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Reflexionando sobre medio ambiente (sin pedir voto)

El medio ambiente va a ser el gran beneficiado de estas elecciones. No me cabe duda. Las oportunidades de mejora en este importante ámbito de la acción de gobierno son tantas que vale la pena reflexionar (también) al respecto

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Es la segunda vez que publico en plena jornada de reflexión. La primera me dejé llevar por el ímpetu y tuvimos que adelantar el apunte para evitar conflictos. Por eso en esta ocasión he puesto especial empeño en atenerme a lo que ordena el Artículo 53 de la Ley Electoral y asegurarme de que estas palabras no puedan ser interpretadas como una acción de propaganda electoral o una petición directa de voto. Porque nada de ello pretendo.

Mi único anhelo es exponer aquí algunas cuestiones sobre el bien común en las que todos vamos a estar de acuerdo y que deberían ser las líneas maestras de la política ambiental del gobierno que salga mañana de las urnas. Sea cual sea.

Porque mande quien mande deberá garantizar el derecho de todos al agua potable, mejorar su ciclo integral para ir avanzando hacia un uso circular (sí, acabaremos bebiendo el agua de las depuradoras), deberá facilitar la recuperación del caudal ecológico de los ríos y reducir la sobreexplotación de los acuíferos. Deberá perseguir con mayor firmeza el riego ilegal, rescatar las transparencias perdidas y preservar la rica biodiversidad que acogen nuestros ecosistemas acuáticos, los más importantes del sur de Europa.

Mande quien mande tendrá que ponerse urgentemente a limpiar el aire de nuestras ciudades porque nos está matando. Para ello será de gran ayuda promover el transporte público y la bici urbana, así como aumentar y simplificar las ayudas a la movilidad eléctrica. Cada matriculación de una moto o un coche eléctricos es una bocanada de aire puro para nuestras contaminadas ciudades. Hay que multiplicar los postes de carga y crear una red de electrolineras por toda la red de carreteras. Porque el coche eléctrico está inventado, lo tenemos, ahora faltan las políticas que promuevan su uso.

Sea quien sea el presidente, deberá acometer inmediatamente una reforma del sector energético. No me refiero a una simple renovación sino a su total desmantelamiento y reconstrucción para iniciar de una maldita vez la transición de las fósiles a las energías limpias y renovables. La oportunidad es histórica. Cada día son más los países que prohíben el fracking, que renuncian a la energía nuclear y reducen su dependencia del petróleo o el carbón. Es el momento de dar el salto.

El impulso de las renovables se ha convertido en uno de los principales motores de desarrollo de la nueva economía en un mundo cada vez más convulso. Son muchas las diferencias que separan al mundo pero desde Barack Obama a François Hollande, desde George Soros a Angela Merkel: todos coinciden en su apuesta por la fotovoltaica, la eólica y el resto de tecnologías limpias. Nosotros fuimos pioneros, conocemos el camino porque somos quienes lo marcamos, solo debemos retomar aquel afán por innovar que nos convirtió en líderes mundiales del sector.

El próximo presidente deberá apoyar el autoconsumo porque es la principal herramienta para luchar contra la pobreza energética. Además la generación distribuida nos alejaría de la dependencia del exterior y permitiría una reducción brutal de las emisiones asociadas al consumo eléctrico. Además, todos los informes de los científicos que estudian el cambio climático nos indican que avanzar hacia un modelo energético 100% renovable es la mejor manera de eludir los peores escenarios del calentamiento global. No podemos seguir comportándonos como unos outsiders climáticos.    

Y por último están las importantes cuestiones relacionadas con eso que mi abuelo llamaba naturaleza y ahora llamamos biodiversidad. Nueva política forestal, ampliación y mejora de los espacios protegidos, conservación de especies, lucha contra el maltrato animal, gestión responsable del litoral y protección de los mares, dignificación de los agentes medioambientales y los bomberos forestales, lucha contra el veneno, impulso a la custodia del territorio, plan de acción contra las especies invasoras, contra la desertificación, recuperación del liderazgo en acción climática… son tantas las tareas a emprender en materia de conservación y protección de la naturaleza, a cual más urgente, que el próximo Ministerio de Medio Ambiente y Sostenibilidad deberá ponerse a ello de inmediato y emplearse a fondo.

El medio ambiente va a ser el gran beneficiado de estas elecciones. No me cabe duda. Las oportunidades de mejora en este importante ámbito de la acción de gobierno son tantas que vale la pena reflexionar (también) al respecto.  

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