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ARAGÓN

Hipótesis política

La apuesta de asalto institucional por vía electoral que hace apenas año y medio lanzasen los movimientos sociales parece haber tocado techo. La fase que se abre requiere de nuevas hipótesis políticas

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¿Qué ha pasado? Hace menos de un año la Hipótesis-Podemos se presentaba como ganadora para las elecciones, como el instrumento del cambio, como esa herramienta que permitiría a los de abajo, a la gente, asestar un golpe mortal a la casta y, con ello, a todo el corrupto sistema de reparto de privilegios, prebendas y beneficios que, a costa de una fuerte desigualdad social, de miseria y robo, se había instituido como norma en el Estado español. El tiempo estaba de nuestro lado, nos decían. Navegábamos a favor de la corriente y, como los antiguos remeros atenienses, sólo teníamos que continuar nuestra labor, seguir empujando, pues nuestras naves eran más rápidas y contábamos con los mejores estrategas. Nadie pensaba que la batalla fuese a ser fácil, pero estábamos prestos para la victoria. El miedo había cambiado de bando. Las élites políticas y económicas españolas estaban temblando.

Con el ascenso del partido del cambio se produciría un pacto de concentración nacional que pondría de relieve, ya de manera definitiva, que la alternancia entre las dos cabezas del monstruo bicéfalo del bipartidismo no era más que la estrategia para alimentar su único cuerpo, el cuerpo de las élites. Esto, además, pondría de relieve que ese monstruo bicéfalo hacía las veces de Cancerbero, que era  poco más que el perro guardián de ese otro mundo en el que, en último término, sí que se jugaban las cosas: Europa. Allí se decidiría la batalla. La lucha a escala europea se dibujaba en el horizonte como la siguiente etapa. Con Syriza gobernando en Grecia y con el triunfo de Podemos en España se construiría la alianza de los pueblos del sur de Europa que pondría en entredicho los repartos de poder a escala continental. Y, si Europa cambiaba de rumbo, las élites financieras globales se verían en serios apuros. ¡Ay! El sol estaba saliendo. La larga noche de la derrota ya clareaba.

La descripción previa puede, ahora, parecer excesiva; sin embargo, nadie puede negar que la Hipótesis-Podemos, la apuesta de asalto a las instituciones del Estado por vía electoral levantó enormes expectativas. Una ola de ilusión, se decía. Esas expectativas, como es obvio, no se van a cumplir, y ello parece haber reintroducido en nuestras bocas el sabor amargo de la derrota. Ahora bien, ¿es eso lo que ha pasado? ¿De verdad hemos vuelto a ser vencidos? Es necesario introducir un poco de cordura y de distancia crítica ante las sensaciones, siempre traicioneras, de victoria o de derrota. Como se leyese a la entrada del infierno de Dante, para quienes quieren profundizar en el campo de la historia, esto es, mirar con algo de lucidez al entramado móvil de las luchas, parece necesario abandonar toda esperanza. O, si no, al menos, entender que las esperanzas, las expectativas, tienen una validez relativa en la medida en que son elementos sometidos al conflicto, ficciones internas a la disputa.

Así pues, de nuevo, ¿qué ha pasado? Conviene, para entender el último ciclo electoral, ese que va desde el nacimiento del Partido X como primera hipótesis de asalto institucional a la emergencia de Podemos, éste sí el verdadero partido del futuro, y de ahí a la sorpresa de la elecciones europeas, luego a Vista Alegre y, por fin, pasando por el municipalismo, hasta llegar a la actualidad y al resultado ya previsible de las generales, conviene, decíamos, mirar con algo de perspectiva, alargar un poco la mirada. Detenerse un instante a observar cómo se han sucedido la cosas en los últimos años puede ayudarnos a entender la realidad más allá de las sensación tramposa de victoria o derrota, entender los procesos sociales sin dejarnos engañar por nuestras propias expectativas, por ese conjunto de ideas inadecuadas al cual llamamos esperanza. Como ya en el siglo XVII aconsejase Spinoza, tal vez convenga deshacerse no sólo del miedo, sino también de esa otra cara de la misma moneda en la que se inscribe el miedo, de la esperanza.

Hipótesis - 15M

¿Qué he pasado? Tras el ciclo corto de luchas sociales que recorren los años noventa y cuyo ritmo se acelera durante la primera década del siglo ahora en curso, una gran ola de descontento coagula en las plazas. Veníamos del movimiento antiglobalización que había sabido desvelar el carácter central de los poderes financieros a escala planetaria. Veníamos del movimiento del 'No a la Guerra'. Del éxito parcial en el Estado español de las luchas de gays y lesbianas. El 15M trastocó el marco conceptual a partir del cual habíamos entendido que se desarrollan los conflictos. Del guetto de los movimientos sociales, de los cuartos pequeños en que habitaban los colectivos, de las hipótesis resistencialistas, de las manifestaciones minoritarias, salíamos, o, mejor dicho, éramos sacados, al centro de la ciudad y al espacio de las mayorías. Una fuerza que venía de otro lado, que no surgía de los movimientos sociales, pero que retomaba muchos de sus aprendizajes, nos lanzó a las plazas.

Fue breve, apenas sí duró unos meses, pero permitió saber una cosa: que no éramos pocos y que no estábamos solos. Y que eso lo cambiaba todo. El 15M fue, en primer lugar, eso, el momento de vernos las caras. A partir de ese instante las hipótesis políticas ya no serían las mismas. Ahora nos sabíamos mayoría. Teníamos el número, aunque ellos aún tuvieran las armas.

En poco tiempo el movimiento de las plazas menguó. La inteligencia colectiva decidió disolverlo antes de que se deteriorara. Se dijo aquello de que era el momento de volver a los barrios, pero todos sabíamos que, en realidad, lo que estábamos haciendo era volver a casa. La Hipótesis-15M se había agotado. Había cumplido su labor. Era necesario darse un respiro para volver a tomar impulso. Era necesario lanzar una nueva hipótesis. Una que que fuese capaz de morder más fuerte, de tener la hoja más afilada.

Hipótesis - Plataformas de Afectados

La siguiente hipótesis colectiva fue la del sindicalismo social. Surgieron la mareas y experimentos como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Para que nos hagamos una idea, conviene recordar, por ejemplo, que en Aragón se fue capaz de articular la ocupación simultánea de más de cien centros educativos durante una noche. Unas ocupaciones organizadas a partir de asambleas constituidas en cada centro. Asambleas formadas no sólo por los profesionales de la educación, sino por todo el conjunto de eso que hemos pasado a conocer como “afectados”. Por profesores, pero también por el personal no docente de los centros, por los alumnos y las madres y padres de alumnos. Esas ocupaciones fueron acompañadas de huelgas y de manifestaciones multitudinarias.

Las mareas eran el laboratorio de nuevas formas de organización sindical y política, expresión de una hipótesis que saltaba por encima de las limitaciones de la hipótesis 15mayista: las Plataformas de Afectados, ya fuese por los recortes en educación, las privatizaciones en sanidad, las reformas estructurales en lo que se refiere a servicios sociales o las hipotecas.

Pero la Hipótesis-Plataforma de Afectados, sin embargo, también en un corto lapso de tiempo, tocó techo. El sindicalismo social se demostró un arma necesaria, pero por sí misma insuficiente. Incapaces de torcer el brazo de las políticas neoliberales impulsadas desde el Estado, se produjo un reflujo de las mareas. Tal vez alguien pudiera haber vivido ese periodo de resaca como un fracaso. El tiempo, un tiempo que transcurría rápido, nos demostró que tan sólo se trataba de un breve impasse. Los conflictos brotaban por doquier. La legitimidad del régimen político estaba tocada.

Hipótesis - Podemos

Surge entonces la Hipótesis-Podemos y, más en general, la hipótesis del asalto institucional por vía electoral. El tránsito de Ada Colau desde la PAH a Barcelona en Común expresa bien un tránsito que fue colectivo. Es obvio que esta última hipótesis se está agotando, que ha cumplido su ciclo. Sólo queda votar el 20D. En cualquier caso, la transformación que ha introducido en el mapa político es indiscutible. Ha obligado a una recomposición de las élites políticas de efectos imprevisibles. En primer lugar, en muchas ciudades ha desplazado de los gobiernos municipales a los partidos antes llamados “mayoritarios”. Por otro lado, impondrá una fuerte fragmentación en el Congreso y en el Senado, rompiendo definitivamente el bipartidismo. Finalmente, ha obligado a las élites a componer esa máquina de estabilización del régimen que es Ciudadanos.

Sin duda, vivimos un nuevo impasse político. La Hipótesis-Podemos se agota. Pero eso no es una derrota. Es sólo un paso más. Se rompió el techo de cristal de las instituciones. En la línea ascendente hemos topado con un nuevo límite. Hay que mantener posiciones, sin duda. Sin abandonar las hipótesis previas, que se han demostrado exitosas, hay que seguir componiendo, escalando posiciones, articulando la resistencia, profundizando en las luchas contra la desigualdad y en favor del autogobierno, de la democracia. Es hora de crear una nueva hipótesis política. Eso no lo hará ningún intelectual, mucho menos un columnistas. Eso sólo puede hacerse de manera colectiva.

 

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