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Twitter no nos representa

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Me resulta muy curioso el enorme impacto que ha conseguido tener Twitter en los medios de comunicación generalistas. Los periodistas muy a menudo (quizás demasiado) acompañan sus crónicas políticas y de actualidad con algún comentario sobre la acogida que ha tenido el evento entre los usuarios de la red social. Términos como “trending topic” o “hashstag” ya forman parte de la jerga habitual usada en los medios de comunicación. Es cierto que en muchas ocasiones se recurre a Twitter de forma jocosa y anecdótica para hacer escarnio del último gazapo de algún cantante famoso o de algún político con incontinencia verbal. No obstante, lo más habitual es que los periodistas usen Twitter como un barómetro del clima de opinión de los españoles. Por ejemplo, se toma el ‘trending topic’  como un indicador de notoriedad en la agenda pública ciudadana. Twitter se ha convertido en un sustituto barato de las encuestas demoscópicas.

No hace falta ser sociólogo experto en opinión pública para intuir que los usuarios de Twitter no son, en absoluto, una muestra representativa de lo que piensa la sociedad española en general. Pero, ¿hasta qué punto se diferencia el ‘tuitero’ del español medio?  Todos los amantes de Twitter tenemos alguna intuición del sesgo ideológico de sus usuarios. Pero, déjenme que lo analice como nos gusta en @Piedras_papel: con datos.

En la encuesta postelectoral del CIS de 2011, en la que tuve la oportunidad de participar, incluimos preguntas sobre el uso de redes sociales. Ello nos permite obtener un perfil ideológico bastante fiable de los usuarios de Twitter y de otras redes sociales como Facebook, Tuenti y LinkedIn.  Vean el siguiente gráfico.

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¿Qué sabemos sobre las primarias?

Desde que en 1998 se convocaron en España las primeras elecciones primarias para elegir al candidato del Partido Socialista, esta experiencia se ha repetido en 13 ocasiones más, aunque sólo en el ámbito regional. Únicamente en una ocasión las utilizó el PP y fue en las últimas elecciones autonómicas en las Islas Baleares. 

Por su lado, el PSOE ha recurrido a ellas en distintos momentos del tiempo. En 1999, tras las primeras experiencias (1), se pusieron de moda y siete federaciones recurrieron a ellas. En 2003, en cambio, sólo una las empleó; mientras que en 2011 fueron tres las federaciones socialistas que decidieron utilizar este método para elegir al candidato autonómico. 

Llama la atención que el debate público sobre las primarias ha sido más normativo que analítico. Es decir, muchas de las posiciones que se han venido sosteniendo tienen que ver sobre su conveniencia u oportunidad. De hecho, en los últimos tiempos, dentro del PSOE todo el debate ha girado sobre cuándo es mejor convocarlas, sin reflexionar sobre otras cuestiones que, como veremos, también son relevantes. 

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Formar gobierno en tiempos de crisis

Hoy se constituye  el nuevo Parlament de Catalunya para la X legislatura. Asimismo, antes del próximo 4 de enero se convocará una nueva sesión de investidura para elegir al presidente de la Generalitat. Parece ser que Convergència i Unió y Esquerra Republicana de Catalunya han cerrado un pacto para prolongar el mandato de Artur Mas al frente del gobierno, aunque el acuerdo de estabilidad para toda la legislatura no ha llegado aún. Todo apunta desde hace semanas a que CiU formará gobierno en solitario y en minoría.

Lo cierto es que el escenario post-electoral catalán generaba una situación interesante donde múltiples resultados eran posibles. Lo que parecía claro en cualquier caso era que el gobierno que se formase tenía que ser fruto de un pacto entre varios partidos. De hecho, ya antes de la medianoche del mismo 25-N, el propio Artur Mas exigía lo que denominó como “co-responsabilización” de otras fuerzas políticas. Y es que si gobernar en tiempos de crisis ya es costoso, todavía lo es más cuando toca enfrentarse a las urnas habiendo gobernado en solitario.

Los sondeos preelectorales antes del 25-N parecían dibujar un escenario de excepcionalidad, pronosticando que el partido gobernante saldría bastante indemne después de dos años de duros ajustes fiscales. Sin embargo, los resultados electorales ofrecieron un panorama completamente distinto: CiU perdía casi cien mil votos y doce escaños. La excepcionalidad catalana no fue tal, pues. Muchas son las lecturas que se han hecho de ese importante varapalo. Pudo deberse a la apuesta soberanista de CiU (por demasiado fuerte o demasiado leve, depende de quién lo interprete), a la gestión del “día a día” durante los dos años que duró la legislatura, o a ambos. En cualquier caso, lo que parece claro es que cuando Mas hablaba de co-responsabilización tenía en mente que los costes de gobernar la agenda económica del gobierno durante los siguientes cuatro (?) años no podían ser internalizados por CiU únicamente. Ante el castigo electoral sufrido, Mas parecía preferir tener que compartir el gobierno a tener que asumir, en solitario, un programa económico de austeridad altamente impopular.

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La Comisión Europea y la bruja Lola

¿Cuándo se acabará la crisis? Todas las previsiones de los organismos internacionales y de los institutos de estudios coinciden en que 2013 será un mal año para al economía española. Sin embargo, muchas de esas predicciones apuntan a que un año después, en 2014, la economía empezará a remontar el vuelo. Este es el panorama que presenta, por ejemplo, la Comisión Europea, que cada Otoño publica un Informe sobre la situación de la economía del continente, y en la que hace predicciones de crecimiento para los dos años siguientes. Según la Comisión, la economía española se contraerá un 1,4% del PIB en 2013, pero crecerá un 1,4% en 2014. ¿Podemos creernos estas cifras? ¿Podemos estar seguros de que 2014 será cuando salgamos del túnel?

Para responder a esta pregunta, hemos recogido los datos de crecimiento económico observados durante la crisis (2008 a 2012) por las cuatro economías más afectadas de la eurozona (Portugal, Irlanda, Grecia y España) y las hemos comparado con las predicciones de crecimiento económico hechas dos años antes por la Comisión Europea. El resultado es el Gráfico 1.  

Gráfico 1. Predicción de crecimiento económico realizada en dos años antes por la Comisión Europea y crecimiento real observado.

Gráfico 1. Predicción de crecimiento económico realizada en dos años antes por la Comisión Europea y crecimiento real observado.

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Privatizar la sanidad: la bolsa y la vida

Los gobiernos de todo el mundo llevan décadas intentando auto-reformarse. Un denominador común de estas reformas ha sido desplazar actividad gubernamental de la llamada administración pública tradicional – organizaciones burocráticas, rígidas, con personal funcionario– a las nuevas formas de gestión pública, que intentan adoptar prácticas gerenciales del sector privado al público. Pasar de un gobierno que lo hace todo a un gobierno que se limita a llevar el timón; mientras otros – se supone que más eficientes o más efectivos– reman. Hay, sin embargo, una fauna variada de “remeros”. Algunos gobiernos han elegido a trabajadores públicos, pero no sujetos a un estatuto de función pública, sino a un mercado competitivo similar al del sector privado. Otros han preferido remeros externos, incluyendo en ocasiones a empresas privadas; pero, en muchas otras, restringiendo la competición a entidades sin ánimo de lucro.

Aunque el abanico de  posibilidades es muy amplio, el debate sobre la privatización de la sanidad madrileña vuelve a poner de manifiesto que en España sólo parece que existen los dos extremos: o el status quo de un personal sanitario funcionarial o la externalización a empresas privadas.

Por un lado, se nos bombardea con la idea de que hay que externalizar la gestión de los hospitales y otros centros sanitarios para equipararla a la más eficiente gestión de las empresas. Sin embargo, esto es una falacia. En el sector privado, las empresas externalizan la gestión de determinadas actividades –limpieza, consultoría, marketing; a veces también producción o diseño – pero no todas sus actividades a otras empresas.

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Élites extractivas y sanidad

Desde este blog, Víctor Lapuente ha hablado del libro de Acemoglu y Robinson, de las elites extractivas y de algunos problemas que aquejan a España. Me parece un gran artículo y encuentro especialmente acertadas algunas de sus reflexiones: “Las ineficiencias de nuestro sector público son el resultado, a mi juicio, de una doble herencia histórica que no sólo no hemos solucionado, sino de las que, simplemente, nunca hemos discutido en el debate público. Por una parte, tenemos un gran abanico de puestos en instituciones públicas (y para-públicas) que se adjudican de acuerdo a un criterio político.”  No puedo estar más de acuerdo.

Permitan que enlace esta reflexión con una de Iñaki Gabilondo, pocos días atrás en la SER, en la que cuestionaba la decisión de Joaquín Almunia de no dar algunos de los nombres del desastre –que vamos a pagar todos- de Bankia. ¿Qué ganamos sabiendo los nombres de las elites? Ganamos transparencia, responsabilidad y credibilidad.

Transparencia: Podemos diferenciar entre mala gestión y/o incompetencia y la comisión de un delito. El que es un mal gestor y/o un inútil con dinero público no debe seguir gestionando dinero público. El que comete un delito, además, debe cumplir con la pena. En cualquier caso, los ciudadanos ganamos sabiendo quién gestiona nuestro dinero y cuáles son sus relaciones.

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¿Quién responde a las encuestas en Cataluña? El lapsus linguae de los pronósticos

1. Las causas del error

De las encuestas publicadas para las pasadas elecciones de Cataluña, en orden de aparición, solo la del CIS (para el Gobierno), CEO (para el Govern), GESOP (para El Periódico) y My Word (para la SER) cumplían bien con los requisitos básicos de transparencia.  Son las únicas que podemos comparar entre sí para preguntarnos por qué han fallado.

Lo primero que se debe notar es que algunas tienen una muy baja tasa de respuesta. Mientras que el CIS consigue que más del 80% de las personas entrevistadas respondan a la pregunta de intención de voto  (un 18,5% no saben o no contestan, lo que se suele clasificar, con cierta libertad, como “indecisos”), la tasa de no respuesta para el CEO en esa pregunta es del 40,3%, más del doble (para GESOP es 24% y para My Word el 27,6%).  Uno de los fundamentos más sólidos de las encuestas del CIS es su recogida de datos, tanto en el diseño como en el trabajo de campo, lo que permite tener una información de base que, casi sin ninguna duda, es la de mejor calidad. El presidente del CEO, que ha tenido el buen sentido de dar una explicación, aduce entre los atenuantes del error  de su predicción la existencia de muchos” indecisos” en el momento de la encuesta. Se puede discutir bastante sobre si se trataba de indecisos o de respuestas que no se supieron obtener, pero evidentemente es una de las causas de su error. De las demás encuestas, desafortunadamente, ni siquiera Metroscopia, que suele hacerlo, ha publicado el resultado de la pregunta principal, por lo que podemos suponer que la situación no era mejor.

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¿Cuál es el perfil político de los electores más jóvenes?

Los jóvenes constituyen un electorado muy codiciado por los partidos políticos. No porque sean un importante caladero de votos, pues demográficamente los electores de menos edad tienen un peso declinante en nuestra sociedad y, además, se abstienen en mayor medida que el resto de electores. Pero sí en términos cualitativos, ya que contar con su apoyo le sirve a una fuerza política para proyectar una imagen de dinamismo social.

Fuente: INE

Fuente: INE

En este sentido, y dado que el grupo de los jóvenes es uno de los más castigados por la crisis, cabe plantearse con qué opción política se identifican, cómo se posicionan ideológicamente y cuáles son sus actitudes hacia la política. El análisis del barómetro realizado por el CIS en octubre, nos da algunas claves del perfil político de los jóvenes de edades comprendidas entre los 18 y los 24 años:

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25N: Soberanismo y recortes

El lunes pasado publicaba aquí un post argumentando que los votantes más nacionalistas de CiU no se habrían pasado a ERC por su nueva posición independentista. En mi post argüía que probablemente fueron los votantes menos nacionalistas de CiU los que la habrían abandonado por su posición soberanista. Esto reflejaría la dimensión que ha adquirido el debate nacional catalán en estas elecciones.

Existen otros datos que confirman el papel jugado por el soberanismo en los resultados del domingo. En primer lugar, la participación electoral ha subido en toda Cataluña, pero tal y como mostraba Toni Rodón en este post, el aumento ha sido particularmente alto en las comarcas donde el voto soberanista ha sido más bajo. Esto implicaría que la estrategia de CiU ha provocado la reacción contraria por parte de votantes que no desean la independencia.

Otro hecho que recalca la importancia en estas elecciones del asunto nacional es la polarización geográfica del voto. En la línea de lo que mostraba el otro día (y con las mismas cautelas por el nivel de agregación de los datos), las comarcas catalanas que votaron más soberanista en 2010 (CiU+ERC+SI) son las que más han incrementado el voto soberanista en 2012 (medido como CiU+ERC+CUP). Igualmente, aunque con menos intensidad, las comarcas que votaron en 2010 por partidos que explícitamente defienden la permanencia en España (PSC+PP+C’s) han aumentado el voto a estos partidos en estas elecciones. En el siguiente gráfico muestro la relación por comarcas, pero Francesc Amat encuentra una tendencia equivalente comparando barrios de Mataró.


Gráfico 1

Gráfico 1



Por tanto, los datos indican que ha habido una especial movilización en el eje soberanista. ¿Significa esto que la gestión de CiU de la economía y los recortes no explican sus resultados? ¿Estas elecciones han sido únicamente sobre la cuestión nacional? Esta era la expectativa durante la campaña y esta es una interpretación que ha hecho parte de la prensa (sobre todo fuera de Cataluña). En cambio, un análisis más detallado muestra que las elecciones catalanas han sido más complejas.

Dejemos a un lado la cuestión nacional y dividamos a los partidos en un solo eje izquierda-derecha. He intentado predecir a partir de la tasa de paro de cada comarca cuál sería en las elecciones de 2010 y 2012 el voto comarcal a partidos de izquierda. En el modelo estadístico, he considerado el voto de izquierdas como la suma de apoyos electorales a PSC, ERC e ICV (no incluyo a la CUP porque no se presentó en 2010). Si las cuestiones sociales y económicas han sido relevantes en las elecciones, deberíamos esperar una relación positiva entre tasa de paro y voto a la izquierda. Para calibrar su importancia comparamos esta relación con la existente en las elecciones de 2010.

El resultado indica que efectivamente el impacto de la cuestión social ha sido notable en 2012. Mientras que en los comicios de 2010 no existió relación significativa entre la tasa de paro comarcal y el voto a los partidos de izquierda, esta relación emerge en las elecciones de 2012. El efecto es bastante significativo y con una magnitud sustancial. En las comarcas con bajo paro el voto total a los tres principales partidos de izquierda rondaría de media el 32%. En las comarcas con paro muy alto, el voto en media ascendería a casi el 39%. Por tanto, las comarcas más afectadas por la crisis habrían castigado el pasado domingo a CiU votando más a la izquierda. Lo interesante es que aumenta el voto a los partidos de izquierda en su conjunto. Dependiendo de la posición en el eje soberanista, el incremento será mayor para unos partidos u otros. Esta reacción contrasta con los resultados de 2010, donde el paro no es relevante para explicar el voto a la izquierda.


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El sesgo antisecesionista en el debate académico y político

Los científicos sociales llevamos décadas investigando el nacionalismo y el conflicto étnico desde múltiples dimensiones: cómo afecta a la política en países democráticos, a la confianza social y a la reciprocidad, al conflicto violento, a las guerras civiles, a las muertes durante las guerras. Los resultados acostumbran a ser poco optimistas aunque más de uno se sorprendería de saber de algunos resultados como por ejemplo que la heterogeneidad étnica no lleva a más guerras civiles, o que los miembros de grupos étnicos diferentes no son necesariamente menos altruistas entre ellos que entre los del mismo grupo. El ser humano es mas capaz de vivir en diversidad de lo que acostumbramos a creer, y es que tendemos a observar los casos en los que se ha desarrollado conflicto sin fijarnos en los múltiples casos negativos (es decir, sin conflicto).

Una parte de los académicos que estudian estos fenómenos presentan una tendencia hacia lo que podemos denominar sesgo antisecesionista. Quizás por la influencia de Estados Unidos, un país marcado por una guerra civil en sus inicios como Estado, existe un sesgo negativo hacia las demandas y los procesos secesionistas. Curiosamente, mientras la democracia es algo que se percibe como extremadamente positivo, el derecho de autodeterminación y la posibilidad de cambiar las fronteras de los Estados se ve como algo conectado a las luchas anticolonialistas de los años 60, al marxismo-leninismo durante la Guerra Fría, y a algunas guerras civiles en África actual. Es decir: como un anacronismo histórico, algo malo y a evitar. A la mayor parte de estos científicos el auge del secesionismo en Europa occidental les ha cogido de traspié. Acaban concluyendo que esto es un fenómeno derivado de la crisis económica europea, a veces igualándolo al racismo o al ultranacionalismo de Estado que se ha desarrollado en algunos otros países, y miran con desprecio a los pocos académicos que alzan la voz a favor al derecho de autodeterminación (y quizás también secesión) de territorios como Flandes, Escocia, País Vasco o Cataluña. Algunos hasta tachan de  parroquiales a estos movimientos.

Es algo preocupante ver la tendencia normativista de las ciencias sociales en este tema en particular. Y es que parece que se acaba poniendo por delante el respeto al status quo de los Estados Nación al debate critico sobre un fenómeno que –queramos o no- existe. Acaba pasando que, al margen de los trabajos de algunos economistas como Alberto Alesina, no existe un debate real sobre las posibilidades de secesión de los países, sobre sus costes y beneficios, y sobre las alternativas. Por ejemplo, son pocos los que han escrito a favor de la partición de territorios para acabar con conflictos violentos. Y cuando lo han hecho, estos análisis son sesgados. Si bien los pocos defensores de la secesión minimizan los costes de transacción, los detractores computan estos costes pero se olvidan de los costes de permanecer unidos por las partes, que en algunos casos (como por ejemplo, Palestina) son enormes.

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