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27S: ganadores y perdedores

Imagen del exterior de la sede de Catalunya Sí que es Pot. / ENRIC CATALÀ

Sandra Ezquerra

Si bien con la celebración de las elecciones al Parlament de Catalunya acaban finalmente las interpretaciones de encuestas y sondeos, las lecturas que ahora empiezan de los resultados finales no estarán menos exentas de creatividad y auto-indulgencia. Artur Mas, y a su lado Raül Romeva, anuncia eufórico el triunfo del proceso independentista que él se empeña en liderar, y desde el unionismo más recalcitrante piden dimisiones del candidato de incógnito de Junts pel Sí y la reedición de la contienda electoral. Curiosamente, aquellos que defendían que estas elecciones eran un plebiscito reivindican haberlo ganado sin haber obtenido más de la mitad de los votos, y fuerzas como el Partido Popular y Ciutadans, que juntos no suman más del 26% de los votos, celebran haber salvado la unidad de España.

Sin embargo, ni el supuesto plebiscito sobre la independencia de Catalunya ha resultado de manera indudable en un Sí hacia la Declaración Unilateral de Independencia ni ha triunfado el No. Si tenemos que hablar de ganadores y perdedores en esta contienda electoral, por elegir los tres más importantes, entre los primeros se encuentra el derecho a decidir, entre los segundos, la defensa de los derechos sociales de la mayoría de la ciudadanía de Catalunya y la regeneración de la política institucional desde una perspectiva transformadora.

Victoria de la voluntad de decidir

Las personas que han votado a favor de la celebración de un referéndum para que los y las catalanas puedan decidir el futuro de su país suman 2.406.776 (Junts pel Sí, Catalunya Sí Que Es Pot, CUP, Unió), mientras que el total de papeletas depositadas en apoyo a las fuerzas que se oponen (Ciutadans, PSC y PPC) es de 1.586.302. Aunque es imposible saber cómo se decantaría el voto de las 463.489 que han apoyado a Catalunya Sí Que Es Pot y Unió en un hipotético referéndum sobre la independencia, no es nada descartable que una parte importante optaría por la creación de una República Catalana independiente. Por otro lado, y aún más importante desde una perspectiva democrática, el conjunto de personas que han expresado que quieren que este referéndum deje de ser hipotético supera en casi un millón a las que, según los resultados del 27S, consideran que no hay que consultar a la ciudadanía. Espero que tanto aquellos que llevan años oponiéndose a reconocer el pueblo de Catalunya como sujeto político con derecho a decidir su futuro como aquellos que le reconocen este derecho pero desde una posición acomplejada y llena de matices, hagan balances lo menos auto-indulgentes posibles y tomen nota: la voluntad de autodeterminación es hegemónica en Catalunya y ni puede ser menospreciada con fines electoralistas ni puede ser defendida a medias tintas.

La ausencia de los derechos sociales

La defensa de los derechos sociales, por otro lado, ha sido la gran ausente de los debates de las últimas semanas. La fuerza más votada, Junts pel Sí, los mencionaba únicamente cuatro veces en su programa (y dos veces el término “desahucios”). Ha contado, además, con un ecosocialista de cabeza de lista que no ha dudado en actuar de hombre-escudo frente a las críticas a las políticas austericidas de CiU y en contribuir a enmudecerlas. Ciutadans, por otro lado, se ha llenado la boca hablando de “unión” y “convivencia” y, las pocas veces que su candidata ha hablado del país que quieren construir no ha hecho más que repetir las mismas fórmulas antisociales que tantos años llevan fracasando en Catalunya y en otros lugares en manos de CiU, CiU y el PSOE. Las dos únicas excepciones en el terreno social las han constituido Catalunya Sí Que Es Pot, con su clamor por poder decidirlo todo, y la CUP-Crida Constituent con su tozudez por dotar a la independencia de contenido de ruptura social y económica. Sin embargo, ambas han fracasado a la hora de colocarlo en la agenda política y no han conseguido sacarlo de la marginalidad de la campaña electoral. Frente a los argumentos que estas elecciones “iban de otra cosa”, no hay que olvidar que históricamente los proyectos nacionales nunca han sido socialmente ni económicamente neutros y cuando han parecido carentes de contenido social ha resultado que éste estaba presente de manera implícita. No hay duda, en este sentido, que tanto el proyecto nacional de Junts pel Sí como el de Ciutadans (que también lo tiene) se caracterizan por su talante antisocial. Y ésta es una derrota no solo de las izquierdas sino de las clases populares y mayorías sociales de Catalunya.

La derrota de la regeneración de la política

La segunda derrotada de estas elecciones es, como apuntaba anteriormente, la regeneración de la política institucional desde una perspectiva transformadora. Con la única excepción de la CUP, que ha presentado una lista llena de personas independientes y militantes comprometidos con las luchas sociales, el resto de fuerzas no han permitido vislumbrar mucha esperanza hacia otra forma de hacer política. Desde un Junts pel Sí empeñado en llevar de nuevo a la presidencia a un Mas pretendidamente ajeno a los escándalos de corrupción protagonizados por su partido y escondido tras respetadas caras de la izquierda y de la sociedad civil, pasando por el tándem Arrimadas-Rivera quienes, a pesar de presentarse como el “cambio sensato” se parecen peligrosamente a lo peor del Partido Popular tanto en sus propuestas económicas como en su xenófobo “Quita tus Sucias manos de mí bandera” y la imputación del señor Jordi Cañas . Por no dejar de mencionar a una Catalunya Sí Que Es Pot, que se ha quedado a años luz de la confluencia conseguida en Barcelona en las elecciones municipales del 24 de mayo. Con algunas más que honrosas excepciones como el propio cabeza de lista, Lluís Rabell, o luchadores irreductibles como el Albano Dante, Joan Giner o Alba García, ni el proceso de confluencia ni la confección de la lista y del programa de Catalunya Sí Que Es Pot han estado a la altura del momento de revolución democrática en el que nos encontramos. Por citar sólo dos ejemplos, y sin querer trasladar de manera mecanicista los resultados de las elecciones municipales del mes de mayo al 27 de septiembre, Catalunya Sí Que Es Pot ha obtenido en un distrito como Nou Barris menos de la mitad de votos de los que obtuvo Barcelona en Comú hace sólo cuatro meses (10.330 versus 22.466) y menos de la mitad de votos también en la capital de Catalunya (80.950 versus 176.337).

No podemos perder de vista, por supuesto, que Catalunya Sí Que Es Pot no es, ni lo fue nunca, Barcelona en Comú; como tampoco podemos perder de vista que ni mucho menos ha conseguido ilusionar de la misma manera. Son malas noticias para Catalunya Sí Que Es Pot pero lo son también para todos aquellos y aquellas que llevamos meses vibrando con la posibilidad de una transformación radical de la vida política de nuestro país y que hoy vemos como el recambio del Régimen triunfa en barrios y municipios que no hace mucho lideraban el cambio.

A partir del 28 de septiembre continuará y se acelerará la competición para imponer un relato ganador de las elecciones. Espero que también empiecen los balances rigurosos y las autocríticas honestas. Se mire como se mire, la defensa implacable de los derechos sociales y la regeneración democrática son las grandes derrotadas del 27S. Quizás el derecho a decidir sale mejor parado, pero lo hace, en el mejor de los casos, sin justicia social y, en el peor, con las políticas criminales que nos ha impuesto Mas durante los últimos cinco años.

Lo que seguro que no gana es la reivindicación de que la lucha por los derechos sociales, la lucha por la soberanía y la lucha por otra forma de hacer política son inseparables. No nos sirven caras nuevas en el Parlament si hacen las mismas políticas de siempre, ni nos sirve un país soberano si en él las familias siguen siendo desahuciadas o las mujeres seguimos sufriendo la violencia machista. Tampoco nos sirven las promesas de más justicia social si la gente no las escucha o no se las cree.

Este 27S han perdido las mayorías sociales de Catalunya y la esperanza de un cambio real. La buena noticia es que hay vida más allá. Como suele decirse, después viene el 28 y el 29 y el 30... Eso sí, las ventanas de oportunidad no suelen abrirse a menudo ni suelen permanecer abiertas durante demasiado tiempo. No lo perdamos, y no (nos) perderemos.

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