Pobres en dinero y también en tiempo
Una parte importante de la población adulta está afectada por al menos una de estas dos formas de pobreza: la pobreza económica y la pobreza de tiempo. Ambos tipos de pobreza tienen carácter relativo y se refieren a las personas que tienen ingresos o disponibilidad de tiempo libre muy inferiores a los del conjunto de la población. Un novedoso estudio realizado para la Diputación de Gipuzkoa por el Centro de Documentación y Estudios (SIIS) refleja que al menos el 40% de la población se encuentra afectada por al menos una de estas dos formas de pobreza: un 24% de la población es pobre en tiempo, un 13% es pobre en dinero y un 2,5% es pobre desde ambos puntos de vista. Joseba Zalakain, director del SIIS, precisa el riesgo de ser pobre en tiempo o en dinero es diferente en función de variables como la edad, el género, el origen, la ocupación o la configuración familiar.
¿Cuándo una persona es pobre en tiempo? Los estudios sobre pobreza económica tienen una amplia tradición, pero los de pobreza de tiempo son menos frecuentes. Según las últimas líneas de investigación, se considera pobres en tiempo a quienes disponen de menos de tres horas de tiempo libre al día. “La condición de los asalariados en zonas cada vez más extensas de nuestro mundo capitalista se caracteriza por una triste dicotomía: sin tiempo para disfrutar de los bienes o sin bienes para disfrutar del tiempo”, apunta Zalakain.
“¿Cómo repartir mejor el tiempo, el trabajo y el dinero?”, se plantea el director del SIIS. “En nuestro contexto ha cobrado fuerza en los últimos meses el debate en relación a una serie de planteamientos políticos y filosóficos orientados a dar una solución, más o menos radical, a estos desafíos. En primera instancia, las propuestas de Renta Básica Universal e incondicional, de Empleo Garantizado, y de reducción del tiempo de trabajo y reparto del empleo persiguen objetivos similares y buscan garantizar a toda la ciudadanía unas mínimas condiciones de vida”.
Compatibilidad aparente
Sin embargo, la compatibilidad de estos enfoques es solo aparente. “El principal debate y la principal contradicción entre unas propuestas y otras se refiere a la determinación de cuál debe ser el principal objetivo de las políticas públicas en el marco socioeconómico actual: garantizar un empleo o garantizar unos ingresos”.
Frente a posturas que defienden la compatibilidad y otras que mantienen que la Renta Básica divide a los trabajadores y perpetúa el capitalismo, Zalakain recuerda la necesidad de adoptar aproximaciones más “blandas o graduales”, que no impliquen la elección de un solo enfoque sino la exploración de vías parciales y necesariamente complementarias. “Un enfoque de este tipo se articularía mediante la extensión de los actuales programas de rentas garantizadas y de las prestaciones universales por hijo; el refuerzo de los programas de reparto del empleo y reducción del tiempo de trabajo, y el refuerzo de los programas de empleo social protegido, que garanticen una experiencia de trabajo significativa a personas excluidas a largo plazo del sistema productivo”. En este sentido, la experiencia de los centros de empleo especial y de las empresas de inserción, “con sus limitaciones”, pueden ser en ese sentido un referente de interés.
Todo ello requiere “una estrategia ambiciosa de creación de empleo de calidad, que considere no solo los niveles retributivos o la estabilidad de los contratos sino, también, la racionalidad de los horarios laborales y su compatibilidad con los ritmos de la vida”.