Un pequeño busto de marfil revela que los vikingos cuidaban su peinado con sorprendente detalle

La pieza de marfil de morsa, parte de un antiguo juego de mesa, apareció en una tumba del fiordo de Oslo

Héctor Farrés

1 de septiembre de 2025 15:00 h

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Los vikingos han quedado fijados en el imaginario popular como hombres de cabello rubio y largas barbas que surcaban los mares del norte en barcos decorados con cabezas de dragón. Esa visión procede en gran medida de relatos románticos del siglo XIX y, más recientemente, de la industria audiovisual.

La serie Vikingos, emitida en más de 70 países incluida España, consolidó esta estética y la proyectó a escala global, al punto de convertirla en un patrón casi universal cuando se piensa en escandinavos medievales. Sin embargo, la investigación arqueológica y antropológica matiza esa imagen y ofrece un retrato mucho más variado de quienes protagonizaron la llamada Era Vikinga.

El hallazgo de un busto tallado en marfil de morsa, descubierto en 1797 en una tumba ecuestre próxima al fiordo de Oslo y redescubierto siglos después en los depósitos del Museo Nacional de Dinamarca, aporta una pieza que sí encaja en parte con esa imagen televisiva, aunque con matices que permiten verla desde otra perspectiva.

Una pequeña figura hallada en Oslo muestra a un rey con barba trenzada

Se trata de un modelo de apenas 3 centímetros de altura que formaba parte de un juego de mesa nórdico conocido como Hnefatafl. Representa al rey de la partida, la figura central de un entretenimiento que se practicaba entre los siglos VIII y XI y que los escandinavos llevaron consigo en sus viajes hacia Inglaterra.

La pieza fue registrada con el número 589 cuando ingresó en la colección del museo, que hoy reúne cerca de dos millones de objetos. Entre ellos se cuentan desde hachas neolíticas hasta mascarillas de la pandemia de covid-19, lo que muestra la amplitud cronológica de sus fondos. Pese a estar inventariada desde finales del siglo XVIII, la figura pasó inadvertida hasta que el conservador Peter Pentz la redescubrió mientras preparaba una exposición dedicada a las videntes en la era vikinga.

Lo que diferencia a este busto de otras piezas de la época es su detallada representación humana. Mientras que gran parte del arte vikingo se inclinaba por motivos animales o patrones geométricos, aquí se observa a un hombre con rasgos individualizados y un peinado de moda en la élite escandinava. La cabellera aparece partida en el centro, con un ondulado lateral que despeja las orejas y una nuca recortada. Incluso se aprecia un mechón junto a la sien, tallado con minuciosidad.

El detalle en la talla apunta a un personaje de la corte de Harald Bluetooth

La barba refuerza esa sofisticación visual. El rostro luce un bigote prominente, unas patillas claramente definidas y una trenza larga que desciende desde la barbilla. Es decir, la figurilla muestra justo el tipo de vikingo que el cine y la televisión han popularizado, pero con la diferencia de que aquí no es un cliché narrativo, sino la representación real de alguien que vivió en la corte escandinava.

Este nivel de detalle llevó a los investigadores a considerar que la figurilla no retrata a un personaje genérico, sino a un individuo de alto rango en tiempos de Harald Bluetooth, monarca que consolidó la unificación de Dinamarca y promovió la cristianización en la segunda mitad del siglo X.

Si bien algunos se correspondían con la imagen típica, otros eran bastante distintos

La revista Medieval Archaeology destacó que esta pieza abre una perspectiva poco habitual en el estudio de la cultura material vikinga, dominada casi siempre por figuras mitológicas y dragones. Según señaló el propio Pentz en la publicación del Museo Nacional, “es único”. Sus palabras aluden a que nunca antes se había conservado un retrato tridimensional tan vívido de un varón escandinavo de aquella época, capaz de mostrar la moda capilar desde todos los ángulos.

El material empleado también aporta información sobre el valor social del objeto. El marfil de morsa llegaba a Escandinavia desde Groenlandia y estaba reservado a bienes de prestigio. Su uso en una pieza de juego indica la condición privilegiada del difunto enterrado en Viken y la relevancia cultural del propio Hnefatafl. No era solo un pasatiempo, sino un reflejo del estatus en la sociedad nórdica de aquel tiempo.

Una exposición en Copenhague muestra la pieza como ejemplo de moda vikinga

Actualmente, la figurilla forma parte de la exposición Vølvens varsel del Museo Nacional de Copenhague, traducida al castellano como La advertencia del lobo. Allí se exhibe junto a otras piezas que permiten explorar las formas de representación y los hábitos cotidianos de la era vikinga. El público puede observar de cerca cómo el arte de hace más de mil años no se limitaba a figuras abstractas, sino que también captaba la apariencia de personas reales con detalles casi íntimos.

El hallazgo no modifica de raíz lo que se sabe de la sociedad escandinava, pero sí añade un matiz fundamental. La posibilidad de ver a un vikingo con peinado trabajado y barba cuidada muestra que aquellos hombres se preocupaban por su aspecto y que la moda formaba parte de la vida cortesana. En palabras de los responsables del museo, “por primera vez se puede describir con tanta exactitud cómo podía llevar el cabello un hombre de alto rango en tiempos de Harald Bluetooth”.

La imagen popular de los vikingos seguirá probablemente ligada a las barbas rubias que difunden las series y películas, y en este caso la figurilla confirma que esa estética también existía en la realidad, solo que no era un rasgo general de toda la sociedad, sino propio de individuos concretos y de alto estatus.

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