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Coloreando encuestas

Nota sobre el acento político de las encuestas publicadas por los medios y por el CIS

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Las predicciones publicadas en los medios y por el CIS para el PP y el PSOE (Alberto Penadés, Piedras de Papel)

Las predicciones publicadas en los medios y por el CIS para el PP y el PSOE (Alberto Penadés, Piedras de Papel)

¿Tienen las encuestas color político? Sí, un poco. ¿Tienen las encuestas del CIS color político? Igual o menos que las demás. ¿Invalida esto a las encuestas? No, de ninguna manera, solo necesitamos informarnos bien, como en todo. ¿Las hay mejores y peores? Claro, pero aquí no voy a señalar. Las del CIS puntúan muy alto en el mejor indicador de calidad que existe, la transparencia en los datos. Es tan opaco como los demás en la forma de hacer la proyección del resultado a partir de los datos, la industria se organiza así en este país (y en casi todos).

Miremos los gráficos. Las predicciones para el PP revelan que los medios de izquierdas tiran un poco hacia abajo, los medios de derecha hacia arriba y el CIS está más cerca de los segundos. Los he clasificado como lo haría cualquier persona no militante, con dos colores (La Sexta, SER, eldiario.es, El País / Antena 3, esRadio, El Mundo, ABC, La Razón), dejando un grupo aparte para "catalanes (El Periódico y La Vanguardia) y otros (Telecinco, Confidencial)" de más difícil clasificación, además del CIS.  Para este partido se registra un claro descenso en la tendencia de la intención de voto estimada y se observa un agrupamiento de las predicciones durante los últimos meses. En cuanto a los vaticinios para el PSOE, las encuestas publicadas revelan que el CIS sigue estando más cerca  de los “azules” que de los “rojos”, pero es que los segundos están muy dispersos, tanto por arriba como por debajo de la tendencia. La tendencia al descenso del PSOE es débil e incierta, según los datos. Y también se produce agrupamiento en los últimos meses.

Es decir, los "azules" coinciden más con el CIS que los "rojos"; todos se parecen bastante entre sí a medida que nos acercamos a la hora de la verdad; pocos se salen de la tendencia general; y desde luego no el CIS, que está muy cerca de dicha tendencia. Salirse no es malo ni bueno, no sabemos quién acertará; en las pasadas elecciones, Metroscopia, que es la que más se sale ahora de la pista batida por todos, también tuvo un periodo de predicciones que parecían extravagantemente bajas para el PSOE, y que corrigió hacia el final de la legislatura; de no haberlo hecho habría dado el resultado correcto (nadie lo hizo, todos le dieron de más). Las mismas razones tenemos para decir que el CIS da la nota, como para decir que la dan quienes le siguen más de cerca, como que la dan quienes se alejan más. Si singularizamos a un medio de comunicación, o al instituto de encuestas con el que trabajan, y lo comparamos con la media marcada por los demás, cada uno tiene su acento y la mayoría se alejan de la corriente central igual o más que el CIS (con excepción de los medios de Barcelona, en general, que suelen quedarse muy cerca de la tendencia central). No sé por qué deberíamos esperar otra cosa.

El color político importa, claro que importa, pero el de los medios privados tanto o más que el del CIS. 

Miremos a Podemos y a Ciudadanos, para completar las cuatro esquinas. No hay sesgo claro en ningún tipo -o color- de medio de comunicación, aunque se haya afeado a algunos medios en particular su predilección por alguno de estos dos partidos. La pista es ancha y no hay razones para suponer torcimiento deliberado. Eso no significa que no lo haya, solo que los datos no ofrecen, en primera instancia, ninguna prueba positiva. El CIS está por debajo de la tendencia con ambos partidos, como proyecta el voto por encima de la tendencia con respecto al bipartito tradicional. Los medios "azules" abandonan el magisterio del CIS casi tanto como lo hace el resto (en el caso de Ciudadanos, no tanto). Puede ser que las entrevistas personales (que solo hace el CIS) recojan menos entusiasmo por los nuevos partidos que las telefónicas (que hacen casi todos los demás) o internet. Pero esto lo digo solo porque es el tipo de explicación más razonable. Antes de buscar tres pies al gato, probaría esa.

En la publicación de encuestas hay querencias políticas, o ciertos acentos, por lo menos. Como también hay una cierta tendencia al agrupamiento, que puede interpretarse como protección por la manada, y que contrapesa lo anterior. Tengo la impresión de que sustituir al CIS por los medios privados no nos daría encuestas más equilibradas, sino menos; no nos daría una información de mayor calidad, sino de menor calidad; y no tendríamos expectativas más precisas, sino igual o menos precisas. Tal vez resulte que me equivoco, habría que pensar cómo demostrarlo, pero me resulta chocante que la sospecha en primera instancia de buena parte del público pueda ser la contraria.

Me gustaría que el papel de ofrecer las encuestas políticas de referencia –o de referencia para muchos- lo cumpliera un organismo que fuera como el CIS pero que no fuera una parte del Ministerio de la Presidencia. Eso es un poco sonrojante cuando lo cuentas por el mundo, es cierto. Me encantaría que las estimaciones las hiciera el “Grupo de Investigación Electoral” que las hace en Alemania; podríamos pasarles los datos -y el pastel- y conectar con la el canal ZDF para ver cómo va la cosa. O que nuestras televisiones tuvieran expertos capaces de hacer predicciones con datos ofrecidos por el CIS. Pero más vale esto que no tener CIS, que no tener sus datos públicos y sus resultados replicables. Es difícil que nos den tanto.

Defiendo al CIS, si es que lo hago, con melancolía, pues cualquiera que lo conoce sabe que con sus notables recursos materiales y humanos, todo podría ser aún mejor si trabajara con una dirección más constante y en una posición de mayor independencia. Pero vivimos en el mundo en que vivimos. El CIS funciona muy bien en lo que puede, y en lo demás funciona como funciona la mayor parte de la administración. Cuando la administración española deje de ser jerárquica y politizada, los funcionarios sean profesionales independientes hasta niveles de presidente del CIS (o más) en todas las áreas, y el prestigio y el buen hacer, el éxito bien entendido, predomine sobre todo criterio, entonces dará gusto con el CIS. Pero, mientras tanto, la alternativa al CIS es no tener nada como el CIS, que es lo que sucede en los países que se parecen al nuestro. Un empobrecimiento severo del potencial de investigación en ciencias sociales. El precio que pagamos por tener un aluvión de datos muy valiosos es que el ministerio juegue un poco a ser el protagonista de la "escena demoscópica". Molesta, pero, si se piensa en la alternativa, se soporta.

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