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Las contradicciones atrapan al PP en su intento de enterrar las revelaciones sobre la amnistía y el indulto a Puigdemont

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo , a su llegada a una comida mitin en Oroso, A Coruña, durante la campaña electoral gallega.

Aitor Riveiro

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Crece el incendio provocado por la confesión del PP de que se estudió la amnistía en las conversaciones para la investidura de Alberto Núñez Feijóo, y de que el partido se plantea la posibilidad de un indulto “condicionado” para Carles Puigdemont en aras de la “reconciliación” en Catalunya. Un nuevo foco amenaza con reducir a cenizas el discurso de Alberto Núñez Feijóo contra el entreguismo de Pedro Sánchez a los independentistas y las críticas a los intentos del Gobierno de recuperar la “concordia” tras la quiebra social a cuenta del procés de la década pasada. También ERC ha aireado contactos. Y los intentos del PP de desmentirlos chocan con sus propias palabras.

El PP en pleno ha cerrado filas con su líder, señalado directamente por las informaciones sobre las negociaciones con Junts reveladas por 16 medios de comunicación el pasado fin de semana. Desde entonces, el partido ha encadenado una contradicción tras otra para intentar salir al paso de unas revelaciones que en el seno del PP saben que no solo ponen en duda sus críticas a los pactos de investidura de Pedro Sánchez, sino que implican la asunción por parte de la oposición de la necesidad de esa “concordia”, en este caso “reconciliación”, que plantea el Gobierno como justificación a la amnistía.

La confesión de un dirigente autorizado del PP, recogida por una amplia diversidad de periodistas, confirma que Feijóo estudió la amnistía, y que la descartó; y asume que existe un problema judicial que necesita ser arreglado, vía indultos condicionados. Y que para hacerlo posible es necesario que Puigdemont no sea condenado por terrorismo. 

En las últimas 72 horas el PP se ha afanado en matizar, primero, y negar, después, la evidencia. Feijóo ya mencionó que su partido estudió la amnistía durante 24 horas. Lo hizo en un acto público en Sarria (Lugo) el sábado en plena campaña de las elecciones gallegas, y antes incluso de que se publicaran las informaciones. Al día siguiente, en Ferrol, le llegó el turno a los “indultos” condicionados.

Tras el fin de semana, el PP ha cambiado el paso. Si en las primeras horas dirigentes de segundo nivel arremetieron contra los periodistas y medios que dieron la información, a partir del lunes se subió a este carro buena parte de la primera línea del partido. Feijóo habló el lunes por la tarde de “honorabilidad” y “honradez”, mientras calificaba de “insidias” las informaciones sobre sus contactos con Junts.

El martes, llegó a ironizar: “No descartéis que mañana digan que le he ofrecido el Ministerio del Interior a ERC y el Ministerio de Defensa a Otegi. Llevamos una tras otra, una insidia, una calumnia, una más”.

Pero un repaso a la hemeroteca del PP desde las elecciones del verano pasado hasta hoy muestra con claridad los vaivenes discursivos del partido ante su relación con Junts y con ERC, y cómo Feijóo y los suyos han caído en una cadena de contradicciones cuyo último eslabón, de momento, lo han forjado los independentistas catalanes.

Antes de los comicios donde se jugaba la Presidencia del Gobierno, Feijóo dijo: “No creo que Puigdemont merezca un indulto”. Ahora lo ve como una solución “condicionada”. 

Tanto él como sus múltiples portavoces negaron en repetidas ocasiones que el PP fuera a hablar siquiera con Junts o ERC. “Yo no voy a pactar con los partidos independentistas. No tenemos trampa ni cartón”, dijo el entonces candidato. “Con quien no se puede negociar un Gobierno es con un prófugo de la justicia que no está ni tan siquiera en nuestro país”, apuntó su secretaria general, Cuca Gamarra, también antes de las elecciones.

Pero tras los comicios comenzaron a vislumbrarse las grietas en el discurso oficial del partido. Gamarra sostuvo que la negociación con Junts no se encuentra entonces “sobre la mesa”. “No negociamos nada que los españoles no puedan saber porque no puedan aceptar”, añadió la teórica número dos del partido.

Pero el vicesecretario de Institucional y dirigente de la máxima confianza del PP, Esteban González Pons, no lo tenía tan claro. En agosto, dijo sobre Junts: “es un grupo que como ERC, más allá de las acciones que cuatro personas llevaran a cabo, representan a un partido cuya tradición y legalidad no está en duda”.

El dirigente añadía así a ERC en la ecuación. Una idea que ha regresado ahora con fuerza después de que la secretaria general de Esquerra, Marta Rovira, haya desvelado que fue contactada por el diputado del PP Carlos Floriano, quien ya estuvo en la dirección del PP de Mariano Rajoy, donde coincidió con Pons.

El PP corrió este martes a negarlo, a medias eso sí. Mientras los de Feijóo reconocen que Floriano hizo la gestión “a título personal”, niegan que como organización se intentara esa aproximación. Sin embargo, el propio Feijóo espetó al portavoz de los republicanos, Gabriel Rufián, durante su investidura: “Querían hablar, ¿qué pasó después? ¿Ya no quieren hablar con nosotros?”.

En esos contactos con los independentistas catalanes también participó el concejal de Barcelona Daniel Sirera, quien llegó a reconocer unas reuniones con Junts porque “son determinantes para la investidura y la constitución de la Mesa”. Él habló entonces de “otros regidores”, pero después se supo que, en realidad, se reunió con la cúpula de Junts en el Parlament de Catalunya. También Pons llegó a asumir que se había visto con el propio Puigdemont.

Incluso el hoy presidente del Senado, Pedro Rollán, dijo por entonces: “El PP está dispuesto a hablar con todas y cada una de las formaciones dentro del marco de la Constitución”.

En el PP aguantan la respiración ante lo que consideran una imprudencia. Aunque el cierre de filas es total en público, en privado sí hay quien asegura no entender lo que ha pasado este fin de semana. Todos confían en que no afecte a la campaña de las gallegas. El propio candidato, Alfonso Rueda, agradeció expresamente a Feijóo su contundencia. Y apuntó que es “importante la afirmación categórica del ‘no’ a los indultos y a la amnistía”. Después del 18 de febrero se hará el control de daños.

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