’ como Djublevic y Pleiss, que son los que finalmente decantaron la balanza; aplaudió también el esfuerzo de Hannah, e incluso el de Soko, a pesar de que el británico sigue sin regresar a la Tierra.

Por supuesto, no todo estuvo genial: no ayudaron las bajas (Navarro puso en pista a 9 jugadores, por los 12 que empleó Vidorreta); los comienzos de partido del equipo rojiblanco le continúan lastrando, y ante una plantilla como la que tiene Valencia, la penalización es mayor (el marcador de 12-26 del primer cuarto es el peor de lo que llevamos de temporada); tampoco ayudó que se escaparan algunos tiros libres en la fase decisiva, o que en la última jugada no le pudiera llegar el balón a Benite para probar suerte con el triple. Sin embargo, finalmente, la afición ‘esforzadista’ murciana supo reconocer que su equipo obligara a Valencia Basket a dar lo mejor de sí para derrotarle y que tuviera que firmar unos porcentajes de acierto brutales para compensar todos los balones que su intensidad defensiva les llevó a perder, y así fue cómo los Vives, Rafa Martínez, Pleiss y, en el último suspiro, Djublevic, tuvieron que meterse en la cabina de teléfono y ponerse la capa de superhéroes para llevarse el triunfo de Murcia.

Lo que está por venir ahora, en la BCL, es el Dinamo Sassari de Bamforth, un partido en casa que vendrá muy bien a los murcianos después de romper el cuentakilómetros la semana pasada. Los italianos, favoritos a pasar de ronda, han perdido sus dos partidos de competición europea y querrán mojar en Murcia. Tal y como anunció Ibón Navarro, el partido también servirá para ir metiendo en juego a Faverani. El entrenador ya ha asumido que la incorporación del hispano-brasileño sumará cosas, pero restará otras, y por eso su nuevo reto es potenciar lo positivo y minimizar lo negativo, para que Vítor, Delía y Tumba sean capaces de asociarse y multiplicar las virtudes de los demás. Trabajo no va a faltar, y esfuerzo, tampoco.

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