eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Yo fui cómplice de un micromachismo

Esta no es la historia de la agresión que experimentó mi pareja en un taxi o, al menos, no solo: es a la vez la historia, que ahora cuento arrepentido, de cómo yo no gestioné bien mi papel como oyente al escucharla por primera vez

62 Comentarios

- PUBLICIDAD -
Un usuario medio de Airbnb en Nueva York que pone su propiedad en alquiler gana al año 7.530 dólares de media

Nueva York.

Empiezo diciendo que soy chico y que mi voz aquí probablemente no sea la más apta ni la más experimentada ni la más acreditada para hablar de ciertos temas que impactan en un sentido mucho más estricto a nuestras compañeras. Hablo desde el pequeño machismo en que habito y pienso habitamos todos o casi todos, por desgracia, también desde mi relativa ignorancia, y a pesar de todo, desde mi sentido de empatía. 

Mi rol es el de posible complicidad con un micromachismo sucedido a mi entonces pareja, a la que llamaré 'C' por mantener el anonimato. Un día en Nueva York decide tomar un taxi desde el aeropuerto de La Guardia para regresar a su apartamento. El taxista, según me relató ella por teléfono después, era un hombre relativamente joven que hablaba inglés con fuerte acento o que al menos se desentendía del que le hablaba ella. En cualquier caso, C nota a los pocos minutos de partir que el taxista le está llevando por un camino desconocido y bastante más largo que el que ha tomado en otras ocasiones. Le dice reiteradas veces al conductor que no van por la vía correcta y que cambie de dirección, que tome la ruta del puente a Harlem y no hacia el interior de Queens. A pesar de ello, el taxista sigue su camino y se desentiende.

A los pocos o muchos minutos C se incomoda, empieza a sentirse atrapada y llevada a la deriva en el vehículo de un desconocido. Finalmente, C llega a casa, bastante más tarde y pagando bastante más de lo esperado, nerviosa y asqueada, en particular por el tema de no haber sido escuchada. Ella misma me cuenta todo esto por teléfono a los pocos minutos de bajarse del coche. 

Pero esta no es la historia de la agresión que experimentó mi pareja en el taxi o al menos no solo. Es a la vez la historia, que ahora cuento bastante arrepentido, de cómo yo no gestioné bien mi papel como oyente al escucharla por primera vez. Aquella noche y en los días siguientes C me contó que pensaba presentar una denuncia a través del sitio web de la compañía de taxis y posiblemente implicar también a la policía si fuera necesario. Yo se lo desaconsejé, y ella se lo tomó muy mal.

No quiero entrar a fondo en los razonamientos que entonces le di. Algunos quizá ya los podéis intuir ("es trabajador, es inmigrante, en Estados Unidos putean a los trabajadores y a los inmigrantes, le podrían despedir, es Nueva York y Uber se ha comido el negocio que antes tenían taxistas como él..."). En todo caso, bastaría con decir que ella me comunicó bien claro que se sentía severamente insultada por la experiencia, inclusive mi pequeña intervención sobre el sí o no de tomar una decisión, que correcta o no, era suya. 

Diego

Si tú también quieres compartir tu historia de machismo cotidiano escríbenos a micromachismos@eldiario.es o menciona nuestra cuenta @Micromachismos en Twitter.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha