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El objetivo del periodismo

La presencia de mujeres en las portadas es desigual porque la sociedad no es paritaria. Pero ¿debería serlo, aunque eso implique redefinir para qué se hace periodismo?

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Uno de los temas definitorios de nuestro tiempo es la lucha por la igualdad de género en la sociedad. Aunque ya en el siglo pasado se produjeron grandes avances, gracias a las luchas de generaciones de mujeres y a la progresiva evolución de las mentalidades que se produjo como consecuencia, la realidad es tozuda y la desigualdad patente. En múltiples aspectos las mujeres no son todavía plenamente iguales, y se puede argumentar que cuanto menor es el camino que queda por recorrer (en términos históricos) mayor es el desasosiego de aquellas que se ven obligadas a seguir luchando por algo tan obviamente justo como es el que las personas sean tratadas por igual con independencia del sexo o el género al que pertenezcan. Porque cuanto más cerca está el objetivo más injusta parece la distancia que todavía nos separa de alcanzarlo.

No es extraño, por tanto, que entre los lectores y socios de eldiario.es la sensibilidad hacia las cuestiones de género sea alta, como demuestra la siguiente protesta de Ana, de Barcelona:

“De nuevo hoy, 8 de diciembre a las 8.50H, abro eldiario.es y me encuentro una portada sin mujeres en la sección de opinión (y solo tres mujeres en los artículos de primera plana).”

Días después insistía:

“Hola, Desde septiembre el Defensor de la Comunidad no ha publicado ningún artículo nuevo. Cuestión que me resulta preocupante, ya que no puede haber prensa responsable sin auto-crítica. Además, hoy, por tercera vez esta semana, las mujeres brillan por su ausencia en la primera plana de este periódico (solo hay dos en los primeros scrolls); y han sido nuevamente excluidas en su totalidad de la sección de opinión. He escrito varias veces al Defensor de la Comunidad con respecto a esta cuestión. No he recibido nunca una respuesta y, dada la primera plana de hoy, tampoco se ha proporcionado ninguna solución. Espero puedan abordar este tema pronto. Gracias y saludos, Ana”

Y hace unos meses la misma autora escribía:

“Estimado José Cervera, Este mensaje es simplemente para sugerir que por favor sean cuidadosos en el equilibrio de género de la sección de opinión. En general suele haber una proporción más o menos aceptable entre autores y autoras en primera página, que permite pasar por alto el desequilibrio de género constante de este medio en cuanto a autores y autoras. En cualquier caso, dicho desequilibrio es muy inferior al de otros medios de prensa y creo que la editorial hace un esfuerzo por propiciar una prensa no machista y no sexista. No obstante, hoy por primera vez desde que leo este medio me encuentro que en la sección de Opinión no hay ni una mujer autora! Esto es inaceptable. (Justo mientras escribía esto han cambiado los artículos de la sección, ahora se vuelve al ratio un poco más habitual: 2 autoras y 6 autores). Gracias y saludos, Ana”

Un somero y acientífico análisis confirma la sospecha de Ana: tomando como referencia la primera semana de diciembre y como representación el adelanto para socios vemos que el número de caras femeninas en las noticias oscila entre el 10 y el 25% del total de imágenes, mientras que el número de firmas femeninas varía entre 1/7 y 1/3 del total de artículos firmados. Aunque a lo largo del día se publican más noticias y las proporciones exactas varían, está claro que la proporción está alejada de la ratio ideal del 50%, o 1/1.

En parte esto se debe a que  el equipo muestra una ligera, aunque real, desigualdad de género. Analizando la información publicada por el medio y teniendo en cuenta tan sólo la edición madrileña la composición del equipo profesional cuenta con un director, dos subdirectores y un adjunto al director y un jefe de sección varones por 4 jefas de sección y producto y una adjunta al director mujeres en su cúpula (6 a 5); entre los redactores y especialistas en vídeo hay mayor paridad (6 de cada sexo) así como entre los colaboradores habituales de secciones (12/12). La mayor desigualdad se produce entre los columnistas (20 varones por 9 mujeres) y los escritores de blogs (16 varones por 6 mujeres).

Está claro que el medio intenta aproximarse a la proporción de sexos ideal en la redacción, aunque el desequilibrio en el área de opinión siga siendo patente. Será positivo cualquier esfuerzo futuro por aumentar la igualdad en el ámbito laboral y convendría intentar acercar la ratio entre columnistas y escritores de blogs, algo en lo que la dirección del medio está trabajando como aclara el director, Ignacio Escolar:

“Es verdad que los hombres tenemos más peso entre los jefes que las mujeres en eldiario.es -es algo que quiero corregír-, pero dudo que haya muchos otros diarios con más mujeres en puestos de responsabilidad.

En administración hay un gerente, un director comercial y una directora de marketing y socios que se incorporará en un par de semanas.

En cuanto a la falta de mujeres en opinión, es algo que nos preocupa y que queremos cambiar lo antes posible.”

Más complicado es mejorar la proporción de mujeres y hombres en los sujetos de las noticias, porque aquí nos encontramos con un problema real: la sociedad misma sigue mostrando desequilibrios y un medio como espejo de la realidad que es puede parecer sesgado simplemente porque recoge una realidad sesgada. Si vivimos en una sociedad en la que las mujeres no son todavía, por desgracia, realmente iguales esa desigualdad aparecerá en cualquier intento de describir esa sociedad.

De hecho nos encontramos con un clásico problema del periodismo, que es definir su objetivo: para qué se hace periodismo y cuál es su función última. Una respuesta tradicional a esta pregunta es que la función del periodismo es describir la realidad, contar lo que pasa; servir como una especie de papel fotográfico que reproduzca lo que sucede sin alterarlo, con el único propósito de transmitirlo del modo más fiel posible al público de tal modo que éste pueda tomar sus propias decisiones morales o políticas. El periodismo como espejo objetivo de la realidad.

Si se acepta esta definición y se lleva correctamente a la practica cualquier desigualdad en la cobertura de lo que es noticia será simplemente un reflejo de la realidad social, desigual como es; si mujeres y hombres no aparecen en iguales números en las portadas de un medio sólo se debe a que no son noticia en iguales números. El hecho, real, de que las mujeres tengan menores cuotas de poder en la sociedad causaría automáticamente que fueran noticia menos a menudo, ya que casi siempre lo que es noticia son las acciones del poder. Habría menos mujeres en portada porque la realidad es que hay menos mujeres ministras, directivas de empresa, jefas de producto, científicas, etc.

En este caso, y de nuevo si se hace adecuadamente, el periódico no podría ser responsable de la desigualdad ni tendría que luchar por cambiarla, igual que el espejo no es responsable de la fealdad (o belleza) de aquel que se mira. El efecto sería especialmente marcado en un medio como eldiario.es, que  desde el principio se define como especialmente concentrado en los campos de la política y la economía, donde lamentablemente la igualdad de género real aún está lejana.

Pero hay otra definición posible del periodismo que incluye no limitarse a contar lo que hay, sino hacer lo posible por ayudar a que mejore; a que se haga menos injusto, más igualitario. Es el periodismo que incluye un compromiso con una sociedad más justa, el periodismo que denuncia y combate los atropellos de los poderosos y cuenta los problemas de los que carecen de poder, el que es consciente de que contar la verdad de aquello que está mal es un modo de ayudar a que las sociedades adultas luchen contra sus problemas. De hecho el simple acto de colocar un espejo, de hacer saber a quienes abusan de su poder que quizá sus desafueros sean conocidos es un acto de lucha por la igualdad, por lo que en puridad el periodismo ‘objetivo’ no existe ni puede existir. Es un periodismo con un objetivo distinto que reconoce que observar y dar a conocer lo observado cambia la sociedad, y que si se hace de modo abierto y transparente y mantiene un equilibrio razonable entre transmitir la información y ayudar a que la sociedad mejore puede valioso e importante.

En este sentido hay mucho que se puede hacer sin por ello cometer mal periodismo. Por ejemplo y como ya hemos comentado la prensa cuenta con un ‘superpoder’ muy especial, que es la capacidad de definir qué es y qué no es noticia. Existen, por supuesto, toda una serie de criterios profesionales que indican la pertinencia y la importancia de una cierta información y que convierten a un determinado sucedido en digno de un espacio en el medio (noticia) mientras que otro sucedido tal vez se quede fuera. El uso juicioso de este ‘superpoder’ puede servir para hacer más igual la información privilegiando en estos criterios una mayor paridad de género. Si el periodismo no se limita a describir sino que puede ayudar a cambiar la sociedad, dar más visibilidad a aquello que pasa cuando el protagonismo es femenino es un acto profesionalmente defendible y socialmente responsable de lucha por la igualdad. Especialmente importante en un medio como eldiario.es que desde  sus principios fundacionales se define como defensor de los derechos humanos y de la igualdad.

En lo que respecta a este cargo, Ana de nuevo tiene razón; llevamos algún tiempo sin aparecer. Esto se debe a que impera una política de no publicar si no hay ninguna queja de lectores o socios que trate algún tema interesante y novedoso, lo que excluye, por ejemplo, aquellos que ya han sido tratados. Muchas de las quejas y sugerencias de los lectores se refieren a problemas ya analizados que no tiene mucho sentido volver a retomar, como el papel de la opinión, la publicidad sexista, las imágenes duras en portada, el  sesgo de tipo político o ciertas publicidades con carga ideológica, por poner sólo algunos ejemplos. Es cierto que esto implica que a veces se queden temas interesantes en el tintero, por lo que no lo dude: en caso de tener cualquier inquietud  envíela y la trataremos con el mayor gusto y todo el acierto del que seamos capaces. Pero todas las misivas enviadas al Defensor son leídas, analizadas y evaluadas, aunque no todas sean respondidas. Y todas son agradecidas.

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