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Ya llegó el verano, ya llegó la fruta
Ya llegó el verano, ya llegó la fruta y el que no se agache es un…
Mientras tanto, yo me pregunto si no habrá en España una derecha “civilizada”, que defienda sus privilegios e intereses de clase sin máscara, que no disimule en su programa electoral medidas que claramente perjudican a la mayoría de la población, o es precisamente ese velo el que esconde a sus fieles votantes, que se creen protegidos por el trozo de tela triste que airean sin importarles su futuro, el de sus hijos o el de sus nietos.
Por ejemplo, esa derecha que promete una rebaja de impuestos sin considerar que la Constitución Española, en su artículo 31, establece el deber de todos los ciudadanos a contribuir, a través de un sistema tributario justo, inspirado en los principios de igualdad y progresividad, es decir, que pague más el que más tiene, al mantenimiento de la financiación y gestión estatal de servicios públicos esenciales, como la Educación, la Sanidad o la protección de los más desfavorecidos.
O la que defiende privatizar las pensiones, algo que también protege la Constitución en su artículo 50, donde establece que los poderes públicos “garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos que hayan cumplido los requisitos necesarios para recibirla tras su vida laboral”.
Una derecha que considera preponderante la especulación inmobiliaria al derecho a la vivienda digna que proclama la Constitución Española en su artículo 47. O la que se escandaliza y criminaliza a los trabajadores, que amparados por la misma, en su artículo 35, exigen condiciones laborales justas y dignas.
O esa derecha que considera ilegales, a hombres y mujeres que huyen de la miseria, la guerra o porque les da la gana cambiar de residencia, en contra de lo establecido por la Declaración Universal de Derechos Humanos en su artículo 13.
Una derecha que, en contra de criterios científicos, niega el cambio climático que, inexorablemente, está acabando con la paciencia de la Tierra.
O esa derecha que fomenta la cultura de la guerra y el gasto militar, cuando existen bombas suficientes para destruir diez veces el planeta, y que en vez de promover la convivencia pacífica y el diálogo entre los pueblos del mundo, contribuye por acción o por omisión, por ejemplo, al Genocidio de Gaza.
Pues nada, que tururururú, que tururururú, que la culpa la tienes tú, pedazo de tiquismiquis, por ser o creerte de esa izquierda pura, auténtica, plagada de irreconciliables matices que impiden esos acuerdos que sí podrían mejorar la vida de la gente que habita esta España nuestra.
Manolo Iglesias de Valladolid, de toda la vida.
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