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Suenan las alertas en la sanidad británica, también sometida a privatizaciones y recortes

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Miliband participa en una multitudinaria manifestación en Londres contra los recortes

Multitudinaria manifestación en Londres contra los recortes, el pasado 20 de noviembre. / Efe

La calidad de la asistencia médica en los hospitales de Gran Bretaña – el modelo mundial de la buena sanidad pública- se está deteriorando, al menos doce centros de referencia están llenos hasta los topes –dos por encima de ellos- y, lo que es más inquietante, los índices de mortalidad en los mismos "son preocupantemente altos". Eso revela un informe que el lunes publicaba, abriendo el diario, The Guardian. Hasta el momento no hay datos suficientes para establecer paralelismos rigurosos con lo que está ocurriendo, y lo que puede ocurrir, en la sanidad española, pero cabe recordar que el informe aparece cuando en Reino Unido está en curso un debate –que se cree que estará en el centro de la campaña para las elecciones locales de la próxima primavera- en torno a la nueva ley sanitaria impulsada por los conservadores, que prevé fuertes avances de la privatización del sistema, y también en torno a previsto recorte de 25.000 millones de euros en tres años recientemente aprobado.

El informe figura en la nueva Guía Hospitalaria del Doctor Forster, una institución de la que el gobierno posee la mitad de las acciones, basándose en los datos proporcionados por el propio NHS (el mítico Sistema Nacional de Salud británico en el que hace ya unos cuantos años los gobiernos españoles se inspiraron para llevar a cabo la reforma sanitaria en nuestro país). Y, entre otras cosas dice que los hospitales están "llenos hasta los topes" y que la utilización de las camas está alcanzando niveles tan "peligrosos" que el personal hospitalario se las ve y se las desea para mantener la seguridad y la calidad en el cuidado de los pacientes.

Tras subrayar que la ocupación de camas supera con frecuencia el 85 %, límite máximo para que los pacientes estén bien atendidos y no se expongan a riesgos, y que las tasas de mortalidad en los 12 hospitales de referencia estudiados por el informe son "inquietantemente altas" –y superan los máximos en dos de ellos-, The Guardian añade: "Médicos senior creen que esos datos reflejan sus crecientes y desesperados esfuerzos por encontrar camas para el número creciente de admisiones por la vía de urgencia y que superar el límite del 85 % supone que los pacientes –sobre todo los de mayor edad- son diseminados por los hospitales, y enviados a salas en las que el personal puede no saber como tratarlos adecuadamente. Algunas operaciones son canceladas por culpa de ese exceso de ocupación, afirma un destacado médico hospitalario".

Pero las declaraciones más duras recogidas por The Guardian llevan nombre y apellido. Las hace el doctor Andrew Goddard, director del personal médico del Colegio Real de Medicina: "Cada vez con más frecuencia, los hospitales se están declarando en "alerta roja", que significa que les quedan muy pocas camas, o incluso en "alerta negra", que es cuando tienen que cerrar sus puertas a nuevas admisiones y mandar a los pacientes a otra parte. Si usted pregunta a cualquier médico de este país le dirá que el sistema está punto de reventar; particularmente en invierno, pero cada vez más en todo el resto del año. El informe de Doctor Foster subestima la sobreocupación. Que es común en todo el país y está empeorando cada vez más".

En una información adicional, The Guardian asegura que el NHS está despilfarrando millones en admisiones innecesarias y también que el informe concluye el 29 % de las camas está ocupado por pacientes que podrían ser tratados en otros sitios. El corresponsal de salud de The Guardian afirma: "Más admisiones y menos camas es la receta del caos". Denis Campbell añade que un porcentaje significativo de los pacientes admitidos muere a las 24 horas de su ingreso, por lo que cabría pensar "que su admisión no era lo mejor para el paciente, que podría ser atendido en su casa, por personal especializado" (para lo cual el Estado tendría que contratar a gente y no despedir). Y asegura, además, que el NHS está perdiendo camas.

Buena parte de las revelaciones británicas suenan a conocidas por nuestros lares. Pero hay una diferencia no pequeña. El NHS es una institución sometida a una estricta observación y seguimiento. Sólo así se pueden redactar informes como el de Doctor Forster. En España, la información está mucho más fragmentada y dispersa, con lo cual las mismas fuentes de datos pueden servir, a veces, para sostener una tesis y la contraria.

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