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El laboratorio en un túnel de Cartagena que pregunta a los peces a qué hora quieren comer

Trabajo de acuicultura en mar abierto inspeccionada por un buzo.

Gloria Piñero

2 de noviembre de 2026 22:07 h

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¿A qué hora prefieren comer los peces? ¿Eligen siempre la misma temperatura para vivir o sus preferencias cambian a lo largo del día? Conocer la respuesta tiene importantes consecuencias para la acuicultura. En la Estación Naval de la Algameca, en Cartagena, un equipo de investigadores de la Universidad de Murcia (UMU) lleva dos décadas estudiando estas cuestiones con un planteamiento particular: dejar que sean los propios animales quienes expresen sus preferencias.

Su laboratorio se encuentra en el interior de unos antiguos túneles excavados en la montaña, dentro del Arsenal Militar de Cartagena. Allí, el grupo de investigación de Nutrición del Departamento de Fisiología de la Facultad de Biología, dirigido por Francisco Javier Sánchez, se dedica a estudiar la fisiología de los peces y diseñar cómo aplicar el resultado de sus investigaciones a la producción acuícola.

El laboratorio comenzó a funcionar en 2005, después de que la UMU consiguiera una ayuda estatal para acondicionar el espacio y dotarlo de tanques, bombas y sistemas de filtrado. Su ubicación ofrece dos ventajas fundamentales: la proximidad al mar, que permite trabajar con circuitos abiertos y agua de mayor calidad, y el aislamiento ambiental que proporciona el túnel. “La temperatura es muy estable durante todo el año y, además, está a oscuras, de manera que podemos controlar perfectamente tanto la luz como la temperatura de forma artificial”, explica Sánchez. Esta particularidad resulta especialmente útil para un grupo que centra buena parte de sus investigaciones en los ritmos biológicos de los animales, estrechamente relacionados con los ciclos ambientales.

Comederos que funcionan cuando los peces lo piden

Una de las líneas de trabajo en las que el equipo murciano ha sido pionero es el estudio de los ritmos de alimentación mediante comederos a demanda. El sistema permite que los peces activen voluntariamente el dispensador de comida mediante un pequeño sensor situado en el agua. Cuando tiran de él, el mecanismo libera alimento y registra el momento en el que se produce la demanda. “Esto nos permite preguntarle al animal a qué hora desea comer”, señala el investigador. A partir de los registros informáticos, los científicos pueden conocer sus horarios de alimentación y determinar si presentan hábitos diurnos o nocturnos.

Infografía sobre el funcionamiento de los comederos a demanda desarrollados por el equipo de Francisco Javier Sánchez. CEDIDA

La información tiene una aplicación directa en las piscifactorías, ya que permite diseñar horarios adaptados a las necesidades de cada especie. Alimentar a los animales cuando muestran mayor apetito puede mejorar el aprovechamiento del pienso y evitar que parte de este termine acumulándose en el fondo de los tanques o del mar.

El sistema ha evolucionado hasta permitir que los peces elijan entre varios comederos con alimentos de distinta composición. De esta forma pueden seleccionar por sí mismos los nutrientes que necesitan, como proteínas, carbohidratos o lípidos. Sánchez explica que esta capacidad se conoce como sabiduría nutricional: “Los animales son perfectamente capaces de autorregular la ingesta”. Una posibilidad que abre nuevas vías para investigar sus necesidades alimentarias y desarrollar dietas más ajustadas a su fisiología.

Los peces también eligen su temperatura

Otra de las investigaciones más recientes del laboratorio estudia cómo seleccionan los peces la temperatura del agua. Para ello utilizan tanques de gradiente térmico, instalaciones en las que un extremo se mantiene más frío y el otro más caliente. Los animales pueden desplazarse libremente entre diferentes compartimentos mientras un sistema de cámaras y un programa informático registran sus movimientos.

El objetivo es averiguar qué temperatura prefieren en distintas circunstancias: durante su actividad cotidiana, cuando están sometidos a estrés o cuando padecen alguna infección.

La explicación tiene que ver con una particularidad de su fisiología. A diferencia de los mamíferos, los peces no regulan internamente su temperatura corporal, sino que esta depende de la del agua. Sin embargo, cuentan con mecanismos de respuesta ante determinadas situaciones fisiológicas. “Los peces no tienen la capacidad de desarrollar fiebre, pero sí pueden desarrollar lo que se llama fiebre comportamental: desplazarse a zonas donde la temperatura es más elevada”, explica Sánchez. Este comportamiento puede ayudarles a responder frente a una infección o una situación de estrés.

Los experimentos también han permitido observar que sus preferencias térmicas cambian a lo largo del día. Habitualmente, los peces se desplazan hacia las zonas más cálidas durante las horas diurnas y buscan aguas más frías por la noche. “Tenemos un ritmo de tolerancia térmica. Por el día se toleran muy bien temperaturas elevadas, pero por la noche necesitamos que baje la temperatura”, señala el investigador, que compara este fenómeno con la dificultad para dormir durante las noches tropicales del verano murciano.

Estos resultados tienen especial interés en un contexto de calentamiento de las aguas y de transformación de las condiciones ambientales del Mediterráneo. Conocer las preferencias térmicas de cada especie permite estudiar cómo responde ante diferentes escenarios y establecer condiciones de cultivo más adecuadas.

Investigación y empresa

Los resultados del laboratorio no se quedan en el ámbito académico. El grupo mantiene una estrecha colaboración con empresas del sector acuícola, que participan en proyectos de investigación y reciben directamente los conocimientos generados. Algunas de las últimas tesis doctorales dirigidas por el equipo son industriales, lo que permite a los investigadores desarrollar parte de su trabajo en las propias empresas.

Esta transferencia de conocimiento resulta especialmente importante para las instalaciones de producción en tierra, donde es posible controlar artificialmente la temperatura y la iluminación. “Muchas veces hay empresas que se empeñan en mantener la temperatura constante y esa no es la óptima”, advierte Sánchez. Sus investigaciones apuntan a la conveniencia de reproducir las oscilaciones naturales, con temperaturas más elevadas durante el día y más bajas por la noche.

El propósito es mejorar la productividad sin perder de vista el bienestar animal. “Uno de los objetivos de la investigación es no solo mejorar la productividad desde el punto de vista económico o del crecimiento, sino también salvaguardar el bienestar de los peces”, subraya.

Desde su puesta en marcha, las instalaciones de la Algameca han acogido experimentos que han dado lugar a 16 tesis doctorales y más de 20 proyectos nacionales y europeos, además de contratos de investigación con empresas del sector. También han servido para formar a nuevos investigadores del Máster en Gestión de Recursos Pesqueros y Acuicultura de la Universidad de Murcia. Todo con un objetivo: comprender mejor las necesidades de los peces para conseguir sistemas de producción más eficientes, sostenibles y respetuosos con su bienestar.

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