“No tienen ningún respeto”: cientos de turistas visitan cada día este pueblo italiano para sacarse una foto y sus habitantes están hartos

El pueblo de Funes, en el norte de Italia.

Laura Cuesta

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La estampa parece sacada de un cuento, pero es real. Para ver este paisaje verde rodeado de montañas debemos trasladarnos hasta el norte de Italia, concretamente al pequeño pueblo de Funes. Hasta allí viajan cientos de turistas cada día para sacarse una foto o grabar un vídeo, capturándose con las espectaculares Dolomitas como telón de fondo

Funes es un municipio predominantemente germanoparlante, ubicado cerca de la frontera con Austria, y antes de que las redes sociales lo convirtieran en un lugar viral, era un paisaje frecuentado principalmente por senderistas y aficionados a las actividades al aire libre. Todo cambió para los habitantes de esta localidad cuando Instagram y TikTok empezaron a hacer de las suyas.

“Quieren esa foto a toda costa. No tienen ningún respeto, entran en los jardines de la gente y dejan sus coches donde quieren. Así no se puede vivir”, compartió Roswitha Moret Niederwolfsgruber, jefa del consejo de bienestar social del pueblo de 2.500 habitantes en una entrevista para The Times

Los turistas llegan desde todas las partes del mundo, causando especial interés en los visitantes de China, Japón y Corea del Sur. La avalancha diaria de personas ha provocado atascos, allanamientos y un aumento de la basura, especialmente en la zona que rodea la iglesia Santa Maddalena, el principal atractivo turístico de Funes por el precioso paisaje en el que se ubica. 

La solución de los vecinos

Para frenar el flujo de visitantes a la zona, las autoridades municipales ya han tomado una medida: durante la temporada alta, desde mediados de mayo a noviembre, se colocarán unas nuevas barreras que cerrarán la carretera a todos, excepto a los residentes y a quienes tengan reservas de hotel. 

Los visitantes tendrán que caminar 15 minutos por un sendero para disfrutar de las vistas a las Dolomitas, una medida con la que el ayuntamiento prevé desanimar a los interesados. “No digo que los turistas sean una molestia. Pero vienen muchos, y tenemos que gestionarlos”, declaró Peter Pernthaler, alcalde del municipio, a la CNN. 

Sin embargo, las autoridades no las tienen todas consigo. Hace tres años probaron un sistema similar que resultó ineficaz porque los turistas se las arreglaban para seguir a los residentes y saltarse las barreras. En este sentido, el objetivo del ayuntamiento también es intentar que los visitantes contribuyan a la economía local, consumiendo en restaurantes y alojándose en hoteles, y no se limiten a sacarse una foto y marcharse. 

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