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Infinita y continuamente creando

Hay indicios, no por sorprendentes menos ciertos, de que la creación cántabra interesa en todo el mundo.

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Imagen de la edición original donostiarra de 'El lenguaje popular'… y de siete ediciones extranjeras.

Imagen de la edición original donostiarra de 'Estvdio del dialecto popular montañés' y de siete ediciones extranjeras.

Piden que hable aquí de Cantabria. A mí me gusta complacer, pero es que además me lo han puesto fácil. Me sugieren que hable de la pesca con mosca, de los afluentes del Orinoco, o de los cultivos trasgénicos, y ¿qué podría decir? Prácticamente nada: son temas que ignoro a fondo. No es que de Cantabria sepa mucho, no. Pero Cantabria es infinita. Y eso es una ventaja maravillosa porque, aun sabiendo poco, hay tanto que contar (infinito, para ser preciso), que algo que le sea familiar a uno ya da para algún que otro artículo.

Habiendo vivido muchos años fuera de Cantabria ignoro bastante de su historia, porque no la tengo actualizada. Sí; contra lo que pudiera creerse, lo que un pueblo dice de sí mismo va variando con el tiempo, para adaptarse a las circunstancias. Lo que los individuos recordamos de nosotros mismos también evoluciona, como se ha demostrado muchas veces.

Hasta en el mejor de los casos, tanto en el ámbito de lo privado como en lo compartido, con el paso del tiempo algunos temas ganan importancia y pasan a primer plano, mientras que otros de los que se ha hablado mucho quedan difuminados en zonas de penumbra.

Uno de los temas que ahora tiene importancia por aquí es el idioma, el cántabro contemporáneo, que coexiste con el castellano. Asistí muy interesado hace meses a la presentación de la revista Yelda, de la Asociación Alcuentru, y me sorprendió agradablemente la buena disposición de gente joven y despierta para proteger el patrimonio lingüístico. Sin quitarme del todo la perplejidad, porque ya les digo que viví tiempo fuera y no estoy actualizado. Me enteré entonces de que el cántabro contemporáneo viene directamente del latín; sería así un hermano del castellano y no una variante suya. Eso podría explicar otra cosa que también me tenía perplejo: que en Santander llamemos «metro tus» a lo que en el resto de España se conoce como «carril bus».

Porque hasta ahora lo poco que creía saber del lenguaje de por aquí se lo había leído a G. Adriano García-Lomas y García-Lomas, en su Estvdio del dialecto popular montañés. Fonética, etimologías y glosario de voces, de cuya edición de 1922 conservo un ejemplar que fue de mi abuelo. Es el primero de los ocho libros que pueden verse en la foto, y a él vuelvo de vez en cuando, sobre todo por despertar recuerdos de un pasado remoto, el que albergó mi infancia. Todavía no se había extendido la televisión y en el universo mundo todos hablábamos igual. El universo mundo medía exactamente un valle: en algún momento de tu vida salías de él y descubrías con asombro otra gente que hablaba distinto, aunque entendieras casi todo.

García-Lomas y García-Lomas era ingeniero de minas, que en 1922 debía ser lo más parecido posible a un filólogo. Seguramente la filología no se había inventado todavía, o por lo menos no se había difundido, como la televisión. Su libro (lo llama «apuntes para un libro» y, en efecto, publicó una edición ampliada y con nuevo título 44 años más tarde, El lenguaje popular de la Cantabria montañesa) afirma que «el idioma indígena de Cantábria [sic] era el Celta» y que «una vez pasada la odiosa coyunda Romana, siguió modificándose nuestra primitiva habla a despecho de la ligera dominación goda caracterizándola principalmente el reflejo hoy ostensible de la influencia sarracena que dejó en el lenguaje pasiego y en el de sus aledaños un vital amaneramiento de laboriosa construcción». Ustedes perdonen por la cita, pero me parece que merece la pena porque aquí el autor gasta gran habilidad en mostrar exactamente a qué se refiere por vital amaneramiento y laboriosa construcción. 

¿Cómo es el lenguaje popular a que se refiere García-Lomas? En el libro inserta algunas muestras, como una que nos cuenta de un muchacho que «s’había escolguitau como un jiloriu arreguciaúcu y sin tuquir en el joracu péndiu del boquerón del pajar. (Por mor a esborregasi, y lo agoliera el ganau y juera a dali daque solengua)». Tras de lo cual no le queda más remedio que preguntarse exactamente lo mismo que me pregunto yo: «¿Evate que al aposasi se acucula en las angarias y se arragaña el carru?».

De todo lo que dice el redundante ingeniero de minas algunas cosas me suenan más y otras menos, como es natural. Entre ellas me fascina la expresión «uno de la vista baja» para referirse al chon. No he visto nada que refleje mejor el sentimiento de que el cerdo es uno de nosotros, y además modesto. Nada que nos identifique mejor como miembros de una cultura porcófila, como la define Marvin Harris.

En fin, espero que lo dicho baste a mostrar que darse una vuelta por la obra de García-Lomas no es perder el tiempo. Yo estoy muy convencido de ello. Aunque, sabiendo lo que cuesta publicar un libro, tampoco entiendo demasiado bien que fuera de España haya tanto interés en lo que se hablaba por aquí después de la odiosa coyunda Romana. Pero ahí están los hechos: no menos de ocho ediciones internacionales recientes (BiblioLife, USA 2009 —9781115500500 y 9781115500494—; Nabu Press, USA 2010 —9781176602878—; Forgotten Books, USA 2017 —9781176602878—; ReInk Books, Delhi [India] 2017 —9781287821526—; Hardpress Publishing, USA 2013 —9781313981507—; BiblioBazaar, South Carolina 2009 —9781115500517 y 9781115500524—), siete de ellas mostradas en la foto junto a la original…, ¡y eso sin que Miguel Ángel Revilla haya aparecido todavía en la televisión estadounidense! Y con los derechos de autor vigentes durante al menos dos décadas más.

No entiendo la causa del interés, pero no desaprovecharía la ocasión: nos hemos equivocado invirtiendo un capital en el Año Jubilar Lebaniego. Es el idioma y la escritura de Cantabria lo que despierta pasiones en el extranjero, desde Carolina del Sur a Delhi, y no deberíamos perder el tiempo y ponernos a promocionarlos. Puede que logremos convertir Peñas arriba en una serie de tanto éxito como Juego de tronos o Breaking bad, y El nánago que se quebró el corazón en el bestseller que seguramente merece ser.

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