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Espionaje vasco en la II Guerra Mundial

Airedale: una organización paramilitar vasca al servicio de Estados Unidos

Instructores de elite de la CIA formaron en secreto cerca de París a 114 integrantes del Servicio Vasco de Información. Fue en 1945 y les enseñaron técnicas de insurgencia para realizar sabotajes y contrarrestar la resistencia nazi.

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Primitivo Abad, Pablo Beldarrain y 'Bazooka', entre otros

Primitivo Abad, Pablo Beldarrain y 'Bazooka', entre otros FONDO CARLOS BLASCO

El primer Gobierno de Euzkadi, con amplios poderes pero casi sin territorio para ejercerlos, se constituyó en octubre de 1936, en plena Guerra Civil, con José Antonio Aguirre (PNV) como lehendakari. Aguirre, además de la Presidencia, asumió también las tareas de consejero de Defensa, que incluían las políticas de Seguridad y la creación del Servicio Vasco de Inteligencia (SVI, la CIA vasca). Derrotados por los franquistas en 1937, los vascos en el exilio mantuvieron en la posguerra y durante la II Guerra Mundial esas estructuras políticas y, de hecho, fue en aquellos años cuando el SVI alcanzó su máxima operatividad. Es conocido cómo Aguirre, en Nueva York, puso esta agencia al servicio de la OSS estadounidense (el precursor de la CIA) y cómo reclamó armas para una posible operación para derrocar a Francisco Franco. También que hubo una estrechísima connivencia con el SOE británico. Ahora, una investigación historiográfica de Pedro J. Oiarzabal y Guillermo Tabernilla saca a la luz que, en 1945, el SVI no sólo colaboró con Estados Unidos, sino que bajo el nombre de Airedale pasó a convertirse en uno de sus brazos paramilitares en Europa.

Para comprender la gestación de la organización Airedale hay que viajar a la Francia ocupada, a Pointe de Grave. Allí, del 14 al 20 de abril de 1945 el batallón de ‘gudaris’ Gernika tuvo un papel relevante contra los alemanes. Pero, secretamente, el 7 de abril ya se había decidido de mutuo acuerdo entre Estados Unidos y Euzkadi que esa unidad no sería desmovilizada.  “Pointe de Grave no supuso la inmediata desmovilización de los ‘gudaris’, si bien eran muy pocos los que conocían que el papel que se reservaba a muchos de aquellos hombres que habían sobrevivido a uno de los últimos combates de la guerra en Europa les llevaría a ser adiestrados en las inmediaciones de París por uno de los mejores y más experimentados equipos de instructores formados por la OSS”, apuntan Oiarzabal y Tabernilla.

114 agentes adiestrados 

En un principio, el lehendakari Aguirre consideró poner 1.000 hombres al servicio de la OSS. Luego se rebajaron las expectativas a 500 y finalmente fueron 114 y un religioso, el capellán Iñaki Azpiazu (también había cocineros de la tierra). Además de los supervivientes del ‘Gernika’, se unieron a Airedale miembros del SVI en el Reino Unido y algunos otros procedentes de España. Todos ellos nadaban en la “absoluta ignorancia” de cuál sería su misión. La selección corrió a cargo del alférez estadounidense Edward W. Andrews (Chicago, 1916) y, por parte vasca, del militante del PNV Primitivo Abad (fallecido en 2005 casi centenario).

El objetivo de Washington D.C. en aquel arranque de 1945, después de años en que los vascos habían actuado como espías, era conformar un brazo paramilitar operativo para llevar a cabo operaciones de ‘hit and run’ (‘golpear y correr’, en inglés) en un escenario en el que preveían resistencia e insurgencia alemana tras la caída de Adolf Hitler. El modelo era el que empleó el SOE británico en la Francia ocupada. En principio, descartaron las ejecuciones extrajudiciales de nazis. Como Airedale, la OSS había conformado otros grupos de contrainsurgencia llamados Cross o Keats, aunque de los tres era el vasco el que tenía más presupuesto (152.000 dólares de la época). De los vascos, según un informe confidencial de la OSS aportado por Oiarzabal y Tabernilla, se apuntaba que “han tenido una larga experiencia en actividades de resistencia dentro de su propio país y conocen a fondo todos los aspectos de la guerra de guerrillas”.

Y se abundaba: “Están motivados en gran medida por el deseo de servir en combate real contra el ejército alemán, que hasta ahora les ha sido imposible hacer [...]. De nosotros desean simplemente la paga básica y el seguro que se proporciona a un soldado de combate. Las motivaciones detrás de la oferta de servicio de este grupo son tales que podemos razonablemente esperar que su deseo de cooperar continúe durante un tiempo considerable más allá del final de las hostilidades reales con Alemania”.

La abadía de Rothschild cerca de París 

Para formar a los ‘airedales’ se eligió la abadía de Notre Dame de Vaux en Cernay-la-Ville, a 50 kilómetros de París, donde el Gobierno de Euzkadi tenía su sede. Hasta allí llegaban en camiones con código HQCOM/Z de los Estados Unidos. El lugar era propiedad del barón de Rothschild, por lo que se conoció también a esta misión como los ‘comandos Rothschild’. El nombre de Airedale, de hecho, sólo se descubrió en 2016 merced a la tesis doctoral de David Mota y su verdadera dimensión ha salido a la luz en 2017 fruto del análisis por parte de Oiarzabal y Tabernilla de decenas de documentos desclasificados por la CIA y de archivos personales.

La historiografía había interpretado de manera limitada que los ‘comandos de Rothschild’ eran simplemente un embrión de la futura Policía vasca que Euzkadi planeaba para cuando España cayera como Alemania e Italia tras el final de la II Guerra Mundial. Así se puede ver también en todos los obituarios de Abad .

La formación de Airedale, que se inició el 26 de abril de 1945, dependió de la sección SO (Operaciones Secretas) de la OSS, mientras que la sección X-2 (contraespionaje) cribó a los candidatos para evitar infiltraciones. Un vasco fue apartado por haber trabajado en Alemania. Los instructores, además de Andrews, fueron Maurice M. R. Basset, René ‘Bazooka’ Dussaq, el experto en artes marciales William E. Fairbairn, Louis G.V. Hyde y ‘Jack’ LeBaigue.

Todos los integrantes de Airedale, en la abadía de Rotschild

Todos los integrantes de Airedale, en la abadía de Rotschild FONDO CARLOS BLASCO

En los archivos de la CIA consta un documento titulado ‘Records relating to Project AIREDALE, to recruit, train and employ 150–200 Spanish nationals to carry out short-range sabotage activities immediately behind enemy lines’ (‘Información sobre el Proyecto Airedale para reclutar, entrenar y emplear a 150-200 nacionales españoles para llevar a cabo actividades de sabotaje de pequeño alcance inmediatamente detrás de las líneas enemigas’). Allí figuraban la ‘asignaturas’ teórico-prácticas que les fueron impartidas en la abadía de Rothschild: Armamento, Prácticas de tiro, Exploración, Táctica de pequeñas unidades, Manejo de explosivos, Lectura de mapas, Seguridad, Apertura de cerraduras con ganzúa, Problemas diurnos, Prácticas de tiro nocturnas, Problemas y ejercicios nocturnos, Minas y trampas y Prácticas de sanitario.

Expertos en la "muerte silenciosa"

Había una lección más: “Muerte silenciosa”. Consistía en formación en “técnicas de eliminación de personas sin ruido”. Se basaban  “en el manejo del cuchillo diseñado por el propio Fairbairn [el experto en artes marciales], además de en técnicas de asalto con rifle y granadas”. Airedale contaba con el arma Welrod, la “pistola de los asesinos” y que estaba dotada con silenciador. Sólo la OSS, el SOE y otras unidades de elite contaban con este material en la época. 

Explican Oiarzabal y Tabernilla que “organizativamente Airedale se estructuró en dos secciones, cada una de 50 hombres que se dividían a su vez en tres grupos (‘troops’). El 51% eran vizcaínos, un 38% guipuzcoanos, un 6% navarros y solamente había un alavés. También había un burgalés de Miranda de Ebro y nacidos en América latina. La edad media de la fuerza era de 35 años, aunque Juan José Arenaza, de Bermeo, sólo tenía 17. Cobraban 6.000 francos (120 dólares) y seguían el manual del Ejército de los Estados Unidos. Tenían instrucciones de decir que eran militares mexicanos si eran detectados, aunque la discreción era una exigencia.

La historiografía había interpretado que el 8 de mayo de 1945 el batallón Gernika había viajado a París para participar en el desfile de la victoria en Europa. No es falso, aunque lo cierto es que esos hombres eran ya ‘airedales’ acantonados en Rothschild. Fue la única vez que tuvieron el visto bueno de las autoridades para abandonar la abadía, aunque hubo otras fugas no consentidas.

A la frontera con España 

Pero la primera fase de Airedale acabó pronto. El 29 de junio, William J. Donovan, jefe de la OSS en Washington D.C., recibió la instrucción de abandonar Airedale y las otras operaciones secretas. Se avecinaba el final de la propia OSS, que para el Gobierno empezó a carecer de sentido finalizada la II Guerra Mundial (en Europa). A partir del 9 de julio, los vascos fueron abandonando la abadía y el 10 a la noche hubo incluso una velada de boxeo como despedida. ¿Fue el final de la colaboración vasca con Estados Unidos?

José Antonio Aguirre, en el centro sentado, en la delegación del Gobierno de Euzkadi en Nueva York. Foto: Fundación Sabino Arana

José Antonio Aguirre, en el centro sentado, en la delegación del Gobierno de Euzkadi en Nueva York. Foto: Fundación Sabino Arana

 

Oiarzabal y Tabernilla explican que no. Aunque el plan inicial nunca llegó a ponerse en práctica, Airedale se reestructuró y se decidió “crear al menos tres grupos de carácter paramilitar” liderados por Abad y otros hombres leales al PNV y a Aguirre. Abad encabezó la unidad más “selecta”, pero también se formó otro grupo de ex ‘gernikas’. Ambos se trasladaron a la frontera de España con Francia, donde entre 1945 y 1946 Estados Unidos montó una Universidad militar que también fue nido de operaciones secretas de espionaje. El tercero, bajo el mando de Pablo Beldarrain, actuó en el interior de España “con la intención de realizar alguna acción armada” aunque con “nula” repercusión. No contaron con excesivos recursos y el PNV nunca apoyó abiertamente una estrategia de esas características.

Entre el equipo de Beldarrain se hallaba un joven Genaro García de Andoain. Más tarde, García de Andoain sería rescatado por el primer consejero de Interior en democracia, Luis María Retolaza, para conformar el embrión de la actual Ertzaintza. Este agente dirigió los servicios de Información de la Policía autonómica (AVCS, UIA, DAI y ahora OCI) y acabó asesinado por ETA en una operación antiterrorista en 1986.

Mientras la OSS quedaba disuelta al terminar la II Guerra Mundial y se reconvertía en la CIA en 1947 pasando por las provisionales SSU y CIG, la colaboración vasca se mantuvo al menos hasta 1950, según los historiadores. En 1951 el panorama político cambió de raíz ya que Estados Unidos no sólo descartó intervenir contra Franco, sino que reconoció a la España dictatorial otorgándole un importante aval internacional. El lehendakari Aguirre falleció en París en 1960 y le sucedió como presidente vasco en el exilio el espía británico Jesús María Leizaola.

El falso mito del uso del euskara en la II Guerra Mundial

Durante años, las estrechas relaciones entre el Gobierno de Euzkadi y Estados Unidos se habían utilizado como un punto de prestigio sobre el papel de los vascos a favor de los aliados en la II Guerra Mundial. La mitificación de estos hechos llegó a tal punto de que ha sido corriente leer en medios prestigiosos e incluso en discursos de lehendakaris de la democracia que Estados Unidos utilizó el euskara para dar la orden de intervención en un episodio bélico crucial, la batalla de Guadalcanal, de similar manera que se habían empleado lenguas nativas de indios americanos para evitar que los planes se frustraran. La investigación de Pedro J. Oiarzabal y Guillermo Tabernilla, concluye que no hay evidencia empírica del uso de la lengua vasca por parte del Ejército estadounidense, aunque sí la hay de que personas de origen vasco se enrolaran. Hay dos piezas que no encajan en la historia. La primera, que sería poco inteligente haber empleado el euskara cuando Japón, que había invadido Filipinas, podía contar con los muchos vascoparlantes allí residentes. Y la segunda, que a quien se atribuye esa orden, el mando militar Frank D. Carranza es un personaje que ni siquiera existe en los registros oficiales de Estados Unidos. La historia la contó la primera vez el 'Eusko Deya', el períodico oficial del Gobierno de Euzkadi, en 1952, cuando Carranza aparentemente visitó San Sebastián. La refritó al poco una publicación franquista llevando el agua a su molino, como una heroicidad española en la II Guerra Mundial. Antes también se aludía al personaje en 1945 en la frontera francoespañola, en la universidad militar. La tercera y última aparición del militar es la de su muerte. En 1979, el actual 'Deia', afín al PNV, cuenta que falleció atropellado en la Gran Vía de Nueva York. Por supuesto, en esas fechas no hubo ningún suceso semejante en la principal arteria de la gran manzana, sede de la OSS y del propio Gobierno de Euzkadi cuando Aguirre residió allí. Una de las hipótesis de Oiarzabal y Tabernilla es que Carranza o fuese un nombre falso de un agente de inteligencia o simplemente un personaje ficticio que marcó la pauta de las relaciones entre los vascos y la CIA. ¿Fue su muerte en el periódico 'Deia' un mensaje en clave de que Euskadi -ahora con 's'- daba por cerrada su amistad con Estados Unidos unos días después de haber completado la redacción del Estatuto de Autonomía que entraría en vigor en octubre?

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