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La casi imposible solución federal

Artículo VIII de X de 'Carta a los amigos y amigas de España: un lenguaje para entendernos. Sobre los obstáculos ideológicos, culturales y lingüísticos que dificultan crear escenarios de encuentros posibles entre  un potencial movimiento democrático en España y un movimiento popular catalán que aparece como independentista y nada más'
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Ya nos hemos referido brevemente a la tercera vía, la federalista. No existe por ahora en tanto que vía política real,  pero sí como una oferta ideológica que de momento no encuentra comprador. Es un elemento que puede crear confusión útil para los que tengan interés en oscurecer el conflicto entre Cataluña y el Estado español. Ahora presenciamos en el escenario mediático español una serie de debates inútiles entre políticos poco confiables que venden falso federalismo que ni tan solo aplican a su partido (PSOE), y los gobernantes irresponsables (PP) que pretenden que no hay reforma alguna por hacer en un marco constitucional agotado y cabalgan a ciegas hasta el precipio.

Existe también el federalismo de buena fe, como los citados “federalistas de izquierdas”, que tienen ideas pero les faltan los agentes para ejecutarlas y la clientela para comprarlas. Finalmente, están los confederalistas, que sueñan en una alternativa a la independencia que permita tener estructuras de Estado o un potente autogobierno manteniendo un estatus especial en el Estado español. Es el plan B, no explícito en muchos casos, pero que está presente en la política catalana pero no española. No parece probable esta salida a menos que Cataluña se declarara en primera instancia independiente y luego pactara este tipo de relación.

La solución federalista no es por ahora viable. Hay una primera razón muy obvia. No existen en España fuerzas políticas que opten por el federalismo. Al contrario, restringen el marco de autonomía de las comunidades. Ni líderes políticos con el suficiente carisma y capacidad integradora para plantear con posibilidades de éxito un proyecto federalista. Ni hay movilizaciones ni demandas sociales a favor del federalismo. Pero esta argumentación podría relativizarse. Precisamente porque nadie es federalista esta solución intermedia podría ser un punto de encuentro. Por ahora no hay nadie que camine hacia este punto intermedio. Sin embargo, en un futuro más o menos próximo no sería absurdo, en teoría, que aparecieran interlocutores razonables que avanzaran hacia esta solución. Aunque este escenario por ahora parece utópico.

Pero al margen de que haya o no actores políticos que puedan proponer soluciones federalistas, no creo que el modelo federal sea el más adecuado para España, como se ha visto con el Estado de las autonomias o del llamado café para todos. La diversidad de provincias, regiones y nacionalidades es demasiado grande como para integrarse bien en un modelo uniforme. Y un modelo asimétrico es muy problemático, pues los estatutos diferenciados son percibidos como privilegios de unos respecto a otro.

Y si se tiende a la homogeneización o bien se genera un reino de taifas ingobernable o bien se limita el autogobierno de tal forma, como ocurre ahora, que los países de base nacional, como el catalán, no lo pueden aceptar. Más aún si se aplican, como ha ocurrido desde el inicio del período constitucional, legislaciones y políticas generales que van en contra de sus intereses más básicos, sean económicos, culturales o políticos de las comunidades con vocación de autogobierno.

Para Cataluña el federalismo sería una falsa solución (como lo sería para Euskadi). Dependería de un Estado que siempre estaría gobernado por fuerzas políticas contrarias. Cataluña posee, como es el caso del País Vasco, un sistema de partidos diferente del que rige en el resto del Estado. Los partidos estatalistas, en este caso PP y PSOE, se alternan en los gobiernos tanto central como autonómico y en muchos casos en los poderes locales excepto en Catalunya y Euskadi.

En Cataluña hay partidos con fuerte representación institucional que no tienen equivalencias en el resto del Estado: Convergencia i Unió y ERC, que además son actualmente los dos partidos más votados. También son partidos únicamente de Cataluña Ciutadans (españolista) y la CUP (independentista), minoritarios y con posiciones opuestas pero ambos en auge. Otros son independientes pero tienen un partido hermano (o primo), como ocurre con Iniciativa respecto a Izquierda Unida. O bien mantienen perfiles propios que les hacen estar con mucha frecuencia en situaciones de conflicto con el partido hermano que es dominante, es el caso del PSC con el PSOE. Solamente el PP catalán está estrictamente sometido a la dirección central del PP.

En un sistema federal clásico los partidos estatalistas tendrían siempre la mayoría en las instituciones representativas, fueran uno u otros. Más aún con un sistema electoral que refuerza artificialmente a las regiones centrales y a las provincias menos pobladas. Por otra parte en los temas propios de las entidades territoriales con vocación de autogobierno, como Cataluña con su experiencia histórica, incluida la más reciente, nos muestra que los partidos de ámbito español se ponen siempre de acuerdo para limitar al máximo el autogobierno catalán. Como me contó Raimon (el cantautor valenciano) hace ya algunos años, un intelectual progresista de Madrid le comentó “Cataluña no es española, pero es de España”. No fue una afirmación agresiva ni una respuesta polémica, solo una simple constatación del punto de vista español respecto de Cataluña.

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