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El pueblo de Málaga que se quedó sin acuífero por el AVE deja de recibir agua de ADIF: “Nos tienen que ayudar”

El AVE, a su paso por la sierra.

Néstor Cenizo

Málaga —
4 de julio de 2026 22:10 h

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El miércoles pasado fue el primero en casi veinte años en que Valle de Abdalajís no recibió ni un solo litro de agua en cubas. Cuatro camiones cisterna pagados por ADIF acarreaban 25.000 litros a través de sinuosas carreteras desde Antequera varias veces al día desde 2007. Cada jornada llegaban 450.000 litros de agua, y los vecinos de este pequeño pueblo malagueño, poco más de 2.400 habitantes, acudían con sus garrafas y se ponían en la cola, pacientes, para recibir su aportación. Así, todos los días, menos un par de ocasiones en que ADIF amenazó con cortar el grifo. Fue tal el escándalo que la Justicia le ordenó que siguiera haciéndolo.

ADIF estaba obligada porque en 2005 perforó el acuífero que explicaba el histórico sobrenombre del pueblo: la Villa de los Manantiales. Aquel 23 de marzo la tuneladora que horadaba la Sierra de Abdalajís para llevar las vías del AVE a la capital de la Costa del Sol se topó con la pared caliza de la inmensa balsa de agua, y aquello se desangró a toda velocidad dejando herido de muerte al pueblo, que ya para siempre tendrá que procurarse el agua que antes le llegaba en caída libre.

Ya no será ADIF quien se la proporcione. El Tribunal Supremo confirmó el pasado 22 de abril la sentencia que dictó la Audiencia Nacional el año pasado: el convenio de 2007 entre el pueblo y la empresa pública ya no rige. “ADIF ya no tiene ningún compromiso para abastecer de agua al municipio”, resume la alcaldesa, Virginia Romero (PP): “Nos tenemos que apañar con los recursos que nos han quedado”.

Sin alternativa estable tras veinte años de camiones

Desde el miércoles, se acabaron las garrafas. Afortunadamente este año ha llovido mucho, dice la regidora, y si nada falla, no habrá que aplicar restricciones en verano. Pero el pueblo vive ya en la incertidumbre. La alcaldesa insiste en que, ahora con más razón, el consumo debe ser responsable: “Garantía no puedo dar, porque puede fallar cualquier cosa. Pero en principio, en condiciones normales, haciendo un uso responsable, los pozos ahora mismo están en niveles que parece que podemos aguantar y pasar bien el verano”. Después, quién sabe.

El fin del suministro llega sin que el pueblo disponga de una alternativa estable que garantice el abastecimiento, aunque en teoría iba a acelerar la búsqueda después del varapalo judicial del año pasado. Romero dice que todo va muy lento.

En estas dos décadas ADIF ha pagado el transporte de unos 3.280 millones de litros de agua y otras infraestructuras adicionales, con un coste estimado en su día en unos 40 millones de euros, pero no ha tendido una tubería que canalice el aporte directo. “Se ha hecho un gasto enorme con el que hubiese podido hacerse una tubería e infraestructuras para tener solución definitiva, con menos dinero y tiempo”, lamenta Romero.

La alcaldesa ha lanzado una llamada de auxilio a las demás administraciones. A principios de junio envió sendas cartas a la Diputación de Málaga, Junta de Andalucía, Subdelegación del Gobierno y ADIF. “Les pedí que recapacitaran sobre la situación tan delicada en que queda el municipio. Han hecho mucha inversión, pero el daño no se ha reparado”.

Desacuerdo institucional y bronca política

Por ahora, el pueblo se abastece de los pozos para rellenar los depósitos, pero no es la solución idónea. En primer lugar, porque la abundancia de este año es excepcional. Y, también, por razones técnicas. “Dependemos de un manantial, pero el abastecimiento lo dan varios depósitos en cadena: si se quema la bomba falla todo el sistema”, advierte José Romero, antiguo alcalde (IU) y miembro de la Mesa del Agua.

Romero, impulsor decisivo en las movilizaciones del pueblo tras la rotura del acuífero, también lamenta que en todo este tiempo las administraciones no hayan ofrecido una alternativa permanente al trasiego de camiones. “Yo obtuve luz verde de Aguas el Torcal [la empresa pública de agua de la comarca] para conectarnos a Antequera si ADIF ponía la tubería. Pero ADIF dijo que no, porque le salía más barato darnos agua del túnel”, explica el exalcalde. Y el agua del túnel no podía ser, porque la Junta de Andalucía no lo autorizaba por motivos sanitarios. La actual alcaldesa vuelve a descartar esa opción: “No es apta para consumo humano”.

Nadie parece hacerse cargo del problema. La empresa pública se remite a la sentencia, y no da más explicaciones. Subdelegación explica que el abastecimiento no es competencia del Gobierno, y apunta a la Diputación Provincial, que tiene asignadas las competencias de asistencia técnica, coordinación y puede incluso asumir la gestión directa del abastecimiento en pequeños municipios. Este medio ha preguntado a la Junta de Andalucía, con competencias en materia hidráulica, y a la Diputación, si están abordando actuaciones concretas para garantizar un abastecimiento estable. No ha habido respuesta.

El asunto tiene mimbres para derivar en una bronca política. El PP de Málaga ha acusado al Gobierno de “cortar el grifo” del agua y luego “lavarse las manos” por la falta de respuesta de ADIF y la Subdelegación, que remitió un correo a la alcaldesa el miércoles, según ha podido comprobar este medio. El PP subraya que “el problema fue creado en 2005, durante el gobierno de Rodríguez Zapatero” y que después la Junta socialista frenó dos captaciones por motivos ambientales. Pero el problema no tiene su origen el día en que se perforó el acuífero, sino cuando se decidió que el AVE pasara por allí pese a las advertencias técnicas. El trazado fue decidido en época del gobierno de José María Aznar.

Un riesgo previsto y asumido por el AVE

Verse sin agua no solo ha condicionado la vida diaria de los vallesteros. Desde 2007, el pueblo ha perdido el 18% de su población, 1 de cada cinco vecinos. Otros municipios con los que comparte cercanía al potente polo turístico de El Caminito del Rey han crecido en el mismo periodo, en el caso de Álora, o han descendido muy ligeramente, como Ardales. La alcaldesa está convencida de que la imagen de las cubas, el trasiego de camiones por la sinuosa carretera de acceso y lo que eso implica (daño al firme, riesgo de accidentes) les ha castigado.

José Romero cree que el pueblo es la víctima de una desgracia prevista por todos a la que se decidió sacrificar para que la capital de la Costa del Sol tuviera AVE cuanto antes. “Lo sabían, pero no vinieron con la verdad por delante”. En mitad de las protestas, él mismo localizó en el archivo del Palacio de la Aduana el estudio de impacto ambiental de 1999, que alerta de que la “compleja estructura” de esa sierra explica que haya en ella numerosos sistemas “con una conexión hidrogeológica problemática”. El riesgo de afección era “severo”.

Los ingenieros hicieron que el túnel discurriera evitando cruzar los bloques calcáreos jurásicos a lo largo de sus 7.730 metros de largo, a excepción de en la zona central, justo donde Valle de Abdalajís tenía su sondeo para abastecimiento, a entre 70 y 140 metros sobre la rasante: “Para la realización del túnel será necesario drenar el acuífero con los consiguientes impactos. Se propone la restitución del abastecimiento a Valle de Abdalajís mientras duren las obras y la impermeabilización total del túnel”, se advertía en el documento.

Un túnel anegado

La rotura ocurrió, y aquello desaguó tanto que el Consejo de Ministros tuvo que autorizar en 2006 un gasto extra de 42,6 millones para revestir este tramo y hacerlo impermeable a las filtraciones. No fue para siempre. Ante la evidencia de las filtraciones, ADIF adjudicó en 2023 un contrato para revisar su estanqueidad, cuyas conclusiones este medio ha solicitado por Transparencia. La respuesta es que no se pueden entregar por motivos de “seguridad pública”. El pasado verano, el túnel de la vía 1 quedó anegado, obligando a ADIF a acometer obras de urgencia que duraron ocho meses y redirigir todo el tráfico por la vía 2 durante ese tiempo.

En realidad, todo el tramo acabó convertido en una montaña rusa que a duras penas sujeta las fuerzas naturales. Tras el túnel viene el descomunal viaducto del Arroyo de las Piedras, uno de los más altos de la red ferroviaria española (93,5 metros) y el primero de tablero mixto (acero y hormigón): más de 1,2 kilómetros para salvar el desnivel de la salida sur del túnel. Después, el talud de Álora que cayó sobre las vías el pasado febrero, obligando a cortar el tramo e interrumpir la conexión ferroviaria directa de Málaga durante tres meses.

Casi 30 años después, el riesgo severo del que advertían los ingenieros se ha materializado, y aboca al pueblo a buscar el agua que hasta que llegó el AVE parecía tener por castigo. “El agua es la vida de un pueblo”, protesta Virginia Romero: “Esto es un pueblo pequeño. No tenemos medios técnicos o humanos para buscar una solución definitiva. Nos tienen que ayudar”.

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