El diputado del PP que permitió por error aprobar la reforma laboral entró al Pleno tras las votaciones

Los dirigentes del PP Cuca Gamarra y Teodoro García Egea protestan contra Meritxell Batet tras la votación de la reforma laboral, mientras Alberto Casero observa desde la tercera fila

Aitor Riveiro


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Alberto Casero logró entrar este jueves al Salón de Plenos del Congreso justo a tiempo para constatar que la había pifiado sin remedio. El diputado, dirigente del partido como miembro de la Junta Directiva, y secretario de Organización a las órdenes de Teodoro García Egea y Ana Beltrán en la sede nacional del PP de la calle Génova (todavía en venta), llevaba varios días enfermo y pidió el voto telemático para participar en la sesión parlamentaria de esta semana. Se sometían a debate importantes cuestiones legislativas, como los reales decreto ley de las mascarillas o el más crucial de la reforma laboral. Uno de los proyectos estrella del Gobierno de coalición y que ha dividido en dos a los empresarios, al bloque de los Presupuestos y, también, al de la derecha. El líder de la oposición, Pablo Casado, se ha llegado a enfrentar públicamente con el presidente de la patronal, Antonio Garamendi, a cuenta de la nueva norma.

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El diputado cacereño del PP ya votó el martes a distancia, como se puede comprobar en la admisión a trámite de una proposición de ley del PSOE sobre pymes. Una opción que solo está permitido en casos concretos: embarazo, maternidad, paternidad y enfermedad grave, lo que incluye ser positivo en Covid o casos de confinamiento obligatorio, aunque también otras dolencias. Oficialmente, no está confirmado qué alegó Casero para no acudir en persona.

En los cinco puntos que se sometieron a la Cámara Baja ese día votó lo mismo que el resto de su grupo parlamentario. El plan para este jueves era el mismo, pero la ejecución no fue la deseada.

Según la reconstrucción de lo sucedido, Casero entró al sistema de voto telemático del Congreso para ejercer su derecho. 17 votaciones diferentes, algunas divididas en varios puntos. Pese a residir en Cáceres, es diputado por la provincia extremeña, no debía estar muy lejos de la Cámara Baja. La presidenta, Meritxell Batet, abrió el plazo para el voto telemático a las 17.30 y lo cerró a las 18.15. 45 minutos de margen para cerca de 30 elecciones diferentes.

El sistema emite un justificante al finalizar el voto telemático donde se recoge lo seleccionado en cada apartado. Esta suerte de recibo se utiliza por algunos grupos en caso de votaciones secretas para verificar que nadie se ha saltado la disciplina de voto. Es lo que hizo el PSOE, por ejemplo, en la elección de los cuatro magistrado del Tribunal Constitucional del pasado mes de noviembre, cuando el exministro José Luis Ábalos votó, por error, en blanco. Entonces, no le permitieron emitir un nuevo sufragio.

Cuando Casero comprobó el papel se dio cuenta de su error. Había votado mal. Justo al contrario de lo que se había ordenado por el grupo parlamentario. Tenía que haber elegido no en la convalidación del real decreto ley y en su tramitación como proposición de ley, pero lo hizo al revés. Votó a la primera, y no a la segunda. De hecho, no fue el único fallo de Casero ya que el jueves votó diferente a su grupo en otras dos ocasiones, como se puede observar en los registros de voto que publica el Congreso en su página web.

El diputado comprendió de inmediato el alcance de su error y salió corriendo hacia el Congreso. La votación de la contrarreforma laboral iba a ser muy ajustada, el Gobierno de coalición había atado a última hora los votos que necesitaba tras pactar con el PDeCAT y UPN. Habría tres sufragios de diferencia a favor de la convalidación, pero nunca se sabe. O sí. El caso es que Casero intentó enmendar su error, pese a ser consciente de que difícilmente lo lograría.

Llegó al Congreso y accedió al Edificio del Palacio, donde se encuentra el Salón de Plenos. Su condición de diputado le permite moverse con total libertad por casi todo el complejo de la Carrera de San Jerónimo de Madrid. Pero era tarde. Batet proclamó la votación, con suspense incluido por un error en el conteo del Letrado Mayor que la presidenta replicó, y se desató la ira en las filas del PP al comprobar que la traición de UPN, cuyos diputados se pasaron al no sin avisar al Gobierno ni a su propio partido, supuestamente, no serviría para nada por el fallo de su diputado.

La portavoz parlamentaria, Cuca Gamarra, aseguró en una rueda de prensa que los servicios de la Cámara impidieron a Casero entrar al Hemiciclo durante la votación para enmendar su error. Las normas de la Cámara Baja son claras: cuando llega la hora de la votación suena en todo el complejo una llamada para que los diputados acudan al Hemiciclo. Una vez que la señal se silencia, se cierran las puertas del Salón de Plenos y nadie puede entrar ni salir. Esta norma se ha modificado por la pandemia y ahora, según confirman varias fuentes parlamentarias, las puertas no se cierran físicamente. Esto ha hecho que, a lo largo de la presente legislatura, algunos diputados hayan podido colarse incluso una vez iniciada la votación, según relatan a elDiario.es fuentes parlamentarias, aunque sin poder participar en las votaciones ya cerradas.

Pero Alberto Casero finalmente sí logró entrar al Pleno. Tarde, pero entró. Se sentó, tal y como se aprecia en la imagen que encabeza este reportaje, en la tercera fila de la bancada del PP. En la fotografía, es el diputado que aparece sobre la cabeza de García Egea, su jefe en Génova, mirando hacia el objetivo que retrata el momento en el que la dirección popular es consciente de que un error propio permitirá sacar adelante una de las votaciones cruciales del Gobierno de coalición.

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