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ENTREVISTA

Mariano Esteban, investigador especialista en vacunas: “Tardaremos tres meses en tener el prototipo frente al coronavirus”

Mariano Esteban, biólogo molecular y director del grupo de investigación de Poxvirus y Vacunas del CNB.

Sofía Pérez Mendoza

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Mariano Esteban dirige el grupo de investigación de Poxvirus y Vacunas del Centro Nacional de Biotecnología, dependiente del CSIC. Él, virólogo molecular, y su equipo trabajan en los últimos días desde casa y el laboratorio contra reloj para avanzar en una vacuna contra el coronavirus. El investigador cree que en tres meses podrán tener un prototipo de la vacuna para iniciar un largo proceso de ensayos en modelos animales y después clínicos en personas. El Gobierno de Pedro Sánchez anunció dentro del paquete de medidas urgentes contra la epidemia una ayuda de 30 millones de euros para investigar la vacuna.

“Nos hemos olvidado de los virus por falta de financiación y ahora pagamos las consecuencias”, lamenta Esteban, que es miembro del comité científico asesor de la OMS para la viruela desde hace más de 20 años. Su grupo ha desarrollado vacunas contra los virus emergentes, chikungunya, ébola y zika y exprimen el conocimiento que les aportaron aquellas alertas sanitarias para abordar la investigación en esta coyuntura. “Trabajamos a golpe de epidemia/pandemia”, añade.

¿Qué plazos manejan para lograr una vacuna contra el coronavirus? La OMS hablaba de entre 12 y 18 meses.

Nos pusimos a trabajar a mediados de enero tan pronto como se publica la secuencia del coronavirus en pacientes de China. Inmediatamente en el laboratorio di ordenes de actuar y trabajar sobre este virus. De momento estamos trabajando con recursos propios. No tenemos ninguna ayuda económica. No nos ha dado tiempo ni a pedirlas.

El proceso de generación de una vacuna pasa por varias fases de varios meses cada una. Primero la generación del prototipo vacunal mediante ensayos en células en cultivo aislando virus recombinantes que expresen de forma estable el gen del coronavirus SARS-CoV-2 relevante en protección, para posteriormente pasar a modelos animales y demostrar por un lado que la vacuna produce una respuesta inmune específica frente al patógeno y protección frente al desafío con el coronavirus. Posteriormente, se pasaría a la fase clínica 1, que hay cuatro. Primero con un número reducido de voluntarios, personas sanas, para demostrar que la vacuna es segura y que confiere propiedades inmunogénicas con producción de anticuerpos neutralizantes. Eso lleva unos meses. La fase clínica 2 es con un mayor número de voluntarios para confirmar la seguridad e inmunogenicidad y la tercera, con miles, para demostrar la eficacia clínica. Considerando la situación de emergencia global, las primeras fases clínicas se van a acelerar.

Antes de empezar a probarlo en animales y personas, ¿cómo es el proceso para crear una vacuna contra el coronavirus?

Antes de empezar con las pruebas hay que generar el candidato vacunal, o sea, el prototipo de vacuna que vamos a utilizar. Existen varios. Los basados en ácidos nucleicos, como el ADN o en ARN que son más rápidos de producir. Ya lo están haciendo varios países y lo están administrando en voluntarios. Se trata ahora de ver que están produciendo respuestas inmunes y son seguros.

Lo que hacemos aquí, en el Centro Nacional de Biotecnología, son dos prototipos de vacunas, una la lleva a cabo el grupo de Luis Enjuanes y se basa en eliminar por genética reversa las secuencias del coronavirus que son responsables de la virulencia, con lo cual se consigue un virus atenuado que puede generar una respuesta inmune potente para que la persona vacunada se proteja frente a la infección.

Otra estrategia que usamos en mi laboratorio, y ya la hemos utilizado contra los virus chikungunya, el Zika y el ébola con buenos resultados de protección, consiste en incorporar en el genoma de un poxvirus (virus vaccinia modificado de Ankara, MVA) la secuencia de la proteína S de la corona del virus. Hemos demostrado que el poxvirus atenuado MVA funciona bien en ensayos clínicos. Otros grupos están basando sus investigaciones en la proteína purificada del virus de la corona con un adyuvante.

¿Cuáles están siendo las dificultades?

Primero, la situación que tenemos. En todo proceso infectivo pretendemos tener los siguientes tres elementos, por este orden de prioridad: diagnóstico rápido, métodos terapéuticos (antivirales y anticuerpos) y vacunas. Las vacunas son el último eslabón para tratar de controlar la pandemia actual. De momento tenemos el método diagnóstico rápido y seguimos las pautas de aislamiento como medida para evitar la extensión. Ahora faltan los procedimientos terapéuticos y la vacuna.

¿Cómo va la investigación de los antivirales, lo que denomina métodos terapéuticos?

Se están haciendo ensayos para ver si los antivirales son efectivos. Compuestos que son inhibidores para el VIH en las personas infectadas por el coronavirus o contra el virus de la gripe y también compuestos que se han utilizado para malaria. El objetivo es inhibir la replicación y el proceso de entrada del virus en la célula. Es una vía más rápida que la vacuna porque ya son compuestos que se han usado en humanos. No hay que reinventarlos. Los grupos están intentando aplicar los compuestos que ya existen pues producir un nuevo compuesto requiere muchos años. Y que se apruebe.

¿Se ha infrafinanciado la investigación de los virus en los últimos años?

Ese es el gran problema. Hace falta financiación para hacer más investigación. El problema es la falta de apoyo a la investigación. Nos hemos olvidado de los virus y ahora pagamos las consecuencias. Desarrollar un antiviral específico lleva años. Por eso estamos tirando de lo que tenemos a mano. Y esto pasa porque no ha habido apoyo a la investigación para desarrollar antivirales ni anticuerpos. Y lo mismo pasa con las vacunas. Esta falta de planificación la estamos pagando a un precio altísimo.

¿Qué futuro le augura al SARS-CoV-2? ¿Terminará siendo estacional?

Los virus generalmente se van adaptando al entorno. La gente se va haciendo inmune al virus y eso provoca que vaya desapareciendo en el entorno porque no es capaz de infectar a tanta gente. Con virus gemelos pasó eso. Por ejemplo el SARS, que infectó a miles de personas en 2003 y 2004 y desapareció. Después el MERS, que apareció en 2012 y se dan ya muy pocos casos.

Tenemos la esperanza de que desaparezca o que quede confinado en determinadas zonas como estos virus hermanos. El de la gripe, sin embargo, cambia estacionalmente porque son ocho segmentos de ácido nucleico que recombinados puede dar lugar a múltiples variaciones genéticas. Mientras el SARS-CoV-2 solo contiene un segmento de ARN y es el virus de mayor tamaño de los virus de ácido ribonucleico (que también incluyen el VIH, chikungunya, ébola o el Zika). Tiene 30.000 nucleótidos.

¿Cómo trabajan con las restricciones del estado de alarma? ¿Se les considera un servicio esencial y pueden hacerlo sin limitaciones?

Gracias a la consideración del CNB-CSIC como centro de referencia en la lucha contra el COVID-19 en España y a la concesión de una ayuda económica por el Ministerio de Ciencia e Innovación podemos utilizar las infraestructuras del centro para abordar los problemas que nos plantea esta pandemia, y que son muchos.

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