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GRÁFICO: la “fractura democrática” europea

El Eurobarómetro de otoño de 2014 volvió a retratar una opinión pública europea dividida en función de líneas territoriales

La Gran Recesión ha modificado las actitudes de los ciudadanos hacia la UE (imagen de la UE, confianza en las instituciones, satisfacción con la democracia, etc.), dejando muy atrás las correcciones democráticas que a lo largo del proceso de integración política se fueron introduciendo en los procedimientos de toma de decisiones: mayores atribuciones para el Parlamento Europeo, introducción de la iniciativa ciudadana, mayor implicación de los Parlamentos estatales, mayor trasparencia, entre otras.

Las debilidades del diseño institucional de la Eurozona y el sesgo de la propia política monetaria ante una crisis económica y financiera de dimensiones inesperadas han desencadenado una crisis de representación política y desvirtuado el proyecto europeo de cooperación y solidaridad.

El último Eurobarómetro semestral publicado, en diciembre de 2014, vuelve a retratar la fractura en las actitudes hacia la UE entre europeos del Norte y del Sur.

Así, como podemos observar en el primer gráfico, mientras 6 de cada 10 ciudadanos de dos de los principales aliados de Alemania en la Eurozona, Finlandia (62%) y Países Bajos (60%), muestran su total acuerdo con la afirmación “Mi voz cuenta en Europa”, en España (26%), Portugal (25%), Italia (23%) y Grecia (23%), sostienen esta afirmación menos de 3 de cada 10.

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Nótese también que el mayor grado de satisfacción se produce en dos países del Norte no miembros de la Eurozona: Suecia (72%) y Dinamarca (68%); pero, el Reino Unido (26%) se sitúa en este terreno próximo al antedicho grupo de países del Sur.

En “La fractura democrática en la UE: ¿encaminados hacia la tormenta perfecta?”, Sonia Alonso nos advertía de la creciente fragmentación en líneas territoriales de la opinión pública europea, así como de la necesidad de analizar la “fractura democrática” (o la distancia que se ha ido abriendo en materia de legitimidad democrática entre algunos países del Norte y del Sur de Europa) en dos niveles.

Observando el ámbito doméstico, la diferencia en la satisfacción con la democracia “estatal” de algunos países del Norte respecto a algunos países del Sur ha pasado en los últimos diez años del 21% al 46%. Además, de 2002 a 2012, el contraste en los niveles de confianza política entre países del Sur y del Norte de la UE ha aumentado del 9% al 32% en el caso de los gobiernos, y desde el 6% al 25% en relación a los partidos políticos.

Examinando la fractura a escala europea, la desconfianza hacia las instituciones supraestatales se acompaña de una caída de confianza en las instituciones estatales en países del Sur, pero no así en países del Norte, donde no solo aumentan las expectativas electorales de partidos nacionalistas de derecha sino también partidos de tradición europeísta se desplazan a posiciones más nacionalistas.

Los datos de encuesta del Eurobarómetro representados en el primer gráfico, pueden completarse con los resultados de la primera fase del proyecto “Horizonte Unión Europea”, organizada por Notre Europe – Jacques Delors Institute, que se han obtenido en grupos de discusión conducidos en 18 Estados miembros, entre el 7 de diciembre de 2013 y el 3 de enero de 2014.

Estos datos cualitativos nos informan de las principales razones del descontento ciudadano con la UE en cada país: en Grecia, la incapacidad para evitar situaciones de crisis; en Italia, la responsabilidad en el origen de la crisis; en España, la desigualdad y los desequilibrios entre Estados miembros; etc. Asimismo, nos alertan del deterioro de la imagen de la UE en Alemania y Francia. La UE “ya no es lo que era”, expresan los ciudadanos germanos.

El Eurobarómetro nos apunta además que el elemento que más reforzaría el sentimiento de ser ciudadana/o europea/o sería la armonización del sistema de protección social (sanidad, educación, pensiones, etc.), como se refleja en el segundo gráfico.

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En este gráfico, llama la atención en general la mayor consideración de los elementos socioeconómicos, como cobrar la pensión de jubilación en cualquier país o pagar menos por el uso del teléfono móvil, sobre los políticos, como la elección directa de un Presidente de la UE o el derecho de voto en las elecciones generales del Estado miembro de residencia sin tener la nacionalidad.

La Gran Recesión ha consolidado la (buscada o no) hegemonía germana, así como evidenciado la falta de capacidad de los gobiernos del Sur, hasta el momento, para articular una alternativa política y negociar una salida de la crisis menos gravosa para sus ciudadanos.

Si completar la unión fiscal y política en la Eurozona y convertirla en una Federación es incluso menos fácil en este tiempo de desencuentro entre los intereses (y las ideas) de algunos países del Norte y del Sur, como argumentaba Toni Roldán en “Una tercera vía es posible en la eurozona”, actuar en un frente común en los países del Sur parece la mejor solución; añadimos, no solo para completar el diseño institucional de la Eurozona, sino también para corregir la “fractura democrática”, tanto en lo que tiene que ver con la legitimidad de las instituciones de la UE, como la confianza en los partidos y en los gobiernos de estos Estados.

El nuevo gobierno heleno encabezado por el líder de la Izquierda Europea puede facilitar la entrada de este asunto en la agenda política de la UE. En cualquier caso, desde el Sur, debemos tejer alianzas para empezar a corregir la fractura de la opinión pública europea en función de líneas territoriales.

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