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ARAGÓN

Zaragoza pide abrir al uso ciudadano un paraje protegido incluido en un campo de maniobras militares

Defensa se muestra reacia a permitir la circulación de personas por un futuro pasillo en El Castellar, declarado lugar de interés por su riqueza ambiental

Navarra reclama el fin del uso militar del campo de tiro aéreo de Bardenas, ubicado en el corazón de una reserva de la biosfera

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Dolores de Cospedal y Pedro Santisteve.

Dolores de Cospedal y Pedro Santisteve. Ayto. Zaragoza / Zaragoza

¿Qué extraña atracción vincula los campos de tiro militares con las zonas ecológicamente sensibles en la ribera del Ebro? Básicamente, se trata de una herencia de épocas en las que la protección ambiental aparecía muy por debajo de la intendencia militar en el escalafón de prioridades de la Administración, aunque existen indicios claros de que eso está cambiando.

Una mayoría del Parlamento de Navarra reclama, como desde años piden movimientos sociales y ambientales de la Ribera, desmantelar el campo de tiro aéreo de Bardenas, un polígono de 2.000 hectáreas vallado en el corazón de una reserva de la biosfera desértica de 42.000 ha, en el que el Ejército lleva medio siglo ensayando ataques de aviación y cuyo último contrato de uso entre el Ministerio de Defensa y 32 municipios navarros vence el año que viene.

Paralelamente, el Ayuntamiento de Zaragoza ha iniciado los contactos con Defensa para, entre otros aspectos, sondear la posibilidad de abrir al uso ciudadano las 12.000 hectáreas de la zona esteparia de El Castellar, que ocupan una tercera parte de las 33.800 del campo de adiestramiento militar de San Gregorio, el mayor de Europa.

Un pasillo hasta la ribera del Ebro

La ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, se comprometió hace unas semanas ante el alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, a estudiar la viabilidad de esa cesión, aunque, en cualquier caso, lo haría tras solventar otras tres peticiones del consistorio: estudiar las afecciones que el vuelo de los aviones militares provoca en los barrios del sur de la ciudad, ceder para uso municipal como sala de exposiciones algunas dependencias del céntrico edificio de la Capitanía Militar y retranquear un kilómetro de la valla perimetral del campo de maniobras para mejorar la respuesta a las crecidas del Ebro en los barrios rurales de Monzalbarba y Alfocea.

El objetivo del ayuntamiento es abrir un pasillo en El Castellar y unirlo con el galacho de Juslibol mediante senderos, lo que dotaría a la ciudad de una amplia zona de interés natural, con un área fluvial de bosque de ribera y otra esteparia, situada a menos de media hora del casco urbano. Cospedal, cuyo ministerio no se muestra partidario de compatibilizar los usos de esparcimiento con los militares en una parte del campo de maniobras, solicitó al consistorio más información antes de pronunciarse.

La idea de abrir ese pasillo en El Castellar y de conectarlo con el galacho de Juslibol no ha llegado a materializarse en los 16 años que el ayuntamiento de la capital aragonesa, desde los tiempos del PP de Luisa Fernanda Rudi y el PSOE de Juan Alberto Belloch, y ahora con Zaragoza en Común y Pedro Santisteve, lleva barajándolo. Y no lo ha hecho a pesar de que el consistorio cerró en ese periodo notables negocios inmobiliarios con el Ejército, como el traspaso de terrenos en Valdespartera, al sur de la ciudad, para construir un populoso barrio de vivienda de protección oficial.

Rapaces, castillo y vía romana

El Castellar, declarado Zepa (Zona de Especial Protección de Aves) y LIC (Lugar de Interés Comunitario), acoge más de medio centenar de especies de aves (rapaces, principalmente), anfibios, invertebrados, mamíferos y reptiles, además de plantas características del área mediterránea como los pinares y matorrales.

La mayoría de sus casi 3.900 hectáreas forman parte del campo de maniobras desde que este fue creado en 1911, cuatro décadas antes de que comenzaran los ensayos de la aviación militar en Bardenas.

La inclusión de El Castellar en el campo de maniobras ha impedido que llegaran a ser excavados los restos de su castillo, la vía romana que lo atraviesa y los restos arqueológicos de otras épocas, especialmente de la medieval, localizados en su perímetro. Sin embargo, y paralelamente, la limitación de la presión humana por su inclusión en el polígono militar ha favorecido la conservación de su riqueza ambiental y ha mantenido esa zona al margen de la especulación inmobiliaria.

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