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Jorge Fernández Díaz, a la derecha de la derecha

Fernández Díaz se convierte en uno de los primeros ministros del Interior que puede disfrutar del cargo sin la amenaza de la espada de Damocles del terrorismo etarra

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Jorge Fernández Díaz. (Foto: Jaume Bach)

Jorge Fernández Díaz. (Foto: Jaume Bach)

El único ministro catalán del gobierno de Mariano Rajoy, Jorge Fernández Díaz, nació en realidad en Valladolid (1950), si bien su familia se estableció en Barcelona en 1953. Hijo de militar falangista, estudió ingeniería industrial, y ha sido inspector de trabajo y seguridad social e ingeniero del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Se dedica a la política desde los 28 años, habiendo militado en partidos de derechas desde la transición: UCD, CDS y hasta llegar a Alianza Popular, actual PP. Fernández Díaz también es reconocido por su enorme religiosidad, que lo ha convertido en miembro supernumerario del Opus Dei. Desde el 22 de diciembre de 2011 es ministro del Interior de España.

Antes de llegar al Ministerio del Interior, una de las carteras más apreciadas del Gobierno, Fernández Díaz ha jugado casi los papeles en política: diputado durante muchos mandatos en el Congreso, diputado en el Parlament de Catalunya, concejal del Ayuntamiento de Barcelona y senador. Durante el gobierno de José María Aznar ocupó diversos cargos públicos: Secretario de Estado para las Administraciones Territoriales, de Educación, Universidades, Investigación y Desarrollo, y de Relaciones con las Cortes.

Fernández Díaz se convierte en uno de los primeros ministros del Interior que puede disfrutar del cargo sin la amenaza de la espada de Damocles del terrorismo etarra. Lejos de aprovechar este respiro, el veterano político se ha complicado la vida hasta voltear una de las tendencias más inamovibles del departamento: la valoración de los máximos responsables de Interior en las encuestas del CIS siempre ha sido una de las más altas, excepto en Fernández Díaz, al que le ha pasado justo lo contrario. El ministro no recoge simpatías ni dentro ni fuera del departamento y sus resbalones son públicos y notorios. Así, los suyos no le perdonan clamorosas ausencias en funerales de agentes muertos en acto de servicio. También se cuestiona su gestión de fronteras, con la polémica de las vallas de Ceuta y Melilla. O cuando el programa "Salvados" le preguntaba sobre las acusaciones de políticos que le señalan como culpable de las filtraciones de la UDEF y él respondió con un lacónico "¿y?" No menos increíble y polémica fue la comparación que hizo del aborto con ETA. Aunque a un nivel si se quiere más anecdótico, llamó la atención la concesión a una Virgen de la medalla al mérito policial. Y más recientemente ha puesto la guinda al pastel de su ministerio con la controvertida ley mordaza, que ha dado -y todo parece indicar que seguirá dando- mucho que hablar.

En caso de un segundo mandato de Rajoy, el entorno del ministro catalán lo sitúa alejado del ministerio del Interior. Mientras tanto, el creyente político se encomienda a la virgen para tratar de salvar más resbalones.

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