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Del bombo de la Lotería de Navidad a la cárcel: cuando un décimo compartido acaba en los tribunales

Bombos de la Lotería de Navidad

Alberto Pozas

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En 2022, según los datos de Loterías y Apuestas del Estado, el sorteo extraordinario de Navidad facturó 3.180 millones de euros. Una media de 67 euros por persona que oculta todo tipo de historias: de dinero ganado, de dinero perdido, de décimos compartidos entre amigos y familiares y, a veces también de engaños que terminan en la cárcel. “La suerte de tenernos”, lema del sorteo para este año, muchas veces se ha convertido en la desgracia de haber cobrado a escondidas un boleto premiado que, en realidad, compartían familiares muy cercanos y hasta condenas a quien ha tratado de quedarse un boleto perdido.

El Tribunal Supremo ha analizado varios casos de sorteos que empezaron muy bien y acabaron en desastre. Por ejemplo, el de dos amigos que, en diciembre de 2013, ganaron un premio en una tragaperras de una gasolinera del municipio tinerfeño de San Isidro, y con el dinero y la euforia decidieron comprar un décimo a medias, según trascendió en el juicio, para ver si la suerte de la máquina se trasladaba al sorteo de Navidad que se celebraba al día siguiente. El número que compraron tuvo premio: 125.000 euros. Pero el encargado de custodiar el boleto decidió quedárselo todo para él.

El caso terminó en los tribunales y el reclamante ganó judicialmente su derecho a que su amigo le diera la mitad del premio. Dos pruebas apuntalaron la condena por apropiación indebida de su compañero de gasolinera: la firma que él mismo estampó en el boleto y el testimonio de dos clientes que les vieron comprarlo. El resultado: una condena firme de año y medio de cárcel, una multa de 1.080 euros y la obligación de dar la mitad del premio, un total de 50.250 euros después de impuestos, al examigo con el que había comprado el décimo a medias.

Quedarse con un décimo compartido una vez se descubre que tiene premio acarrea, por tanto, consecuencias penales, pero es clave que quede constancia, de alguna manera, de que se compró para ser repartido entre amigos, familiares o compañeros de trabajo. El de Tenerife no es el único caso. En Mérida otra situación de décimos compartidos entre amigos de toda la vida terminó en una condena idéntica.

Ese caso es la historia de una tradición. Dos amigos que desde hace años comparten siempre, en el sorteo de Navidad, dos décimos de Lotería. Cada uno se encargaba de comprar uno de los boletos en un hogar del pensionista de Mérida y luego, si tocaba, la idea era repartirse el premio. Hasta que tocó en uno de los dos: el primer premio, con 400.000 euros.

Uno de los dos amigos se guardó el boleto premiado y cobró casi medio millón, pasando el dinero a otras cuentas bancarias. El resultado, confirmado a principios de año por el Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, es una condena de año y medio de prisión y la obligación de pagar 164.000 euros al afectado. Otra vez la prueba clave fue una firma y una inscripción en la copia del décimo premiado.

Absuelta porque no hubo acuerdo

Otros casos, sin embargo, terminan en absolución: cuando no hay pruebas de que existiera un acuerdo para repartirse el décimo. Sucedió a un grupo de seis vecinos de Alicante que llevaban 15 años siguiendo la misma tradición: jugar a la Lotería Nacional cada jueves y cada sábado, buscando siempre los números 25.098 y 21.606, aunque de este último solo se exigía que acabara en seis. Una mujer del grupo, que fue llevada al banquillo, era la encargada de recoger y repartir los números con un recargo del 10%.

Fue en octubre de 2014 cuando uno de la serie de los décimos que había comprado fue agraciado con más de un millón de euros. Ya había repartido un par de décimos y se quedó el resto para cobrar el premio. “No era una persona bisoña en este tipo de juego de azar, desde hacía muchos años venía participando semanalmente en los sorteos de la Lotería Nacional”, dijo la Audiencia de Alicante para imponerle un año y medio de cárcel y la obligación de repartir el premio.

Fue el Supremo el que firmó su absolución en 2019, defendiendo que ella “cumplió” el trato que habían seguido durante 15 años: repartir los décimos, pero sin que existiera “un pacto” sobre la asignación de cuotas. “No había atribución de cuotas, ni siquiera ideal, sobre importe del premio especial”, dijo el Supremo. Podría haber tenido encaje en una reclamación civil o en un delito de estafa, dijeron los jueces, pero no en la apropiación indebida.

No fue un asunto pacífico en el propio Supremo. Dos magistrados entendieron que la mujer tendría que haber sido condenada: “Reparte los demás décimos a sus compañeros de juego y se queda con el premiado con más de un millón de euros, está apropiándose indebidamente de la parte correspondiente a los demás de tal premio”, afirmaron.

Cobrar un décimo perdido y premiado

Cobrar un décimo ajeno, aunque no haya sido robado a punta de navaja, también puede ser un delito. En diciembre de 2014, una mujer compró siete décimos de la Lotería de Navidad en la plaza Santo Domingo de Lugo y, poco después, perdió uno de los boletos donde había escrito su nombre de pila a lápiz. Una mujer se lo encontró, descubrió que había sido premiado con 400.100 euros y fue a una oficina de Abanca en la ciudad a cobrar el dinero. El resultado fue una multa de 1.080 euros y la obligación de entregar el premio a su legítima dueña.

Aquí el acto de identificar de alguna manera al dueño del boleto fue clave para el caso. Tanto fue así que la condenada intentó borrarlo después de encontrárselo. La mujer llegó a alegar en su defensa que “es una obsesionada de los billetes de Lotería acabados o que comiencen en trece”. La Audiencia de Lugo confirmó su condena en septiembre de 2017.

Las estafas, algunas muy elaboradas, también proliferan en torno a los sorteos y apuestas. Estas semana el Tribunal Supremo examina, por ejemplo, las condenas de más de tres años de cárcel impuestas a cuatro personas que consiguieron engañar a un ciudadano austríaco para que les pagase 280.000 euros para poder cobrar un supuesto premio de Lotería que, le dijeron por teléfono, había ganado en España.

Este años, los tribunales de Madrid han dejado en cuatro años de cárcel la condena de un bombero que consiguió defraudar a una administración de Lotería de Alcobendas hasta provocar su cierre. Un engaño, destapado por elDiario.es, que alcanzó los 138.000 euros a los encargados del local haciéndoles creer que iba a ayudarles a vender boletos entre los bomberos de la región. No era la primera vez que este bombero hacía algo así y ya tenía otra condena anterior por engañar de forma similar a una administración de Lotería del barrio de Salamanca.

En ocasiones, el engaño ha llegado del propio lotero. En 2013 el Tribunal Supremo impuso dos años de cárcel al encargado de una administración de Lotería de Madrid porque tras el sorteo del Euromillón de septiembre de 2010 cuando llegó un cliente con un boleto premiado con casi medio millón de euros: le entregó otro distinto, premiado con menos de 30 euros, buscando quedarse con el premio. El resguardo no cuadraba y el afectado terminó llamando a la Policía.

El lotero se defendió diciendo que el boleto del Euromillón, en realidad, había sido sustraído por una misteriosa pareja italiana. La Policía comprobó que, en el propio local, el lotero presumía en un cartel de haber recibido “un premio segundo del Euromillón”.

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