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Celia Villalobos deja su 'trono' tras 12 años en la Mesa del Congreso

La decisión de Rajoy de impulsar a Ana Pastor como presidenta del Congreso hacía incompatible su permanencia en la Mesa

Las malas relaciones que mantiene Villalobos con la hasta ahora ministra de Fomento son conocidas por todos sus compañeros

El líder del PP le dio a elegir entre ocupar la presidencia de una Comisión o irse como portavoz adjunta a la dirección del Grupo Popular. Villalobos optó por lo segundo

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Celia Villalobos, diputada del Partido Popular, en una imagen de archivo.

Celia Villalobos, diputada del Partido Popular, en una imagen de archivo.

Celia Villalobos ha querido dar normalidad este martes a la decisión de Mariano Rajoy de excluirla de la Mesa del Congreso en donde ha ocupado cargos los últimos 12 años de los 30 que lleva en la Cámara. A partir de ahora será portavoz adjunta del Grupo Popular en donde estará a las órdenes de Rafael Hernando, diputado por Almería, y al que conoce muy bien. “Demasiado bien”, apostillan con sorna algunos compañeros de la malagueña.

“No pasa nada. Yo estoy bien y seguiré trabajando para el partido allí donde esté, pero escribid sobre mí lo que queráis. Ya estoy acostumbrada”, responde Villalobos a eldiario.es cuando nos acercamos a preguntarle por su nuevo destino.

La diputada se esfuerza por que no se trasluzca el más mínimo desencanto por la decisión de Rajoy. "Es verdad que está tranquila. Sabe que aquí hay mucha gente que la aprecia y valora su trabajo. A todos nos pasa tarde o temprano algo parecido", opina una antigua diputada del PP que, lógicamente, se considera "su amiga". 

Según la versión dada por fuentes del grupo parlamentario muy cercanas a la propia Villalobos, Rajoy  le dio la opción de elegir su nuevo destino. O bien ocupar la presidencia de una Comisión, o bien formar parte de la dirección del grupo en donde fue a parar también el exvicesecretario de Organización, Carlos Floriano, cuando fue apartado del cargo. Villalobos no lo dudó y decidió lo segundo. “Al menos así tendrá más presencia mediática”, explican estas fuentes.

El líder del PP –añaden–, al decidir colocar en la Mesa a una diputada joven –Villalobos tiene  67 años–, ha querido también que se vea que quiere emprender una "renovación de caras".

Sin embargo, el hecho de que Rajoy se haya decantado por una de sus más fieles colaboradoras, Ana Pastor, para ocupar la presidencia de la Cámara hacía incompatible su continuidad. Las pésimas relaciones que mantiene Villalobos con la hasta ahora ministra de Fomento son conocidas por todos sus compañeros. “No puede con ella”, afirma sin tapujos una diputada que la conoce muy bien. La misma diputada recuerda lo mal que le sentó a Villalobos que Pastor ocupara la cartera de Sanidad después de que José María Aznar decidiera apartarla tras dos años escasos en el cargo, en los que su gestión fue muy criticada. 

Sus tensas relaciones quedaron patentes este mismo martes. Villalobos  se cruzó con Ana Pastor al ir a depositar su papeleta en la urna para elegir al nuevo presidente de la Cámara, en las escalerillas de la tribuna. Y no cruzaron ni una mirada. Nadie vio a la malagueña felicitando luego a su compañera por haber conseguido salir elegida. "La felicité ya ayer", explicó Villalobos a eldiario.es.

“A Celia en realidad le hubiera gustado ocupar la presidencia de la Cámara, sin duda”. “Pero Mariano nunca la ha visto para ese puesto”, tercia otro de los veteranos.

La propia Villalobos reconoce que dentro de los planes del líder de su partido nunca ha estado auparla a ese codiciado cargo. Y lo achaca al hecho de que es la esposa de Pedro Arriola, el asesor de 'cabecera' desde hace años de Mariano Rajoy, que en el PP se ha granjeado más enemigos que amigos.

Tantos o igual que ella misma ha conseguido labrarse en el partido en donde un amplio sector no ha tolerado sus desmarques “liberales”, como hizo con la reforma del aborto que le costó más de una multa de la dirección de grupo. O sus sonadas polémicas, en las que ha sacado a relucir su fuerte carácter. Una de ellas cuando fue pillada en su escaño de la Mesa de la Cámara jugando al Candy Crush con su iPad, un gesto que no gustó nada en su propia bancada.

Y es que no han sido pocas las veces que la exalcaldesa de Málaga ha dejado su impronta en la Cámara en donde, salvo un paréntesis en el Parlamento Europeo (1994-1995), lleva ocupando un escaño desde 1989.

Bien lo saben los diputados de Podemos con los que se ha encarado en varias ocasiones a modo de bienvenida. Ya sea por llevar rastas o por los “espectáculos” que a su juicio han montado en los debates.  Especialmente Pablo Iglesias, con el que ha mantenido más de un rifirrafe desde su llegada al Congreso.

“Bienvenido a la casta”, le espetó al conocer los resultados electorales y ver cómo Iglesias reconocía que debían replantearse su estrategia como partido.

La imagen que dejaba este martes Celia Villalobos, sentada en uno de los últimos escaños del hemiciclo –conocidos en el argot parlamentario como el gallinero– mientras seguía el escrutinio de las votaciones para la formación precisamente de la Mesa donde tantos años ella se ha sentado, parecía simbolizar su caída.

La diputada explicó luego que llegó tarde a la sesión porque había estado tomándose un café con Rajoy en el bar del Congreso y al bajar sin prisa se encontró sin sitio. Alguien le ofreció una silla más próxima al meollo donde se encontraban sus compañeros de bancada pero ella la rechazó algo irritada. “Las sillitas de la reina a mí no me gustan”, espetó.

Sin embargo, Villalobos no se va. “Nos seguirá dado muy buenos ratos”, vaticinaba un periodista por los pasillos del Congreso mientras las televisiones le pedían que entrara en los directos para explicar su nueva etapa y qué le había parecido la sesión constitutiva. A lo que Celia accedía, encantada, sin perder la sonrisa.

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