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ENTREVISTA | Thorstein Víglundsson

"Si exigimos a las empresas medidas fiscales, ¿por qué no van a tener que aplicar las de igualdad?"

Thorstein Víglundsson, ministro de Asuntos Sociales de Islandia, defiende estos días en la ONU su última medida para reducir la brecha salarial

"Casi el 96% de los niños menores de 6 años están atendidos por algún tipo de servicio. Tenemos una de las mayores tasas de participación femenina en el mercado laboral"

Islandia acaba de anunciar que las empresas tendrán que demostrar que pagan lo mismo a mujeres y hombres y revisar las categorías y el valor que otorgan a cada puesto de trabajo

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El ministro de Asuntos Sociales de Islandia, Thorstein Víglundsson.

El ministro de Asuntos Sociales de Islandia, Thorstein Víglundsson, rodeado de la líder socialdemócrata y de la líder del movimiento verde.

Islandia encabeza las clasificaciones mundiales de igualdad. El país nórdico de apenas 300.000 habitantes se ha convertido en un referente por sus políticas públicas y sus indicadores, que muestran que la brecha de género se ha reducido considerablemente.

Thorstein Víglundsson es el ministro islandés de Asuntos Sociales y se encuentra estos días en Nueva York, donde asiste a la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de la ONU de este año. Allí ha defendido la última medida que ha anunciado su Gobierno: la obligación por ley de que las empresas justifiquen  que pagan lo mismo a hombres y mujeres.

Hace solo unos días, Islandia anunció también que eliminaba los controles de capital impuestos tras el estallido de la crisis en 2008. Fue entonces cuando el país creó también un comité para evaluar el impacto de género de las políticas públicas que iban a tomarse entonces para asegurarse, por ejemplo, de que las medidas no favorecieran solo la recuperación de empleo masculino. Sus informes, sin embargo, no son complacientes y reconocen errores e impactos negativos, como el que ha tenido el recorte del presupuesto para el permiso de paternidad.

¿Cómo ha conseguido Islandia convertirse en un referente mundial de igualdad?

A comienzos de los ochenta el movimiento de mujeres fue el catalizador para el empoderamiento político de las mujeres, e hizo que las mujeres estuvieran presentes en el parlamento casi de forma equilibrada. Fue un gran éxito que permitió que se produjera el cambio para que llegara el empoderamiento económico y el avance en la igualdad en el mercado laboral. Pero diría que el empoderamiento político fue clave.

Luego, creo que parte de nuestro éxito ha sido la inversión en infraestructuras para permitir reducir el trabajo de cuidados no pagado. Casi el 96% de los niños menores de 6 años están atendidos por algún tipo de servicio. Tenemos una de las mayores tasas de participación femenina en el mercado laboral. Fue clave la equiparación del permiso de paternidad para que los hombres tengan sus propios tres meses individuales, más otros seis meses que la pareja decide cómo repartir. El 90% de los padres usan su permiso.

Han sido medidas fundamentales porque parte de la desigualdad se desencadena al tener hijos. Esto permite que, cuando alguien contrata un empleado joven, da igual si es hombre o mujer porque ante la llegada de un hijo tanto hombres como mujeres van a ausentarse. Ya no es algo ligado al género. En 2013 introdujimos también las cuotas en los consejos de administración y en organismos públicos, que también han sido importantes: las mujeres tienen que representar al menos el 40%.

Su última medida consiste en obligar a las empresas a demostrar documentalmente que pagan lo mismo a hombres y mujeres. ¿Cómo han reaccionado las empresas?

Van a tener un periodo transitorio de dos años. Muchas empresas llevan aplicando medidas parecidas desde 2011 y muchas descubren que tenían una brecha que no tenían diagnosticada. Ha habido debate en que esta nueva medida debía ser algo voluntario, no obligatorio. Pero si les exigimos a las empresas que implanten medidas fiscales o medioambientales, ¿por qué no van a tener que aplicar también estas medidas que tienen que ver con la igualdad? Incluso aquí en Islandia seguimos teniendo brecha salarial. Las consecuencias se extienden luego a, por ejemplo, la diferencia en las pensiones públicas. Creemos que hay motivos suficientes para hacer esta medida obligatoria para las empresas.

¿Cómo y dónde persiste la brecha salarial en Islandia?

Es mayor en el sector privado que en el público. Vemos otras variables, a pesar de las cuotas las mujeres siguen teniendo más dificultad para avanzar en sus carreras, por ejemplo, hacia ciertos puestos de Administración. Tenemos también un problema universal que consiste en que hay áreas dominadas por hombres y otras por mujeres, y esa es una de las cosas de las que tenemos que encargarnos.

La medida que vamos a aprobar supone que las empresas tienen que revisar las categorías y determinar el valor de los puestos de trabajo, y luego desarrollar un documento con la experiencia o la educación que se requiere para cada uno. Se trata de que haya un documento verificable de requisitos. Muchas veces hay prejuicios inconscientes por género, se pagan diferentes tareas que son similares.

Las cuotas siguen siendo controvertidas en algunos países. ¿Qué le diría a la gente que asegura que las cuotas van en contra de la meritocracia?

Creemos que las cuotas son muy beneficiosas para conseguir igualdad. Lo que vemos es que las cuotas ayudan a romper los espacios de dominación masculina. Al final las redes son importantes y si siempre hay hombres su red será fundamentalmente masculina. Si piensan en alguien para un puesto, será un hombre. Las cuotas permiten una selección más profesional para hombres y mujeres, hacen que haya que justificar más los méritos. La diversidad también ayuda a mejorar la experiencia de las empresas. Creo que la oposición a las cuotas muchas veces esconde sobre todo un deseo de preservar el orden existente.

¿Sirven estas medidas también para romper estereotipos y roles tradicionales?

Seguimos teniendo que tomar medidas para romper los estereotipos. El permiso de paternidad ha hecho que cambie radicalmente el concepto de hombre y de la masculinidad, más cercana a las cuidados. Hay una nueva generación de hombres con una visión diferente. Estamos intentando trabajar para acabar con las profesiones y las áreas tradicionalmente dominadas por hombres, como las áreas técnicas y las ingenierías, ahí estamos teniendo cierto éxito. Donde tenemos menos éxito es en romper con las áreas feminizadas, como la educación.

Durante la crisis, recortaron el presupuesto para el permiso de paternidad. ¿Qué consecuencias ha tenido esa medida?

La duración no ha cambiado pero la cantidad máxima que se paga se ha reducido considerablemente. Ya estamos tomando medidas para volver a elevarlo. Cuando quién coge la baja se convierte en una decisión de ingresos para las familias vemos que menos hombres la cogen o la cogen menos tiempo. Es clave volver al sistema que teníamos antes de la crisis.

¿Están todos los partidos políticos en Islandia de acuerdo con estas medidas?

Creo que podemos decir que sí. Sí lo hubo absolutamente en el permiso de paternidad, que generó un consenso total. En cambio la introducción de cuotas fue fuertemente discutida. También esta última medida que hemos anunciado sobre la brecha salarial genera cierto debate, pero contamos con mucho apoyo para sacarla adelante.

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