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Cada vez son más las mujeres que generan empleo en Andalucía, 1,4 puntos porcentuales (por encima de la media europea, del 0,4) entre 2008 y 2011. En este blog queremos presentar casos de éxito de emprendedoras que han logrado superar las barreras sociales de género u otras barreras como el miedo al fracaso; mujeres cuya experiencia puede servir de inspiración y motivación a otras muchas en tiempos de crisis y desempleo.

Suralgae, “enfangadas hasta las cejas” para impulsar su negocio

Tres amigas y estudiantes de Ciencias de Mar convierte lo que hasta ahora era un desecho en delicatessen
  • Suralgae, es una empresa de recolección, manufactura y distribución de las algas de los esteros del Parque Natural Bahía de Cádiz.

El hermano de Consuelo es cocinero. En 2007 ella aún estudiaba Ciencias del Mar en el campus de Puerto Real de la Universidad de Cádiz. Ese curso tuvo una asignatura sobre algas marinas y comenzó a interesarse por sus propiedades nutritivas y sus valores naturales. Después de ir a clase, comentaba con su hermano lo aprendido y de repente se le encendió la bombilla. “Esto no fue una solución a la falta de trabajo o las pocas y reñidas salidas profesionales, fue algo que empezó a interesarnos de manera natural. Comprobamos que nuestra afición podía convertirse en nuestro trabajo”, explica Consuelo Guerra. Una de las tres impulsoras de Suralgae, cuyo cuartel general se ubica en la incubadora de nuevas empresas de San Fernando.

Mónica Medina y Raquel Velázquez fueron las otras dos intrépidas licenciadas (a las que después se ha unido la asesora gastronómica, Arancha Rodríguez) que decidieron enfangarse literalmente, pues estas tres expertas en el mundo marino recolectan manualmente las algas del estero La Pastorita, en Chiclana de la Frontera. Al amanecer y con el barro hasta las rodillas seleccionan estas verduras marinas que ya son una delicatessen tras haberse considerado tradicionalmente un desecho, lo que retiraban los pescadores para poder lanzar sus redes y pescar en los esteros; una actividad que viene realizándose en Cádiz desde tiempo inmemorial y cuyos orígenes pueden relacionarse con los corrales pesqueros, ideados por fenicios y romanos, en Rota y Chipiona.

El consumo de algas, que en el último siglo no ha sido común en España, sí fue base de la alimentación de algunos de los pueblos que han pasado por estas tierras. De hecho, las crónicas sobre la Guerra de la Independencia contra los franceses, explican cómo los soldados atrapados en terreno inhóspito (marismas con crecidas sorpresivas de la marea, en donde es imposible cultivar o construir, por ejemplo), se vieron obligados a subsistir gracias a las propiedades de estas algas. “La calidad de estas microalgas reside en las aguas gaditanas, de ahí su frescura y sus nutrientes”, cuenta Consuelo. “Las particularidades de los esteros, con condiciones muy estables, afectan al sabor y a su crecimiento, que sería completamente diferente en mar abierto”, sostiene.

De tal manera que esta iniciativa, que ganó el Accesit al programa de emprendimiento Átrevete de la Consejería de Innovación de la Junta de Andalucía cuando sólo era un proyecto en papel, no sólo es rentable económicamente , sino una práctica sostenible y beneficiosa para el medio natural en el que se desarrolla. “Algunas de las algas que comercializamos como la aonori y la ogononi, son únicas. Otras, como el espárrago de mar, han sido comercializadas tradicionalmente en conserva o germinadas. Nosotras las ofrecemos frescas”.

“Al parecer la marca España vende mucho menos que la marca Andalucía”

Suralgae ya se está haciendo mayor y poco a poco ha ido consiguiendo distribuidores fuertes que reparten sus productos por toda España, sobre todo por Cataluña y País Vasco. La internacionalización va poco a poco, pero valiéndose de sinergias con otros emprendedores, sus algas ya han llegado a tiendas especializadas en Francia, Alemania, Portugal e Italia: “En Londres lo vendemos en una tienda de productos de aquí, en Alemania una chica que vive en Cádiz ha impulsado una tienda online de productos andaluces para alemanes. Parece ser que la marca España vende mucho menos que la marca Andalucía”, sostiene Guerra.

Las claves de su éxito son el trato directo y personal con los clientes que valoran enormemente el proceso de manufactura artesanal y un producto natural y autóctono de una zona muy concreta con particularidades ambientales únicas: “Vendemos en tiendas, a restaurantes y nuestra lista de clientes va creciendo. Creo que confían en nosotras por nuestro trato. Entre ellos, podemos destacar por ejemplo, el famoso restaurante japonés Kabuki, con sedes en Madrid y Marbella, o A Fuego Negro de Gazteiz”, añade. “No olvidamos a los restauradores locales y más cercanos, que han sido nuestros primeros clientes y con los que seguimos trabajando, como el Grupo El Faro, de Cádiz”, concluye.

Su trabajo diario es una mezcla entre comercializar productos y no parar de investigar. Según Consuelo, “cuando empezamos había una tesis universitaria previa sobre las algas de Cádiz, nosotros hemos ido desarrollando productos como los picos con algas, la mayonesa, la ventresca con verdura de mar. Uno de los más nuevos es la sal de algas y el pan canto de sirena”, cuenta. “Siempre buscamos variedad de productos en salazones, deshidratados, conservas. Por ejemplo, ¿te imaginas aceitunas rellenas de algas?, croquetas, buñuelos...”, apostilla.

Han crecido mucho, pero aún les queda mucho camino: “Nosotras todavía miramos lo que ha pasado como por una mirilla, sin creer que esto sigue adelante, pero dándonos cuenta que hay mucho futuro por delante. Años después seguimos siendo emprendedoras y trabajadoras, aún no somos empresarias. Los empresarios son gente como Amancio Ortega, que lleva el control de sus cuentas. Nosotros trabajamos en todo el proceso”. Y día a día, cuatro chicas “enfangadas hasta las cejas”, construyen la historia de un recurso alimenticio desperdiciado y denostado antaño, pero que hoy se erige como una de las oportunidades de futuro más esperanzadoras para una provincia como Cádiz en la que la marisma es la protagonista indiscutible de su paisaje y la forma de vida de sus habitantes. “Una vez vinieron unos coreanos a visitarnos y se sorprendieron del producto que teníamos. Para ellos, aquello era un manjar”, afirma Consuelo Guerra entre bromas, pero sabiendo que ha dado con la tecla exacta para combinar su pasión por el mar y la gastronomía.

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