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ANÁLISIS

Alonso, todo atado y bien atado (salvo el futuro)

El nuevo líder del PP en Euskadi sabe que solo con conceptos genéricos como centralidad y moderación no se abandona la irrelevancia, ni se tapona la sangría electoral que ha dejado al PP con 100.000 votos y un poder institucional totalmente residual

Alonso deberá dar con la clave para que su partido pase de la "resistencia" a la "influencia" en la política vasca, como reclamó Quiroga el mismo día que tiró la toalla tras verse desautorizada por el propio Alonso

Alfonso Alonso y María Dolores de Cospedal

Alfonso Alonso y María Dolores de Cospedal

Tras una semana de infarto para la familia popular vasca, la llegada de Alfonso Alonso a la presidencia del PP vasco ha sido el bálsamo de Fierabrás que todos necesitaban. En la Junta Directiva Regional convocada de manera extraordinaria para proclamar al ministro de Sanidad presidente de los populares vascos, todos quisieron poner en valor la rapidez con la que el partido había resuelto la crisis abierta tras la "espantada", desconexión y posterior dimisión de Arantza Quiroga.

Internamente, todo el mundo entiende que era la "mejor opción" para dirigir el PP vasco. Sobre todo cuando fue su golpe de autoridad en relación a la propuesta de Ponencia de Libertad y Convivencia de Quiroga lo que motivó la desaparición política de su antecesora en el cargo. Y una vez que el ministro de Sanidad dio el paso al frente -tras haberlo cocinado previamente con los pesos pesados del PP en Álava (Iñaki Oyarzabal, Javier de Andrés y Javier Maroto)- para hacerse con las riendas de un partido en crisis y desangrado electoralmente, el resto de territorios aplaudió al unísono la decisión.

Sobre su elección, Alonso ha querido destacar el apoyo del resto de dirigentes del PP en Euskadi y también del PP nacional y de su presidente, Mariano Rajoy. "Todo el mundo ha jugado el papel que le correspondía en todos los sitios", admitió en un intento de dotar de unidad a una decisión cocinada por el influyente lobby alavés que él encabeza, auténtico "contrapoder" a Quiroga desde que Oyarzabal fue descabalgado de la secretaría general. 

Eso sí, los vizcaínos -territorio que ha colocado a parte de los principales líderes del centro derecha en la última parte de su historia en Euskadi (Jaime Mayor Oreja, Carlos Iturgaiz, Antonio Basagoiti) o ha dado su plácet (María San Gil y la propia Quiroga) han querido amarrar la secretaria general para la vizcaína Nerea Llanos, ante la llegada de nuevo a la sala de máquinas del partido del alavés Iñaki Oyarzabal. "Cuento con todos", ha afirmado Alfonso Alonso, algo por otra parte normal dado que compatibilizar su nuevo cargo con la labores de ministro de Rajoy le va a obligar a "echar más horas", como dijo la vicepresidenta del Gobierno, pero también a aprovechar todos los cuadros y perfiles políticos diferentes que tiene el partido (ahí está Borja Sémper también con su discurso fresco y renovador, cabeza de lista en Gipuzkoa para las próximas generales).

¿Cómo va a pasar el partido de ser una formación de "resistencia", de trinchera, a influir en la política vasca? ¿En qué materias está dispuesto a arriesgar el PP de Alonso para recuperar el músculo político perdido?

Pero la pregunta clave que aún debe responder el PP vasco y su nuevo líder es la que motivó el movimiento político de Quiroga en materia de convivencia y libertad: ¿Cómo va a pasar el partido de ser una formación de "resistencia", de trinchera, a influir en la política vasca? O por decirlo de otra manera: ¿En qué materias está dispuesto a arriesgar el PP de Alfonso Alonso para recuperar el músculo político perdido?

Ni una pista ha dado en sus primeras 24 horas, más allá de reivindicar un discurso basado en las señas de identidad clásicas del PP: moderación, centralidad, y de reiterar una aspiración: poner a trabajar a la organización dirigiendo las energías hacia una "interlocución permanente con la sociedad". Pero Alonso es el primero que sabe que solo con conceptos genéricos un partido no abandona la irrelevancia, ni tapona la sangría electoral que ha dejado al PP vasco con poco mas de 100.000 votos en las pasadas elecciones y con una poder institucional absolutamente residual, tras perder los buques insignia de la Diputación de Álava (Javier de Andrés, llamado a liderar ahora el partido en Álava) y el Ayuntamiento de Vitoria (Javier Maroto, en tareas de alta responsabilidad en el partido en Génova).

Alonso no ha aclarado si va a ser el candidato a lehendakari en las elecciones generales, los comicios donde el PP vasco ha logrado su techo electoral (326.933 votos), aunque es cierto que en unas elecciones muy polarizadas como fueron las de 2001, con el tándem Nicolás Redondo-Mayor Oreja, frente al soberanista Juan José Ibarretxe. Pero sí ha dejado claro que ha venido para quedarse al frente del partido con un "compromiso de largo alcance", según sus propias palabras. A falta de saber, claro está, lo que pueda pasar el 20-D y los posibles pactos y nuevas mayorías que se puedan gestar en el Congreso de los Diputados y la influencia en el PP. Porque pese a dar la sensación de que todo ha quedado atado y bien atado, son más las incógnitas que las certezas las que, a día de hoy, siguen poblando el PP vasco.

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