Danza, cristalografía y flamenco: un insólito maridaje para el nuevo espectáculo de Vanesa Aibar en Sevilla

La coreógrafa jiennense.

Alejandro Luque

29 de enero de 2026 06:00 h

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Vanesa Aibar (Villanueva del Arzobispo, Jaén, 1983) lleva más de 20 años viviendo en Sevilla, pero por alguna extraña razón nunca había estrenado en su ciudad adoptiva. Una anomalía que se corregirá este sábado con la presentación de su nuevo espectáculo, Aibar/rabiA, en el Teatro Central de la Isla de la Cartuja. “¡Ya era hora!”, celebra la creadora, que fue reconocida con el premio Max 2023 por su propuesta La reina del metal. “Sevilla tiene sus complejidades, incluso un amigo llegó a preguntarme si tal vez había algo en mí que me hacía recelar del sistema… Pero ahora tenemos una cita en el Central, que da mucho respeto y a la vez es un contexto ideal para este tipo de trabajos”.

Una de las grandes novedades que trae Aibar/rabiA es su punto de partida: el encuentro con un cristalógrafo llamado Juan Manuel García-Ruiz. “Me tropiezo con las cosas, me resuenan y me parecen interesantes, y a partir de ahí vemos qué puede surgir”, explica Aibar. “Así fue con Juanma, él tenía unas ideas muy interesantes sobre el impacto de la cristalografía en el arte, y empezamos a desarrollar entre los dos un híbrido, algo así como una conferencia bailada. Empecé a hacer pequeñas residencias artísticas para ver adónde podía conducirnos aquello. Eso fue antes del embarazo de mi hija, más tarde lo retomé y fuimos sentando las bases de lo que ha acabado siendo este espectáculo”.

En este proceso tuvo no poco protagonismo el músico británico Frank Moon, que se incorporó al proyecto en busca de conexiones entre el mundo de los cristales y el de la expresión artística, y acabó compartiendo escenario con ella. También lo haría sucesivamente el coreógrafo y Premio Nacional de Danza Guillermo Weickert en calidad de codirector, el dramaturgo David Montero y el estudio Cube en el diseño escénico. “Todos vimos que Juanma era el disparador, el elemento que cuestionaba la forma con el contenido”, apunta Aibar. “Y eso me hacía sentirme, como bailarina, en perfecta sintonía con él”.

El origen de la vida

La alusión al embarazo de la artista no es caprichosa. En aquel momento, García-Ruiz disfrutaba de una prestigiosa beca que le permitía investigar el posible origen de la vida, a partir de estructuras que pasan de ser algo inorgánico a algo orgánico. “Yo misma quise ser objeto de laboratorio, estudié el movimiento, lo que define mi baile y el modo en que podía romper determinadas formas, por ejemplo, las del flamenco. Todo lo paso por mi cuerpo, y lo que me parece orgánico y tiene sentido para la escena, va para adelante. Creo que el resultado es algo muy bello”.     

No obstante, lo jondo está presente en el trabajo de Vanesa Aibar de manera casi inevitable. En el flamenco empezó a bailar la jienense, y aunque ha ido transitando hacia lenguajes más contemporáneos, sigue teniendo un anclaje en este arte de raíz, que encarna sobre las tablas la cantaora Gema Caballero. “Intento nutrirme de músicas que me aporten una dimensión sonora diferente. Esa fricción, esa tensión, hace que la voz habite otro espacio, pero Gema no deja de ser ella misma, y también está la energía rítmica del flamenco”.   

En cuanto al título del espectáculo, Aibar comenta que ha utilizado su propio apellido y su palíndromo como “una forma de pensar la rabia y hacerla física. Creo que en el flamenco hay una forma de contención y expulsión de energía que tiene mucho que ver con la rabia”.

Según anuncia el programa, este encuentro entre disciplinas impulsa a la creadora a conceder mayor espacio a lo empírico, a aceptar lo perecedero y a asumir que el arte solo avanza cuando se somete a una investigación constante. La reflexión se transforma en movimiento, y el pensamiento se vuelve cuerpo. Y, de paso, Vanesa Aibar se pregunta por qué no se dan más conexiones entre ciencia y arte. “Son cosas que hemos visto separadas desde el instituto, desde que empezaron las especialidades y quedó todo parcelado, pero es mentira. Un científico puede tener más que ver con un artista de lo que pensamos, y al revés. La separación limita nuestras formas de ver y de pensar”.

Secos y directos

García-Ruiz ha acabado por decirle a la bailarina: “Sabes más de mis estudios que mis propios alumnos”. “En su lectura de los cristales salen ideas artísticas”, asevera Aibar. “Me contaba que en algunas escenas veía cosas que veía en el laboratorio. ‘Esa forma se parece a esto o a lo otro’, me decía. Creo que en el arte en general hay muchas conversaciones pendientes con las demás disciplinas. Y eso nos provoca fragilidad e inestabilidad. Estamos como aislados, aunque la creación artística debería estar presente en todo. El arte es una forma de mirar las cosas, de verlas y entenderlas”.

Por último, la artista celebra el buen momento que vive la creación de la provincia de Jaén, tradicionalmente olvidada, pero en la que destacan hoy nombres como Alberto Conejero, Ángeles Toledano, David Uclés, Mario Bermúdez y muchos otros. “Qué te voy a decir yo de mi tierra”, suspira. “Vivimos una explosión que no surge de la noche a la mañana, y que tiene mucho que ver con la tendencia actual de escuchar a las periferias. Hay una sensibilidad nueva en ese sentido, que nos da más posibilidades para poder existir, y luego las cosas caen por su peso. Mi sensación es que los jienenses podemos ser más secos que un olivo, pero pensamos y decimos las cosas sin dobleces. Somos más directos, pero también transparentes, hay algo auténtico en lo que hacemos, una sintonía entre lo que dices y lo que haces”.

No obstante, lamenta que “en nuestra propia tierra no se nos escucha nada, no se dedica atención ni presupuesto a la cultura. Es una tierra agrícola y, para algunas cosas, un poco cazurra, qué le vamos a hacer”.

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