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Gaztelueta, por encima de la Justicia: el profesor condenado por abusos es "inocente" y la víctima miente

El colegio del Opus Dei insiste en que "no hay ninguna prueba" que justifique la condena recibida por el docente, cuyos abusos sexuales continuados se han acreditado

Intenta desmontar la denuncia del menor llevando a los medios de comunicación al despacho donde se produjeron los hechos

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Los responsables de Gaztelueta, en rueda de prensa

Los responsables de Gaztelueta, en rueda de prensa ELDIARIONORTE.ES

El colegio masculino del Opus Dei Gaztelueta, emplazado en una colina de Leioa con vistas al mar, se ha situado este jueves en otra atalaya, esta vez por encima de la Justicia y del Estado de Derecho, al manifestar en una rueda de prensa celebrada en el propio centro educativo que el profesor José María Martínez Sanz, condenado a 11 años de cárcel por la Audiencia Provincial de Bizkaia por haber abusado sexualmente de manera continuada de un antiguo alumno de entonces 12 y 13 años, es "inocente". Según el presidente del consejo de administración que gestiona el colegio, Juan Anguisola, y el director, Imanol Goyarrola, "no existe ninguna prueba" más allá de la palabra del denunciante, cuyas supuestas inexactitudes e incoherencias han criticado duramente hasta el punto de sugerir abiertamente que todo es un montaje. 

"Por si no ha quedado lo suficientemente claro, yo sigo creyendo en la inocencia del profesor", ha recalcado un Goyarrola visiblemente enojado al término de una larga comparecencia que se ha completado con una visita al despacho del colegio en el cual, según los hechos probados por la Justicia, Martínez Sanz llevaba con una frecuencia de hasta dos veces por semana a la víctima y en la que se produjeron desde caricias y tocamientos hasta episodios más graves. El director, que se ha mostrado nervioso ante algunas preguntas de los medios de comunicación derivadas de la firmeza de sus aseveraciones y lo sorprendente de la escenificación, ha destacado que muchas de las afirmaciones del joven eran mentira porque "medio centenar" de compañeros y profesores de Gaztelueta así lo han atestiguado. De manera sorpresiva, algunos de ellos se han colado entre los periodistas y han intervenido en la rueda de prensa para dejar claro que allí no pasó nada.

"¿El joven [nunca la víctima en el discurso perfectamente planificado de Gaztelueta] dice la verdad y medio centenar miente? ¿Alguien se ha planteado que si todos dicen lo mismo es porque es verdad?", se ha preguntado Goyarrola en voz alta. El matiz es que, como recoge la sentencia, se detectó en todos ellos un discurso homogéneo en los términos y conceptos empleados, lo que prueba la mano del colegio para que coordinasen versiones. Es más, el director se ha visto obligado a confirmar la información publicada por este periódico y ha admitido que el centro escolar redactó por escrito muchos de esos testimonios para que luego los firmaran ante notario los testigos y el abogado del condenado, Eduardo Ruiz de Erenchun, pudiese aportarlos como prueba en el procedimiento penal. ¿Y quién pagó el notario? "Lo pago el colegio", ha asumido Goyarrola, que ha querido remarcar que todos lo hicieron "libremente" y no ha podido precisar si alguno de ellos se negó a suscribir las actas de manifestaciones. En el juicio, solamente un excompañero de la víctima rompió esa omertá y declaró que era público y notorio en el centro que el docente sacaba a su despacho al joven con más frecuencia que al resto y que ello, además, motivó burlas y comentarios. Ese acoso escolar paralelo, probado por la inspección de Educación y por la Fiscalía de Menores, también es "supuesto", según Gaztelueta.

"El joven no estaba descontento en Gaztelueta", ha sentenciado el director. Ha añadido también a modo de "anécdota" que la víctima llamó entre lágrimas a antiguos compañeros cuando su familia optó por trasladarle de colegio. No ha sido el único recado a sus padres, ya que les ha acusado de someter a su hijo al foco mediático por haber denunciado el caso en los medios de comunicación. El tribunal, en cambio, interpretó que el paso de contar la historia en la prensa motivó precisamente que se activaran resortes que el colegio antes ni se había planteado.

Gaztelueta, que formalmente "acata" las resoluciones judiciales y condena el abuso sexual a menores, ha criticado duramente al tribunal que enjuició el caso en octubre por no haberse acercado al colegio a ver sus instalaciones y por manipular la declaración de Goyarrola y otros testigos a la hora de redactar la sentencia. Además, ha querido reducir la sentencia a dos versiones contrapuestas cuando, como recoge la extensa resolución de 70 páginas, la versión de la víctima es coherente con lo que ha venido contando desde un inicio y viene avalada por todos los profesionales que le han tratado. Sólo los expertos pagados por la defensa sostienen la hipótesis del relato fabulado o el falso recuerdo y además ha pesado que Martínez Sanz se negara a contestar a cualquier pregunta tanto de la Fiscalía como de la abogada de la familia, Leticia de la Hoz.

Goyarrola, que ha mandado un mensaje de apoyo al condenado y a su familia por el "sufrimiento" que están padeciendo pero que desde que se conoció la sentencia no ha contactado con la víctima y sus padres, ha planteado incluso que él mismo podría haber sido denunciado falsamente, ya que fue el tutor del joven antes que el condenado y tuvo un trato directo con él. Sin embargo, entrando al terreno de las hipótesis, no ha sabido explicar ante los medios por qué si todo ha sido un montaje para desacreditar al colegio y al Opus Dei las acusaciones no fueron contra él, con más rango y galones que el profesor condenado.

El colofón a la comparecencia ha sido una visita al lugar donde se produjeron los abusos. Se trata de un despacho del edificio viejo del centro y que era empleado habitualmente por Martínez Sanz aunque, según el colegio, era un lugar "transitado" por albergar el botiquín o los balones de gimnasia, conveniente visibles hoy en el lugar. Goyarrola, rodeado de camarógrafos y fotógrafos, ha leído en ese lugar cómo la víctima denunció que se le encerraba y se bajaban las persianas, mostrando que lo que hay en la ventana son cortinas. La sentencia, en todo caso, ya aclaró que era un elemento menor qué era lo que se empleaba para oscurecer el lugar, más teniendo en cuenta que el estrés postraumático del menor, que se ha intentado suicidar en varias ocasiones, puede conllevar imprecisiones en asuntos de importancia muy pequeña.

La sala, asimismo, no está tal cual estaba hace una década. Ahora tiene un ventanuco de cristal en la puerta inexistente antaño y que impedía ver desde el exterior lo que ocurría en el interior. Durante la visita, se ha tratado precisamente de escenificar que era un lugar muy transitado, "como la Gran Vía de Bilbao". Así las cosas, hoy en Gaztelueta todas las puertas de las aulas estaban abiertas durante las clases y numerosos niños y jóvenes salían libremente de ellas en medio de las sesiones. Uno de ellos, de cortísima edad, dejaba el aula a mediodía para ir al cumpleaños de su abuelo. Igualmente, un tutor estaba preceptuando en el despacho de autos con la puerta y ventana abiertas justo antes de la llegada de los medios de comunicación. Sin embargo, a pesar de ese trasiego, nunca nadie observó a Martínez Sanz con la víctima ni le interrumpió en el despacho mientras se desarrollaban las tutorías.

Goyarrola ha asegurado que se ha utilizado este caso para atacar al colegio, a la educación diferenciada, al Opus Dei y a la Iglesia. Actualmente, un millar de niños estudian allí. Sólo en Infantil aceptan a mujeres, ya que en Primaria y Secundaria es un centro exclusivamente masculino. Existe una versión femenina para ellas.

Como se conoció esta semana, la entrada en prisión del reo se ha pospuesto hasta que se resuelva el recurso interpuesto ante el Tribunal Supremo por sus abogados. El colegio espera que el asunto se resuelva en el plazo de un año. Entretanto, la familia de la víctima se siente insultada por la actuación del centro y se reserva la posibilidad de tomar medidas.

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