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Un día histórico en el camino de la solución del conflicto vasco

El II Encuentro por la Paz y la Convivencia en Euskal Herria -organizado por el C.P. San Carlos Borromeo y celebrado el pasado viernes en el auditorio "Marcelino Camacho" de CCOO en Madrid- sirvió para demostrar que el primer paso para solucionar el conflicto vasco pasa por el diálogo.

A pesar del dolor que todavía hoy sienten las víctimas de ETA y los GAL que participaron en este acto, de sus intervenciones no se desprendía ánimo de venganza, sino una firme voluntad de conciliación.

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El conflicto vasco es, probablemente, uno de los problemas de la sociedad española más complicado de abordar, especialmente cuando se es consciente de que se hace desde fuera, sin tener la menor idea de lo que significa vivir amenazado, o sin haber sido torturado o sin que nadie de tu entorno haya sido asesinado. Tanto por ETA como por los GAL. O sin saber lo que significa vivir bajo una permanente persecución por parte del Gobierno, por ser sospechoso (e, incluso, acusado y encarcelado por ello) de ser miembro una organización terrorista, solo por formar parte de la izquierda abertzale o por el mero hecho estar de acuerdo con la independencia de Euskal Herria, tal y como sigue sucediendo todavía.

Este, entre otros, es uno de los motivos por los que fue tan relevante el II Encuentro por la Paz y la Convivencia en Euskal Herria, organizado por el C.P. San Carlos Borromeo y celebrado este viernes en el auditorio "Marcelino Camacho" de Comisiones Obreras de Madrid. Como ponentes de la mesa redonda se encontraban: Axun Lasa, víctima de tortura y hermana de Joxean Lasa, secuestrado, torturado y asesinado por los GAL; Karmen Galdeano, hija de Xabier Galdeano, fundador del diario Egin y asesinado por los GAL; Rosa Rodero, viuda del ertzaina Joseba Goikoetxea, asesinado por ETA; y Luis Otero, excomandante del Ejército español, fundador de la Unión Militar Democrática. También había sido invitada Rosa Lluch (hija de Ernest Lluch, político socialista asesinado por ETA), quien por cuestiones de salud no pudo asistir, pero que mandó una emotiva carta explicando los motivos por los que consideraba que debían celebrarse actos como este. Incluso Lucía Carrero, nieta de Carrero Blanco (que ya había acudido al primer encuentro), envió un escrito de apoyo a este acto.

Àngels Barceló, moderadora de la mesa redonda, pidió a cada una de las participantes que contara su historia. Los relatos de ellas fueron conmovedores, pero también profundamente inspiradores. De sus intervenciones se desprendía un dolor desgarrador que, a pesar del tiempo transcurrido, no había remitido, pero ni un ápice de rencor. Eran mujeres que habían tenido la desgracia de vivir situaciones espantosas, entre las que estaban las amenazas, las torturas y el asesinato de sus seres queridos, pero no personas en busca de una venganza mediante la que resarcir su daño. Eran historias narradas desde la honestidad con el objetivo de compartir para entender y hacerse entender y, desde ahí, encontrar un lugar desde el que poder avanzar, todos juntos, en pos de la resolución del conflicto, de una sociedad mejor.

Ante semejantes testimonios, no se puede evitar pensar que, quizás, si en lugar de estar preocupados por encontrar un ganador y un perdedor del conflicto vasco, en lugar de clasificar a quienes sufrieron tanto en víctimas de primera y víctima de segunda, nos afanáramos más por escuchar al otro y por entender el dolor ajeno, quizás fuera más fácil lograr una convivencia basada en el respeto. Así lo recalcó Karmen Galdeano, quien aseveró que puede que este tipo de encuentros (que son mucho más frecuentes en el País Vasco) no sirvan ni para que todas las partes se pongan de acuerdo ni para que nadie cambie su forma de pensar, pero sí para entender que “yo no soy la que más ha sufrido”. Si ellas son capaces de hacerlo, cómo no vamos a poder los demás.

Siempre digo que, de todas las que he visto, la única película que me ha cambiado la vida ha sido la de Asier ETA biok, codirigida por Amaia y Aitor Merino, quienes también acudieron como público a este acto. Hay otras que, por supuesto, me han emocionado o han significado mucho para mí, pero esta ha sido la única que ha hecho que me replantee mi papel como ciudadana respecto a este problema. La intención de los directores de esta película de no-ficción era la de contribuir a que la gente, especialmente de fuera del País Vasco, se preguntara si su visión sobre el conflicto vasco era parcial. Nada más. Una propuesta que, desafortunadamente, se ha entendido mejor en aquellos países extranjeros a los que han ido a mostrar su trabajo que en España. Cuando se estrenó, a principios de 2014, Aitor Merino se lamentaba por el hecho de que, sin verla, las distribuidoras se hubieran negado a exhibirla en sus salas, “más por lo que parece que es que por lo que en realidad es”.

Teniendo en cuenta que vivimos en un sistema capitalista, es probable que el prejuicio de las distribuidoras no fuera ideológico, sino económico. Si la gente relaciona la película con ETA, no van a querer ir a verla y, por tanto, se quedan sin clientes. Y, probablemente también, ese prejuicio que pudieran tener muchos de los potenciales espectadores venga motivado en gran parte por los medios y por las propias instituciones públicas. Respecto a los comunicadores, Aitor Merino contaba, en el coloquio posterior al estreno de la película, que la mayoría de ellos “han ofrecido una versión de los hechos que se corresponde únicamente con un sector de los implicados, pero faltan periodistas que aborden este asunto de manera global, que tenga en cuenta todas las realidades”.

La actitud del Gobierno puede resumirse con lo ocurrido precisamente en relación a este II Encuentro por la Paz y la Convivencia en Euskal Herria. En un primer momento, el C.P. San Carlos Borromeo solicitó celebrar este acto en la sala Ernest Lluch del Congreso de los Diputados donde en un primer momento -y por unanimidad- se dio el visto bueno. Sin embargo, dadas las múltiples protestas públicas de asociaciones como la Asociación de Víctimas del Terrorismo o Dignidad y Justicia, los diputados del PP y del PSOE decidieron revocar su inicial autorización y vetar el encuentro. Además del hecho de que, si hubieran mantenido su resolución, habría sido una forma de admitir, de alguna manera, que el conflicto vasco también es un conflicto político, lo que se demostró con esta actitud fue que no tienen ningún tipo de voluntad no solo para solucionar el conflicto, sino incluso para habilitar un espacio desde el que dialogar. Una lástima, porque si hay algún agente que tiene la responsabilidad de hacer pedagogía y propiciar, cuanto antes, un entorno desde el que poder encontrar una solución es, precisamente, el Gobierno.

Cuando se abrió el turno de preguntas, la corresponsal de La Tribune de Genève, Cécile Thibaud, quiso saber cuál era la idea final a la que habían llegado. “Cada uno de los ponentes ha contado su historia y ha explicado por qué cree que celebrar este tipo de actos es importante, pero ¿cuál es la conclusión de todo esto?”. Desafortunadamente, aún estamos muy lejos de poder, siquiera, exponer las posibles claves que puedan llevar a la sociedad española a resolver este problema. Más bien, estamos en la fase cuyo objetivo es que todas las partes implicadas, directa o indirectamente, se sienten a conversar. Y gracias a este encuentro se logró. Por primera vez, Madrid acogió un diálogo conmovedor entre víctimas del GAL y de ETA al que, entre otros, acudieron como público José Amedo -condenado a 108 años de cárcel por formar parte de los GAL- y varios expresos de ETA. Si hay que sacar una conclusión, me quedo con la que me dio Amaia Merino al terminar el acto: “Ha habido momentos en los que he sentido que este es un día histórico”.

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