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"He visto morir a compañeros por el amianto. Sabía que yo era el siguiente"

Los afectados por el asbesto luchan contra el cáncer y contra el laberinto judicial para demostrar que su enfermedad es debido a que aspiraron sus fibras.

Más de 6.500 personas están amenazadas de por vida por su exposición al amiento, pero la asociación de víctimas multiplica la cifra por cinco.

De izquierda a derecha, Patxi Cortázar, Emilio Sánchez, Jesús Uzkudun y José Félix Casado durante la concentración.

De izquierda a derecha, Patxi Cortázar, Emilio Sánchez, Jesús Uzkudun y José Félix Casado durante la concentración.

A sus 67 años, Emilio Sánchez presenta un aspecto saludable. Prácticamente, ni aparenta esa edad. Sin embargo, detrás de la fachada palpita el drama.  Emilio sufre cáncer de pulmón debido a la exposición prolongada al amianto. Durante 42 años ha trabajado como electricista en la empresa CAF y en ningún momento sospechó el riesgo que corría. Y es que los riesgos del amianto han permanecido ocultos a los ojos de los trabajadores que tenían el contacto con esta materia tanto en las empresas como en la construcción. “He visto morir a varios compañeros por el amianto. He estado en sus funerales y siempre pensé que también podía tocarme a mí. Ahora, yo soy el siguiente".

Por sus propiedades físicas y químicas, y su bajo coste de producción, el amiento fue utilizado de manera abundante en el sector industrial y en la construcción desde mediados del siglo pasado hasta 2001, fecha en que se prohibió su uso en España. Jesús Uzkudun , uno de los impulsores de la Asociación de Víctimas del Amianto-ASVIAMIE, asegura que "el incumplimiento de la responsabilidad de proteger la salud de los trabajadores condenó a miles de trabajadores de la industria naval, siderúrgica, química, construcción… a graves enfermedades respiratorias y la muerte prematura".

La Asociación se ha echado a la calle en "busca de justicia" porque el asbesto no se limita a provocar una enfermedad, sino obliga a los afectados a enredarse en un laberinto judicial y burocrático para demostrar qué respiraron sus fibras. "El Instituto Nacional de la Seguridad Social", explica Emilio, "me reconoció la enfermedad profesional, pero la mutua ha recurrido. A mis 67 años, ya no voy a vivir el final del proceso".

Emilio trata de no pensar en ello y de vivir el día a día, pero "no tengo ninguna esperanza. Aunque cuando lo digo así mis hijas se suben por las paredes".

A José Félix Casado también le diagnosticaron cáncer de pulmón. Le quitaron uno y ahí sigue. "Lo peor ahora es la lucha con la mutua. Voy de juicio en juicio, año tras año. Porque fumaba me ha rebajado a la mitad la indemnización, pero el daño lo ha hecho el amianto y así lo ha dictaminado el juez. Antes de que concluya todo, seguro que he muerto".

Gran incidencia del cáncer

En Euskadi, se contabilizan 208 muertes oficiales por el amianto, pero el propio Instituto Vasco de Seguridad y Salud Lanoral-Osalan realiza un cálculo estimativo de 350 fallecidos. “El origen de la mayoría de estas muertes o enfermedades, quedan ocultas y silenciadas”, denuncia Uzkudun.

"No es casual", añade, "que Euskadi se sitúe a la cabeza de la mortalidad por cáncer, como consecuencia del pasado industrial y la precaria política preventiva".  En la actualidad, el Gobierno vasco tiene registradas más de 6.520 personas en el Plan de Vigilancia Sanitaria potencialmente afectados por el amiento, aunque según Uzkudun la cifra debe multiplicarse por cinco.

Patxi Cortázar descubrió que algo no iba bien un 30 de mayo de 2003, con 49 años y en un reconocimiento rutinario de empresa. "Me vieron algo y me mandaron a Osakidetza. Ahí quedó la cosa, pero yo notaba que la cosa no iba bien. A finales de 2006 cogí un catarro, que al final era una asbestosis.  Desde 2003 a 2006 me estaba muriendo sin saber lo que me pasaba". En 2007 le reconocieron la enfermedad profesional, pero el  proceso judicial con la mutua aún no ha concluido.

Al final, de lo que se trata es de que un problema como esté termine socializándose. "Hace pocos años el amiento solo era conocido por sus víctimas y ahora quien más y quien menos habla de él y lo conoce. Es más fácil luchar así, pero todo resulta muy difícil. Somos víctimas inocentes y resulta inhumano obligar a pelear con demandas judiciales contra las empresas, mutuas e incluso la Seguridad Social por el reconocimiento del origen profesional de la enfermedad y la compensación por el daño físico y psíquico generado. Con el agravante de que muchas de las empresas responsables han desaparecido".

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