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Entrevista Mitxel Lakuntza - Secretario general de ELA

"Pedir moderación a los trabajadores en precario es un insulto"

El secretario general de ELA, Mitxel  Lakuntza, considera que las  situaciones extremas de precariedad como las que viven en la actualidad miles de trabajadores solo es posible darles la vuelta por medio de huelgas

Mitxel Lakunta posa junto a la fotografía en la que miles de trabajadoras de las residencias de Bizkaia celebran su éxito tras una huelga de más de un año

Mitxel Lakuntza posa junto a la fotografía en la que miles de trabajadoras de las residencias de Bizkaia celebran su éxito tras una huelga de más de un año

El nuevo secretario general de ELA, el navarro Mitxel  Lakuntza (Pamplona, 1976) lo tiene muy claro: la razón de ser de su sindicato es luchar contra la precariedad que sufren los trabajadores. Este sindicato centenario, nacionalista y combativo vive un momento dulce: cuenta con más de 100.000 afiliados y el 41% de representación en Euskadi. Lakuntza, sindicalista de cantera, tomó las riendas de la central el pasado mes de abril al relevar a Adolfo 'Txiki' Muñoz, quien dejó el cargo por motivos de edad, al cumplir 60 años. “ELA”, señala Lakuntza, “está demostrando que un proyecto radical y de izquierdas puede tener éxito. Cuando se habla claro y se está cerca de los problemas de la gente te lo saben reconocer”.

La lectura de del éxito de ELA sindicato centenario, nacionalista y combativo la tienen que hacer, apunta, “los que han eliminado de su vocabulario palabras como la huelga o la confrontación, la organización en los centros de trabajo, dar sentido a lo colectivo….

ELA está en un momento dulce, cuenta con el 41 % de la representación sindical.

Vivimos una realidad agridulce. Por una parte, estamos contentos porque tenemos más respaldo que nunca por parte de los trabajadores, que ven a ELA como la opción más solvente. Pero el sindicato está hecho para pelear por mejorar las condiciones laborales y la realidad es que el mercado de trabajo cada vez está peor.  ELA está demostrando que un proyecto radical y de izquierdas puede tener éxito. Cuando se habla claro y se está cerca de los problemas de la gente te lo saben reconocer. La lectura de nuestro éxito la tienen que hacer los que han eliminado de su vocabulario palabras como la huelga o la confrontación, la organización en los centros de trabajo, dar sentido a lo colectivo….

Los sindicatos tienen un papel complicado en el siglo XXI con el nuevo mercado laboral  y unos jóvenes tal vez con menos mentalidad de la utilidad que tienen las centrales a la hora de defender sus intereses.

Nuestros buenos resultados en las elecciones sindicales se deben a la capacidad de adaptación del sindicato a las nuevas realidades. Los sectores en los que más hemos crecido son sectores muy precarios, donde más hay que pelear y ahí es donde el sindicato resulta más efectivo. La adaptación tiene que ser permanente a un terreno donde peleamos contra las reformas laborales, que han cambiado el terreno de juego en el que nos hemos movido en los últimos 30 años. En los años 90 no se discutía si un convenio iba a ser aplicado o no, pero hoy sí que se discute. La pelea empieza ya con algo tan elemental como si lo firmado se va a respetar.

La reforma laboral ha atacado la línea de flotación  de los sindicatos.

En primer lugar, ha hecho mucho daño a los salarios, que han perdido diez puntos de poder adquisitivo. Y los que menos cobran son los que más han bajado. Una subida de los salarios supone una mejora de la economía. Peleamos con una hegemonía del mundo económico y casi social, que promueve el individualismo por encima de todo. Se antepone a lo colectivo. Y por eso el sindicado defiende con vehemencia la pelea, la organización y la huelga.

Cuando oye a los políticos y la patronal pedir moderación a los trabajadores que sufren precariedad, ¿qué piensa?

Es puro cinismo. Se trata de gente que está muy lejos de la realidad. Moderación se asocia a responsabilidad, pero cuando la desigualdad aumenta no hay moderación que valga. Tenemos 300 personas que van todos los días a los centros de trabajo, 42 locales abiertos, 8.600 delegados y 100.000 afiliados…ese es nuestro termómetro. Se nos puede acusar de muchas cosas, pero no de falta de realidad. La conocemos muy bien y por eso podemos decir que el trabajo cada vez es más precario. Así que pedir moderación a los trabajadores en precario es un insulto. Desde el punto de vista de las condiciones laborales lo que vemos todos los días son innovaciones para precarizar más el mercado de trabajo. La razón de ser de ELA es luchar contra la precariedad. Es lo más honesto y por eso el sindicato se adapta cambiando la organización cuando es preciso y, sobre todo, pegándonos a la realidad de los centros de trabajo. Hay una clase trabajadora que cada vez vive peor y hay que impedirlo.

La lectura de nuestro éxito la tienen que hacer los que han eliminado de su vocabulario palabras como la huelga o la confrontación, la organización en los centros de trabajo, dar sentido a lo colectivo….

Cuando acusan a ELA de ser muy radical, de convertirse en un contrapoder a los gobiernos, ¿cómo se lo toma?

Es la realidad, es la definición de nuestro modelo: somos un contrapoder al poder económico y al político, entendido como el Gobierno de turno. Cada vez es más confusa la línea que divide las políticas de derechas e izquierdas. No se le da importancia a la labor de confrontar proyectos políticos. Nos gustaría compartir alianza con alguien, pero por ahora no es posible. Nuestra crítica sobresale, pero no porque resulte novedosa, sino porque nadie más lo hace. ELA es un sindicato más pragmático de lo que parece, pero también es radical. Vivimos pegados a la realidad y por eso tratamos de firmar acuerdos que valgan, pero vamos a los temas de fondo. Nuestro discurso es claro, nada complicado. Intentamos hacer pedagogía.

ELA no duda en echar mano del recurso a la huelga cuando es necesario.

Y más en una coyuntura como la actual, de deterioro progresivo y estructural del mercado de trabajo. La precariedad es más estructural y transversal que hace diez años. Hace una década el problema era el ‘mileurismo’, ahora ese es el objetivo para muchos trabajadores. Antes había una expectativa de progresar en el mundo laboral, pero ya no existe. La precariedad se ha instalado en la mayoría de los sectores y franjas de edad. A esas situaciones extremas de precariedad es imposible darles la vuelta si no es con la huelga. Es una herramienta indispensable. Con huelgas de 30 días o de un año.

Parece que su sindicato es el único capaz de encarar un conflicto prolongado en el tiempo, con huelgas que incluso pueden superar el año.

La huelga permite lograr cosas que de otra manera no lo consigues. Si alguien mejora el sueldo de unos trabajadores de 800 euros a 1.200 firmamos mañana y todo arreglado. Pero no es así. La huelga tiene un componente de sacrificio muy importante. Cuando se está en la pelea se está sufriendo, pero se abre una esperanza de mejorar las condiciones. Pero esa esperanza va de la mano del sufrimiento.

¿Y el diálogo social?

Pero si los que hablan del diálogo social, patronal y Gobierno vasco, son los primeros en montar el lío. Ya sabemos de qué va esto. La huelga ayuda a visibilizar muy bien quién es quién y dónde está cada uno. La huelga hace visible el conflicto.

Cuando está la administración detrás las huelgas son más largas.

Porque supone una referencia para otros trabajadores. Demostrar que se puede conseguir un objetivo tiene mucha fuerza. Cuando se logra mejorar el convenio es un revulsivo para los demás.

La caja de resistencia del sindicato ayuda a mantener vidas esas luchas.

La caja de resistencia es una apuesta histórica de ELA. Tiene muchas virtudes. Entre ellas, que es un instrumento de solidaridad ya que se paga entre todos los afiliados con una parte de la cuota. ¿Financiar las huelgas? Claro que las financiamos, es que de lo contrario no se puede estar un año de huelga, es que sino no se puede ganar. En determinados conflictos, la patronal sabe que ELA dispone de caja de resistencia y eso, a veces, nos permite ganar. Incluso a veces ganamos sin hacer huelga porque la caja de resistencia ejerce un efecto disuasorio sobre la patronal, que sabe contra qué juega.

ELA prácticamente se la juega en solitario.

En la práctica podemos coincidir en algunas ocasiones con el resto de sindicatos. Pero con Comisiones Obreras y UGT es muy complicado. Apuestan por la estatalización, por firmar convenios en peores condiciones, por firmar en minoría y se sientan en la mesa del diálogo social. Son diferencias insalvables Y con LAB, hay coincidencias en la teoría, pero no en la práctica. Somos organizaciones diferentes con instrumentos diferentes.

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