Rafael Riqueni: “Estaba hundido en la tierra, y la guitarra me ayudó a salir”

El guitarrista Riqueni /Foto: M. Naranjo

“Un poco nervioso, preocupado por la responsabilidad, lo normal. Pero también con una ilusión tremenda: es Sevilla, mi tierra, con muchos aficionados que tienen ganas de escuchar los temas nuevos, y yo las tengo también de brindárselos”. Así se encontraba este martes Rafael Riqueni en la víspera de su concierto en el teatro Lope de Vega de la capital hispalense, donde estrenará su nuevo disco, Herencia, que no verá la luz hasta febrero. Un tributo a los grandes maestros de la guitarra flamenca en el que el sevillano vuelve a confirmarse como un concertista consumado.  

Riqueni sabe que en el patio de butacas no solo habrá seguidores entregados, sino también compañeros suyos muy atentos a todos sus movimientos. Algo que ponía nervioso al mismísimo Paco de Lucía, pero que a él le estimula también: “Los guitarristas son los que conocen mejor el percal, y valoran lo que haces. Tienen las dos caras de la moneda, son el público más exigente y al mismo tiempo el primero que sabe reconocer cuando aciertas”.

En cuanto a la idea de hacer un álbum donde homenajear a los grandes que le precedieron, Riqueni asevera que “el flamenco es gratitud. No hay más que ver cuando hay un acto benéfico, somos una piña. Estamos ahí con las personas que nos han aportado algo y en algún momento pueden pasarlo mal. En este caso, se trata de un agradecimiento al legado que nos han dejado los guitarristas de las generaciones anteriores”.

La huella de los grandes

La memoria de Riqueni echa a volar. Empezando por Paco: “Tuve la suerte de ser un poco su amigo. Lo conocí en Huelva, en un homenaje a Manolo de Huelva, yo estaba haciendo un trémolo de él y me llevó a un sitio apartado para que lo aprendiera mejor. Fue un gran detalle, un recuerdo muy bonito”. Sobre Enrique de Melchor, afirma también que “hemos sido íntimos amigos. Una pérdida que para mí fue muy dolorosa. Cuando el boom de las sevillanas, grabamos para Hispavox y nos veíamos todas las semanas; estábamos mucho tiempo juntos”.

Otro maestro fundamental: Manolo Sanlúcar. “A Manolo le agradezco mucho la disciplina de estudiar, de trabajar las escalas, de dedicarle tiempo a la guitarra. Todo eso lo aprendí de Manolo Sanlúcar. Yo era muy pequeño y tuve la suerte de tenerlo a mi lado”, recuerda. O Enrique Morente: “Fueron 15 años de guitarrista con Enrique, compartí muchas cosas con él. Y a Pepe Habichuela, a quien también homenajeo en el disco. Me inspira mucho respeto, fue una de las guitarras más importantes de este país, por su sonido, su flamencura. Nos íbamos de vez en cuando con Enrique de copas, nos divertíamos toda la noche”.  

Otro guiño es para Tomatito. “Éramos muy jóvenes cuando coincidimos en un festival en Málaga, donde le tocaba a Camarón. ‘Hay un chaval en Málaga que no veas cómo toca’. Yo tenía muchas ganas de conocerlo, entro por los camerinos, escucho una guitarra y me meto sin pensarlo. Y ahí estaba él. ‘Tú eres Riqueni, ¿no? Me han hablado mucho de ti’. Nos seguíamos la pista mutuamente”, ríe el sevillano.

Profeta en su tierra

Riqueni también ha querido acordarse de un talento injustamente olvidado en nuestros tiempos, Serranito. “Lo conocí en el Café de Chinitas, cuando tocaba como concertista, y luego hemos tenido una amistad de alumno a maestro muy bonita en Madrid. Un virtuoso grandísimo”. Y entre tantos guitarristas, un bailaor, Mario Maya: “Tuve muy buena relación con él, la mantuvimos hasta que se hizo un poco mayor. Antes fui guitarrista suyo, estuve acompañándolo dos años por toda Europa. Hacíamos muchos chistes, tenía un puntillo de humor muy suyo”, comenta.

Sus años madrileños los recuerda con cierta melancolía. “Me acuerdo de personas que desgraciadamente ya no están y que han sido buenos amigos. Y recuerdo cómo vivía cuando era joven, me viene todo eso cuando vuelvo por esas calles. Ha sido mi segunda madre, aquello pasó y ahora estoy por fin en mi tierra, ¡qué alegría más grande!, disfrutando de mi familia, de mi madre, de mi hijo…”

Ahora, Riqueni es para muchos quien mejor ha cantado a las seis cuerdas a la capital del Guadalquivir. “El público tendrá que decirlo, pero yo creo que siempre ha habido muy buenos guitarristas. Ahí está Manolo Franco. Son cosas que no me corresponde a mí decirlas. Pero me da mucha alegría ser profeta en mi tierra, y estar perfectamente recuperado para dar lo mejor de mí”.

Brillante porvenir

“Yo le auguro un porvenir brillante a la guitarra flamenca”, dice del momento actual, mientras asegura que tiene la misma ilusión de cuando era niño. “Todo cambió cuando salió Fuente y caudal de Paco, cómo nos cautivó a todos, y después a través de ese disco vinieron los demás guitarristas maravillosos de este país. Había amigos que me traían música brasileña, de todos lados, y aunque era muy pequeño me empapaba de todo aquello, era muy feliz”.

Después de acompañar a grandes del cante como Carmen Linares o Enrique Morente, Riqueni ha decidido ser guitarra de concierto, pero no le cierra las puertas a nada ni a nadie “Para mí es un milagro caído del cielo seguir aquí, estoy centrado en la guitarra sola, pero estoy abierto a todos los cantaores, porque el cante es algo que me mueve mucho. Estoy dispuesto a tocar con todos mis compañeros”, añade con entusiasmo.  

Atrás quedan muchos malos momentos que, seguramente, han contribuido a que Rafael Riqueni sea hoy quien es. Una suerte de ave fénix que algunos dieron por perdido en los largos años que estuvo apartado de los escenarios, pero que cuya vuelta se celebra ahora de forma unánime. “Yo estaba hundido en la tierra, viéndolo todo grisáceo y negro en muchas ocasiones. Ha sido una especie de milagro, como digo. La guitarra ha ayudado mucho, la gente que he tenido cerca, y poco a poco yo he ido poniendo también de mi parte para estar mejor”, apostilla.   

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