Sueldos cruzados y 'comisarios políticos': así se reorganiza la fontanería de Vox en Murcia tras la caída de Antelo
El terremoto que descabalgó a José Ángel Antelo del control de Vox en la Región de Murcia ha dejado de emitir grandes sacudidas, pero sus réplicas siguen moviendo los sillones de las instituciones murcianas. Una vez asentados los 'pesos pesados' tras la purga de Abascal, ahora que los movimientos de mayor tectónica han terminado de cristalizarse, el foco se desplaza a la fontanería interna del partido, a los puestos de menor calado orgánico, pero generosamente retribuidos con dinero público, donde la formación parece estar premiando la lealtad en medio de su particular 'juego de tronos'.
El ejemplo más nítido de esta reconfiguración tiene nombre propio: Isidro Carrasco Martínez. El que fuera candidato a la alcaldía y actual portavoz de Vox en Águilas ha cruzado la comarca, al menos sobre el papel, para estrenar un nuevo cargo, el de asesor del grupo municipal en el Ayuntamiento de Cartagena. Una pirueta administrativa que sitúa al concejal aguileño a 80 kilómetros de su base política, pero con un pie firme en la nómina del consistorio cartagenero.
El perfil profesional de Carrasco, accesible a través del portal de transparencia del Ayuntamiento de Águilas, dice que cursó sus estudios de Bachillerato para pasar a ser un “empresario dedicado al sector servicios y comercio”. Tras su paso por la junta directiva y el grupo municipal del Partido Popular en Águilas, Carrasco encontró acomodo en las siglas de Abascal, convirtiéndose en el rostro visible de Vox en la localidad aguileña. Un trasvase de siglas que ahora se traduce en un pluriempleo público a caballo entre dos municipios.
La recompensa por este nuevo cometido en Cartagena, adelantada por La Opinión, asciende a algo más de 17.000 euros anuales por una jornada parcial. Este sueldo se suma a las dietas que Carrasco ya percibe en Águilas: 440 euros por cada pleno ordinario, además de los ingresos por juntas de portavoces y comisiones. Al no tener dedicación exclusiva en su municipio, la ley le permite este encaje de bolillos financiero que le garantiza presencia (y retribución) en dos de los ayuntamientos más importantes de la Región.
Esta ubicuidad institucional y el encaje de sus retribuciones no son, para quienes conocen las tripas de la formación, una casualidad administrativa. Fuentes que vivieron en primera persona la fontanería de Vox en la Región durante sus años de mayor crecimiento ponen nombre y apellidos a esta práctica: 'comisariado político'.
La crítica no solo llega desde las filas de los ex de Vox. Desde el PSOE de Águilas, su secretario de organización, Manuel Pino Aldeguer, califica el nombramiento de “ejemplo perfecto de oportunismo político”. Los socialistas aguileños han denunciado la “enorme contradicción” que supone que un dirigente que se presenta como un “humilde empresario” ajeno a la política profesional, encadene en realidad una larga lista de puestos públicos: desde asesor en el consistorio de Águilas y en la Asamblea Regional hasta su actual pluriempleo en Cartagena.
“No se puede construir un discurso contra el enchufismo y el 'chiringuitazo' mientras se accede a ellos”, señalan los socialistas, subrayando que Carrasco percibirá estos 17.000 euros anuales extra mientras su formación “se niega sistemáticamente a subir el salario mínimo interprofesional en España”.
Mientras el Ayuntamiento de Cartagena formaliza la nueva nómina de Carrasco, estas mismas fuentes conocedoras de las cañerías del partido denuncian que estos puestos no buscan eficiencia técnica. Para antiguos cuadros de la formación, se trata de una estrategia para “remunerar a personas que en realidad no ayudan al grupo, sino que lo vigilan”, convirtiendo a los asesores en “comisarios políticos” a sueldo del contribuyente.
Para estas voces que conocen bien el funcionamiento interno de la formación, este perfil es una elección deliberada: “Abascal necesita gente que fuera del partido tenga problemas para ganarse la vida y que, por tanto, obedezca sin dudar por miedo a perder la nómina”, explican.
La red de intereses tras la caída de Antelo
Sin embargo, el nombramiento de Carrasco en Cartagena parece ser solo el último eslabón de una cadena de favores cruzados que alcanza la capital murciana. En medio de estos cambios se inscribe la reciente contratación de Nerea Alzola, quien fuera candidata de Vox en Bizkaia y actual pareja de Luis Gestoso -hombre fuerte de Madrid en la Región tras la caída de Antelo-, en el nuevo listado de cargos de libre designación del grupo municipal de Vox en el Ayuntamiento de Murcia, cobrando un sueldo de 60.000 euros. Según adelantó La Opinión, Alzola estaba contratada previamente por el partido y fue despedida el pasado 12 de febrero para encontrar, apenas dos semanas después, un nuevo acomodo en el consistorio de la capital murciana bajo la tutela de Gestoso.
Este patrón de “seguridad financiera” para los leales se repite en otros municipios. El concejal aguileño Isidro Carrasco, ahora también pluriempleado, ejerció su poder en el pasado mes de diciembre en Águilas para colocar como personal de confianza a Carmen Millán Serrano, con un sueldo de 27.000 euros anuales. El nombre de Millán no es casual: es la nuera de Carmen Menduiña, la influyente portavoz de Vox en Lorca, secretaria del Comité Ejecutivo Provincial de Murcia y pieza clave en el sector crítico que forzó el relevo en la dirección.
Esta red de parentescos y cargos cruzados confirma, según voces críticas que formaron parte del proyecto original de Vox en la Región, la “patrimonialización” de la formación en la Región. “Han montado un negocio; [Abascal] se ha asociado con determinados grupos de interés y utilizan las instituciones como su cortijo privado”, afirman, señalando que mientras el partido se “desangra” en militancia, la cúpula se blinda colocando a los suyos en puestos donde “a menudo no pueden acreditar haber realizado trabajo alguno”.
El nombramiento de Carrasco en el Ayuntamiento de Cartagena, además, coincide con una serie de movimientos en la formación ultraderechista que empezaron con la dimisión de Diego Salinas, hasta hace pocas semanas primer vicealcalde de Cartagena, de sus cargos en Vox, en solidaridad con el hasta ahora presidente del partido, José Ángel Antelo. Salinas criticó que la “deriva” del partido se había vuelto “incompatible con los valores” que él defiende.
La llegada de Carrasco a Cartagena ocurre en medio del fuego cruzado que ha dejado la salida de Diego Salinas. El hasta hace poco vicealcalde cartagenero abandonó sus cargos en solidaridad con Antelo, denunciando una 'deriva' del partido ajena a sus valores.
Su renuncia ha sido el pistoletazo de salida para una cascada de ascensos y reproches: mientras el edil de Vox Gonzalo López Pretel tomaba el mando y acusaba a su predecesor de traición, la concejala Beatriz Sánchez del Álamo ocupaba el hueco en la Junta de Gobierno. En este tablero de piezas moviéndose a contrarreloj, el sueldo de asesor de Carrasco aparece como un pegamento para asegurar lealtades en una Cartagena políticamente convulsa.
Un modelo de control exportado desde Madrid
Expertos jurídicos que han seguido de cerca la deriva orgánica del partido también advierten de que este sistema de asesores-vigilantes roza la ilegalidad: “Es absolutamente inconstitucional. Nuestra Constitución prohíbe el mandato imperativo, pero Vox usa el dinero público de las asesorías para asegurarse de que el concejal vote lo que el partido le manda desde fuera”.
La caída de José Ángel Antelo, nombrado presidente de la gestora de Vox en octubre de 2020 y vicepresidente de la Región en septiembre de 2023 hasta julio de 2024, forma parte de la purga que Santiago Abascal está llevando a cabo contra las figuras más fuertes de Vox en los distintos territorios de la geografía nacional, y que ya se ha cobrado las cabezas de otros nombres del partido como Javier Ortega Smith o Juan García-Gallardo.
Su salida del ejecutivo autonómico ha provocado una fuerte división en el partido, dejando un crisol de sillas y sillones libres que no están tardando en ser asignadas. Pero no todos aceptan el reparto: en Totana, el grupo municipal entero prefirió el portazo a la sumisión, abandonando el partido tras ver cómo se 'despachaba' a quien se había “dejado la vida por el proyecto”. Es la paradoja de la nueva etapa de Vox Murcia: una formación que se desangra en militancia y cargos electos mientras reconfigura su red de cargos menores para los que deciden quedarse a bordo. Consultados por este medio, desde el departamento de prensa de Vox Murcia han declinado hacer valoraciones sobre estos nombramientos.
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