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La indefensión aprendida de la clase trabajadora

Las dos reformas laborales de 2010 y 2012 han recortado derechos a los trabajadores y facilitado y abaratado el despido, debilitado la negociación colectiva y reforzado el poder del empresario para modificar, unilateralmente, las condiciones pactadas en el contrato

Ante la desaparición de entre el 40-50% de los empleos actuales durante los próximos 30 años se acentuará la desigualdad acompañada de una mayor, si cabe, precarización de los empleos y reducción salarial

La OIT prevé que para el 2019 la tasa de paro en España se sitúe en el 21.5%

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Un sistema que beneficia a tan pocos y perjudica a tantos solo puede reproducirse de dos formas, una violenta y otra más discreta. Nos centraremos en la más discreta, es decir, aquella que hace creer que el sistema es bueno o bien aquella que hace creer que no existe una alternativa mejor.

El caso español debería estudiarse

Durante algún tiempo, y excepcionalmente estos últimos cinco años, el maltrato a la clase trabajadora de este país ha sido de juzgado de guardia. Dos reformas laborales, en 2010 y 2012, que han recortado derechos a los trabajadores y trabajadoras, facilitado y abaratado el despido, debilitado la negociación colectiva y reforzado el poder del empresario para modificar, unilateralmente, las condiciones pactadas en el contrato. En conclusión, precariedad y abaratamiento del factor trabajo. En muchas familias la única fuente de renta procede de la venta en el mercado de sus servicios como trabajadores. Está apareciendo una subclase dentro de la clase trabajadora, que sería la compuesta por aquellas personas que, a pesar de trabajar, se considera que están en riesgo de pobreza, un 21.3% (2014) en España. Las personas que se encuentren desocupadas además son excluidas de la sociedad, en tanto que no participan en el proceso productivo y, por ende, tampoco pueden participar en la fase de consumo. Un 29.2% (2014) de la población en nuestro país se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social.

A la situación anterior le añadimos el desmantelamiento incesante del jamás desarrollado Estado de Bienestar debido, en gran medida, a la pérdida de autonomía fiscal de los países. Además, las medidas impuestas para reducir el déficit público se han centrado en la reducción del gasto, sobretodo en las autonomías, proveedoras de Sanidad y Educación, y municipios, principales suministradores de la ayuda social. El salario indirecto de los trabajadores también se ha visto menguado.

El futuro

Y no es que las expectativas para los trabajadores sean muy halagüeñas, según se señala en Perspectivas Laborales y Sociales en el Mundo, de la OIT, se prevé para el 2019 una tasa de paro para España del 21.5%. Si consideramos que el TTIP puede aprobarse sin demasiada oposición por los gobiernos europeos, los efectos que puede tener sobre los derechos laborales son considerablemente negativos (precarización de las condiciones laborales, pérdida de derechos sindicales y amenaza de deslocalización de empresas). Añadamos que la competencia entre trabajadores no se va a ceñir a los americanos y europeos, sino más bien va a suponer una competencia con los trabajadores asiáticos después de que se ratifique el Trans-Pacific Partnership (TPP), punta de lanza de un acuerdo mucho más potente, la Free Trade Area Asia-Pacific (FTAAP).

Todo parece señalar a uno de los escenarios que Paul Mason dibuja en su libro, 'PostCapitalism: a guide to our future'. Ante la desaparición de entre el 40-50% de los empleos actuales durante los próximos 30 años se acentuará la desigualdad, acompañada de una mayor precarización de los empleos y reducción salarial. El final de esta cadena de acontecimientos estará el crecimiento de fanatismos, nacionalismos, violencia y la desaparición de la globalización. En cambio, discrepo en las consecuencias de ese escenario.

El fraude

Hay que considerar que la clase hegemónica ha desarrollado técnicas muy eficaces para mantener el fraude y así mantener controlada a la sociedad. La continua división de la clase perjudicada entre parados-trabajadores, trabajadores públicos-privados o nacionales-extranjeros solo facilita las cosas. Los medios de comunicación deben seguir haciendo su trabajo como hasta ahora, controlando la agenda pública y evitando consecuencias negativas de las políticas que pueden enfurecer a la gente.

La indefensión aprendida también actúa en contra de esa predicción y puede ser inducida. ¿Qué es? Es una situación en la cual una persona se inhibe cuando las acciones que ha emprendido para cambiar algo no surten el efecto deseado. Todos hemos sido receptores, sino emisores, de la frase: “Para que voy a ir a (votar, a manifestarme, a enviar un CV, etc.) si total no va a cambiar nada”. Este comportamiento social tiene importancia, según este post en United Explanations, porque se traduce en pasividad ciudadana, lo que a su vez provoca que la brecha entre ciudadanía y políticos se amplíe, dejando un excesivo margen de maniobra a estos últimos y facilitando la captura del Estado por parte de los poderes corporativos. Y lo que es peor, este proceso se va retroalimentando.

Hace falta una alternativa

¿Qué ha sucedido en Grecia después del referéndum del 5 de julio? Nada.

Las contrarreformas neoliberales y la humillación al pueblo griego han sido retransmitidas por todos los medios de comunicación del mundo para que nadie se quedara por verlo. De eso se trata, “no hay alternativa”. La izquierda griega, la que se estaba erigiendo en baluarte de la resistencia ha sucumbido a la obviedad, haciendo desaparecer de cuajo cualquier atisbo de contestación en el sur europeo.

Las encuestas en España dan para el 20D la victoria a la derecha del Partido Popular y Ciudadanos. La izquierda ha quedado huérfana de discurso alternativo al neoliberal. El PSOE se ha presentado como “la izquierda posible” tratando de dejar claro que no va a cambiar nada, solo edulcorar algún desmadre sistémico. El resto de partidos pueden recibir votos que castiguen al bipartidismo pero, realmente, no han sabido diseñar un discurso alternativo.

Y me permito concluir con las mismas palabras que utilicé en otro artículo publicado en este mismo espacio, porque nada ha cambiado, con la esperanza de que empiece a fraguarse una alternativa más pronto que tarde:

En su “Filosofía de la Liberación”, Enrique Dussel habla sobre la importancia de construir un discurso desde y para los dominados. Los silenciados por el sistema deben rebelarse contra él, crear un discurso que contradiga la verdad actual y que llegado el momento pueda sustituirla. Ello requeriría del reconocimiento de uno mismo como dominado y tomar conciencia de clase, salir a la calle y compartir espacios.

El artículo refleja la opinión del autor. Economistas sin fronteras no coincide necesariamente con su contenido.

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