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El intento fallido de modernizar la política: la deliberación se atasca en Madrid

Estamos tan acostumbrados a que los gobiernos entrantes deshagan lo hecho por los gobiernos salientes que en España nadie se asusta ya por estas cosas

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En marzo del 2019, el Ayuntamiento de Madrid puso en marcha el Observatorio de la Ciudad (OC en adelante). En ese momento, era el primero y único órgano ciudadano permanente en el mundo, cuyos miembros eran elegidos por sorteo. Tenía como objetivo auditar las políticas municipales y proponer al gobierno medidas e incluso consultas populares sobre acciones concretas en la ciudad madrileña. La participación era voluntaria, pero como ocurre de forma habitual ya en muchos otros lugares del mundo, había una selección de los participantes mediante un sorteo previo. Internamente, el OC funcionaba deliberativamente, es decir, los participantes sorteados eran expuestos a información variada sobre los asuntos que trataban, bien mediante informes, bien mediante expertos y, a continuación, con la ayuda de unos facilitadores, debatían y decidían. Se trataba de poner en el centro del debate político los problemas y la mejor manera de solucionarlos a partir de información cualificada.

El OC fue puesto en marcha por los dos partidos que ostentaban el gobierno municipal en marzo del 2019 (Ahora Madrid y PSOE). Ocho meses después, y unas elecciones mediante, la portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento, responsable ahora del Área de Participación en el Ayuntamiento, ha iniciado el desmantelamiento de la experiencia, tal y como estaba. Propone volver a sus orígenes y darle las funciones de transparencia que tenía, valorar y evaluar el funcionamiento interno del Ayuntamiento. Aunque en el nuevo Observatorio ya no habrá ciudadanos, sino solo técnicos.

No es que se pueda hablar mal del intento de crear un órgano destinado a velar por el funcionamiento adecuado del Ayuntamiento. Pero resulta curiosa la forma de eliminar una de las innovaciones democráticas más presentes a dia de hoy en el mundo. Por poner un ejemplo, cercano geográficamente y políticamente a C’s. Macron, el presidente de Francia, acaba de inaugurar a finales de septiembre una convención ciudadana nacional, conformada por 150 personas elegidas por sorteo, para debatir durante seis fines de semana sobre las políticas y las medidas que serán necesarias adoptar para hacer frente al cambio climático en el país. En el Reino Unido acaban de iniciar una convención ciudadana similar.

Estamos tan acostumbrados a que los gobiernos entrantes deshagan lo hecho por los gobiernos salientes que en España nadie se asusta ya por estas cosas. Sin embargo, es curioso que un partido liberal no se haya parado a pensar lo que está haciendo, más allá de hacer lo contrario de lo que hacen sus archienemigos políticos progresistas. En medio de la crisis política más honda que recordamos en las democracias liberales, los políticos fuera de España empiezan a crear órganos compuestos de ciudadanos elegidos por sorteo para que ellos, no los técnicos, debatan los problemas públicos. Y lo hacen tanto a escala local, como estatal. Y no precisamente es realizado por fuerzas de extrema izquierda, sino en muchas ocasiones por partidos liberales con los que Ciudadanos se sienta en el Parlamento Europeo en el grupo Renew Europe, donde está el partido de Macron o el partido que gobierna en Irlanda y que ha impulsado varias convenciones ciudadanas similares en el país.

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Las funciones de casi todos estos órganos sorteados son las de debatir un problema especifico a sugerencia del gobierno, con el objeto de proponer medidas concretas de acción política.  Esto lleva el debate fuera de los círculos de los partidos y, con ello, fuera de las presiones y negociaciones habituales entre ellos. Es precisamente por eso por lo que estos órganos deliberativos sorteados están proliferando en el mundo, porque cuentan con una aceptación ciudadana elevada y llevan el debate político a un escenario más sereno. Se trata de valorar las distintas opciones existentes en torno a un problema, a partir de información cualificada, ofrecida en la mayoría de los casos, por diferentes científicos o técnicos. Cambia por completo la lógica política que ha hecho que la desconfianza de los ciudadanos se haya multiplicado en los últimos años.

Así, en Irlanda, en el 2018, 99 ciudadanos elegidos por sorteo sugirieron al gobierno la realización de un referéndum para modificar la ley de aborto que tenían y que ningún partido se atrevía a tocar. En el Estado de British Columbia en Canadá, hace más de diez años, un órgano deliberativo propuso una reforma electoral. Y lo que va a hacer Macron es abordar el dificilísimo problema que viene con el cambio climático en Francia, y que nadie quiere tratar a fondo por los cambios que va a requerir afrontarlo. Esto tendrá lugar, eso sí, considerando la información científica disponible y las distintas opciones racionales, con una participación directa de la ciudadanía. Es un instrumento deliberativo que ha sido ampliamente validado por muchos expertos. Ofrece transparencia en la información, diálogo entre la ciencia y la gente, asi como decisiones pensadas racionalmente a partir de diferentes opciones. También estos órganos tienen fallos y elementos que pueden mejorar, pero lo que importa es la lógica política que ofrecen y la capacidad que tienen para mejorar.

La posición de Ciudadanos, que va a cambiar el órgano deliberativo ciudadano por un espacio en el que solo habrá técnicos, no presta atención al desarrollo sostenido que han tenido en Europa los mecanismos deliberativos y su capacidad para introducir un aire renovado en la política. Se pierde una oportunidad única para situar Madrid en la vanguardia de la innovación democrática. Este lugar se lo ha birlado el Parlamento regional de la zona alemana de Bélgica. En un acto, inusual aquí en el sur, todos los partidos representados en el Parlamento crearon en verano del 2019 un órgano ciudadano permanente similar al que Ciudadanos quiere eliminar en Madrid y con funciones semejantes.

En España parece casi ciencia ficción darle a la ciudadanía voz y presencia pública en los debates políticos. Como también parece ciencia ficción reformular el debate político de forma más serena y racional. Pero si en algo estimamos la democracia, no hay mejor camino que hacer girar los asuntos públicos sobre el debate bien informado y abierto que proponen estos mecanismos basados en el sorteo.

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