El último pétalo
Nos conocimos hace ocho años en su casa, cuando yo estaba a punto de mudarme al piso de abajo.
–¿Qué hace, señora?
La señora piensa que su cuidadora es tonta. O que, al menos, formula preguntas tontas. A la señora le desagrada tener a esa chica merodeando sus pensamientos todo el santo día. No es solo porque la obligue a sentirse moradora de su vida y de su casa. Es que la expropiación desborda los muros del pisito y alcanza sus meninges. Momentos como este cuando le hace preguntas estúpidas. Bastaría con acercarse a la mesa de camilla para saber que ella, la señora, está dibujando flores de loto estrellado, blancas o azules, depende, el color es sumiso a cómo amanezca el día y las ganas, sobre todo a las ganas, y las de hoy están creciendo en fango y en agua turbia. Una flor imaginada que alberga un fruto narcótico. Por eso las dibuja, para convocarlas.
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