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Eutanasia para cretinos

La discrepancia es legítima, y más en una ley delicada como la de eutanasia. Pero no trago el campeonato de cretineces que se nos viene encima, porque implica sufrimiento, y porque se lo debemos a tantos desobedientes generosos

Cayeta Álvarez de Toledo, Pablo Casado, Teodoro García Egea y José Ignacio Echániz a su llegada a la reunión del Grupo Popular en el Congreso.

Cayeta Álvarez de Toledo, Pablo Casado, Teodoro García Egea y José Ignacio Echániz. Marta Fernández / Europa Press

No falla: en cuanto asoma por el horizonte un nuevo derecho social, se dispara el cretinómetro, comienza el campeonato de barbaridades entre los representantes de ese nacionalcatolicismo cerril que siempre se resiste a ampliar nuestros derechos y libertades. No les descubro nada que no sepan, ya conocen la secuencia: divorcio, aborto, matrimonio homosexual, y ahora la eutanasia, perfecto detector de reaccionarios, ya que el derecho a una muerte digna, y libremente decidida, cortocircuita por completo una moral dogmática que quiere controlar todo nuestro proceso vital: nacer, reproducirse, y por supuesto morir.

El pistoletazo de salida lo dio este martes el portavoz del PP: "proyecto de ingeniería social", "solución final", "ahorrar en pensiones y gasto médico", y la guinda de llamar a la eutanasia "política de recortes", dicho por un exconsejero de Sanidad en el recortador gobierno castellanomanchego. Dejó el listón muy alto para la portavoz de Vox, que añadió de su cosecha "sistema totalitario", "derecho a matar", "el Estado convertido en una máquina de matar, que convierte a los médicos en cómplices y verdugos", para terminar con un piadoso "que Dios les perdone".

Insisto en que esto solo fue el toque de corneta, la llamada para que en los próximos días carguen en tropel los de siempre, en un imparable crescendo de burradas: políticos de hasta el último ayuntamiento, tertulianos, articulistas, locutores de radio, Hazte Oír, y por supuesto obispos. Todos competirán por quién llega más lejos en soltar disparates, falacias, bulos, ley de Godwin, gracietas y juegos de palabras desde tribunas, radios, televisiones, páginas de periódico y púlpitos.

Por supuesto que la discrepancia es legítima, y más en una ley delicada como esta. Bienvenidas sean las dudas, reparos, discusiones, alternativas, rechazos y acciones democráticas para impedirla o modificarla. Y la discrepancia no vale menos porque venga desde planteamientos religiosos, allá cada uno con su moral.

Lo que no trago es el campeonato de cretineces que se nos viene encima. No lo trago, porque la discusión sobre la eutanasia no es inocua, al contrario: el retraso de años en esta ley, y todo lo que consigan retrasarla más o sabotearla, causa mucho dolor, mucho sufrimiento. Y porque además se lo debemos a todos aquellos desobedientes que ya ejercieron su derecho sin esperar a que se lo reconociese una ley, asumieron las consecuencias, y fueron generosos hasta la muerte, convirtiendo en acción política lo más íntimo que tiene una persona: el final de su vida. Por todas esas mujeres y hombres no podemos aguantar este campeonato de cretineces.

Así que puestos a decir burradas, venga, yo el primero, también juego: propongo que legislemos la eutanasia para los cretinos. Eutanasia política, aclaro: apartarlos amorosamente de la vida política, darles un final digno a su carrera, para así librarles del sufrimiento irreversible e intolerable que les supone asistir desde sus escaños y tribunas a la conquista de un nuevo derecho ciudadano.

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